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La escalada entre Israel e Irán exhibe la fragilidad de otro alto el fuego precario de Trump con las negociaciones en el aire

Víctor Honorato

8 de junio de 2026 21:58 h

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El presidente de EEUU ha tenido que hacer horas extra en Washington en los últimos dos días para evitar que la temblorosa tregua que mantiene con Irán se vaya a pique. La respuesta iraní en forma de misiles balísticos sobre Israel a los constantes ataques del Ejército israelí en Líbano, que mataron el domingo a dos personas al sur de Beirut, desembocó en que Tel Aviv lanzase nuevos bombardeos sobre Irán. Solo la intervención activa de Donald Trump, quien inició la guerra y ahora no sabe cómo detenerla, ha permitido que la escalada se descontrolase.

“Tienen que parar de 'disparar' inmediatamente”, clamó el mandatario en su red, Truth, cuando en Washington aún no había amanecido, apelando tanto a iraníes como israelíes. Ambos contendientes accedieron a lo largo de la mañana del lunes a cesar las hostilidades sin bajar un ápice la retórica guerrera. El episodio muestra que la situación sigue siendo muy volátil y el inminente fin de la guerra que el Gobierno estadounidense viene anunciando desde hace semanas puede alejarse.

Irán lanzó el domingo varias oleadas de misiles contra Israel como represalia por los ataques contra los suburbios de Beirut, capital del Líbano. Israel replicó con bombardeos sobre varios puntos del país persa, entre ellos Teherán, Isfahán y Tabriz. El Ejército israelí afirmaba al tiempo que estaba preparado para al menos varios días de combates con Irán o para una campaña prolongada como la que dio inicio a la guerra, el 28 de febrero.

La urgencia de Trump por lograr un acuerdo que devuelva la normalidad al mercado del petróleo, en máxima tensión por el cierre del estrecho de Ormuz, choca con su aliado israelí, frustrado porque la guerra que ansiaba no ha conseguido debilitar como esperaba a su gran enemigo regional. Trump dedicó buena parte de la semana pasada a enviar mensajes privados y públicos al primer ministro israelí advirtiéndole de no torpedear el eventual acuerdo con Irán. “No tiene otra opción”, declaró al Financial Times. “Yo tomo las decisiones. Él (Netanyahu) no toma las decisiones”, insistió.

Pero Irán recalca ahora en las negociaciones en que no cabe un acuerdo que excluya la situación de Líbano. Israel volvió a invadir el país vecino el mes pasado con el objetivo de combatir a la milicia chií de Hizbulá, aliada de Irán, y viene ordenando evacuar a la población civil de áreas del sur cada vez más extensas, ante una resistencia más fiera de lo calculado. Los bombardeos de los suburbios de Beirut el domingo acabaron por desencadenar la escalada, detenida in extremis al día siguiente.

Las dudas de Trump con Israel

El experto en relaciones internacionales Trita Parsi, del Quincy Institute for Responsible Statecraft, un think tank estadounidense, señala en un análisis de la situación que, desde la perspectiva de Teherán, “un acuerdo con Washington tiene poco valor si EEUU no puede —o no quiere— frenar las acciones israelíes”. “Un Israel sin restricciones solo aumentaría la probabilidad de un nuevo conflicto y de continuos intentos por volver a involucrar a EEUU en la guerra”, advierte.

Al mismo tiempo, continúa Parsi, “Trump parece reacio a invertir el capital político necesario para controlar a Netanyahu —más allá de llamadas telefónicas airadas y declaraciones públicas contundentes— a menos que tenga la certeza de contar con un acuerdo con Irán [...] Trump está dispuesto a contener a Israel para preservar un acuerdo, pero no para obtenerlo”.

“Los comentaristas israelíes han dejado claro que Israel no podía permitir que Irán estableciera un nuevo equilibrio regional en el que Teherán lograra extender su poder de disuasión sobre el Líbano. Pero al desafiar a Trump, Israel no solo ha puesto en tela de juicio el nuevo equilibrio de Irán, sino que también ha socavado la credibilidad de Trump. Ahora la pelota está de nuevo en el campo de Teherán y de Trump. Si el desafío de Israel no tiene consecuencias, reforzará la opinión en Irán de que Trump no puede o no quiere frenar a Israel”, señala el analista.

Netanyahu cede “de momento”

“Si desea preservar la posibilidad de un acuerdo diplomático con Irán, probablemente necesitará presionar a Israel para que detenga su campaña militar”, escribía, por su parte, el analista del Atlantic Council Danny Citrinowicz. “De lo contrario, Irán, que busca establecer una nueva ecuación de disuasión en la región, se sentirá obligado a responder a cada ataque israelí. Tal respuesta no vendría necesariamente solo de Irán, sino que también podría involucrar a sus socios y terminales regionales”, advertía.

Con este telón de fondo, el presidente estadounidense acabó forzando la mano al primer ministro israelí tras una nueva conversación telefónica. Netanyahu compareció por la tarde para explicar que la campaña contra Irán llegaba a su fin, “de momento”. “Si vuelven a cometer un error y atacan de nuevo, responderemos con dureza”, amenazó, tras insistir en que no podía aceptar que Irán “tratase de imponer una nueva ecuación”.

Irán había dado por completados horas antes sus “ataques de respuesta”. El presidente del Parlamento iraní y uno de los principales negociadores del país, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó que mientras EEUU e Israel “carezcan de la voluntad genuina de generar confianza”, la respuesta de Teherán sería la misma. También el lunes y en línea con lo que planteaba Citrinowicz, los rebeldes hutíes de Yemen anunciaron un bloqueo a Israel en el mar Rojo, en sincronía con sus aliados en Irán.

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó, por su parte, que esta estrategia dual seguirá en pie. “La diplomacia y la defensa son las dos alas del poder nacional; no hemos abandonado ni el campo de batalla ni la mesa de negociaciones”, escribió en X.

Treguas que no lo son

El país que encabeza el esfuerzo mediador entre los contendientes, Pakistán, reclamó contención a las partes. “Especialmente cuando el objetivo final está a punto de alcanzarse”, pidió el primer ministro, Shehbaz Sharif. El Soufan Center, en un informe que recapitula los avances en la negociación entre EEUU e Irán, señaló que, respecto de la cuestión de las reservas de uranio enriquecido del régimen persa, Trump parece abrirse ahora a que no sea el propio EEUU quien reciba el material nuclear para inutilizarlo. El Organismo Internacional de Energía Atómica ya había constatado las dificultades técnicas que entrañaría tal operación.

La situación es volátil e ilustra una vez más la escasa capacidad del mandatario estadounidense por imponer treguas efectivas en los frentes que tiene abiertos. En Gaza son ya más de 900 los fallecidos por los continuos bombardeos israelíes que se han venido sucediendo desde el que supuestamente entró en vigor en octubre. Y no hay fecha prevista para el comienzo de la segunda fase del plan de paz entre Hamás e Israel, anunciado con gran boato en una conferencia internacional al margen —aunque con la aquiescencia— de la ONU.

Y en Líbano también se viene produciendo una sucesión de altos el fuego que en realidad no lo son. El último, la semana pasada, entre Israel y el Gobierno de Líbano, que se reveló inmediatamente ineficaz al no incluir en la negociación a Hizbulá, principal antagonista del Gobierno de Netanyahu en el país. Mientras tanto, la sangría de muertos y heridos continúa. El ministro de Defensa libanés, Michel Menassa, señaló el lunes que Israel ha bombardeado el país casi 3.500 veces desde el 16 de abril, fecha del anterior alto el fuego.

Aquella tregua virtual había sido impuesta por Trump ante el escepticismo internacional. Han muerto desde entonces en el país 3.526 personas, según las cifras publicadas el lunes por la oficina del primer ministro, Nawaf Salam.