ANÁLISIS
El falso “efecto llamada”: la paradoja de las críticas de Marruecos y países europeos a España por la regularización de migrantes
Son muchos los países que cuentan con población extranjera en situación administrativa irregular dentro de su territorio. La razón es sencilla: en los países de destino de la migración existe un enorme desfase entre la elevada demanda de mano de obra y las muy limitadas vías legales para la migración. Los problemas para cubrir las necesidades de mano de obra tienen un carácter estructural. El envejecimiento de la población autóctona y la difícil cobertura de determinados empleos con trabajadores locales son las principales causas.
Complica la ecuación el escaso uso de mecanismos legales de acceso, residencia y trabajo para personas extranjeras. Las políticas migratorias restrictivas impulsadas por gobiernos temerosos a perder las próximas elecciones y una opinión pública cada vez más contraria a la inmigración dibujan un contexto que dificulta abrir vías legales para la migración. Además, las deportaciones de inmigrantes en situación irregular a sus países de origen (o a terceros países como propone la UE) son jurídica, ética y políticamente muy problemáticas. En términos operativos tampoco son sencillas, puesto que es necesario contar con un país que acepte a las personas deportadas. Esto suele ser una tarea muy compleja y una fuente de tensiones. Además, las normas y convenios internacionales sobre asilo y refugio prohíben expulsar a personas a países no seguros, así como las expulsiones colectivas.
La narrativa falsa del “efecto llamada”
Con la crisis de Ceuta hemos visto una campaña política y mediática que relacionaba la entrada de decenas de miles de personas con la regularización extraordinaria de migrantes llevada a cabo por el Gobierno de España. Lo cierto es que la intensidad, recorrido y destino de los flujos migratorios responde a un conjunto amplio de factores.
Explicar la migración únicamente atendiendo a un factor de atracción (la concesión de permisos temporales de residencia y trabajo en España) es una forma sesgada y simplista de interpretar la realidad
Las explicaciones tradicionales sobre la migración distinguen entre los factores de expulsión (factores negativos en origen, que empujan a las personas a migrar) y factores de atracción (factores positivos en destino, que atraen a los migrantes). También deben considerarse los factores de agencia de los migrantes, como son sus preferencias personales, contactos, recursos económicos, cualificación, aspiraciones y expectativas. No menos importantes son los factores estructurales: el orden económico internacional configurado con un centro que extrae mano de obra a bajo coste procedente de las periferias, los vínculos basados en la herencia colonial y la división internacional del trabajo.
Por tanto, explicar la migración únicamente atendiendo a un factor de atracción (la concesión de permisos temporales de residencia y trabajo en España) es una forma sesgada y simplista de interpretar la realidad. Esto es exactamente lo que hace la muy extendida narrativa del “efecto llamada”. Es una narrativa parcial y errónea porque escoge un factor, lo sobredimensiona e ignora el resto de los factores. También es falsa. Los datos son claros: ningún estudio científico ha podido demostrar una correlación positiva entre las regularizaciones extraordinarias y el aumento de la inmigración. En todos los casos estudiados (por ejemplo, las regularizaciones de España e Italia) tras la aprobación de las regularizaciones, la inmigración continuó con tendencias similares sin experimentar incrementos abruptos.
Marruecos se une a las críticas
Algo particular de la regularización extraordinaria de 2026 es la intensa campaña política y mediática en contra que se ha articulado a nivel global. Todos los líderes de la UE, salvo Francia, Portugal, Irlanda y Luxemburgo, firmaron una carta que señalaba directamente a la regularización extraordinaria como factor de atracción de la inmigración irregular, culpando a España de lo sucedido por su política migratoria. Esta carta ha sido interpretada por muchos como una muestra de la insolidaridad europea, que contrasta con el apoyo europeo brindado a Grecia en 2020 (cuando Turquía usó los flujos migratorios dejando entrar a miles de migrantes y refugiados) o a Polonia en 2021 (tras la instrumentalización de la migración practicada por Bielorrusia). No se responsabilizó a Grecia o a Polonia por las crisis fronterizas, sino a Bielorrusia y a Turquía. En cualquier caso, lo más paradójico es que muchos de los países firmantes de la carta también han llevado a cabo regularizaciones extraordinarias en los últimos años.
Marruecos llevó a cabo dos regularizaciones extraordinarias de migrantes en 2014 y 2017, respectivamente. El objetivo era regularizar la situación administrativa de miles de inmigrantes procedentes de los países de África Subsahariana
Rabat se ha sumado a estas críticas, afirmando que frenan la migración para que después España la fomente con las regularizaciones. Conviene recordar que Marruecos en 2011 lanzó la llamada Nueva Política Migratoria, con la que redefinió su política migratoria presentándose ante el mundo no solo como un país de origen y tránsito de la migración, sino también como un país de destino de la migración. Se habló entonces de un abordaje integral del fenómeno migratorio.
Además, Marruecos llevó a cabo dos regularizaciones extraordinarias de migrantes en 2014 y 2017, respectivamente. El objetivo era regularizar la situación administrativa de miles de inmigrantes procedentes de los países de África Subsahariana. Dentro de Marruecos, los sectores más radicalizados apuntaron al “efecto llamada” de las regularizaciones, agitando el miedo a una supuesta invasión subsahariana e incluso a una sustitución demográfica. Por ello, es muy sorprendente la crítica del país vecino a España por las regularizaciones, porque se asume la errónea tesis del “efecto llamada” y se abandona por completo el abordaje integral de la migración formulado en 2011.
La regularización como instrumento de política pública
Es cierto que las regularizaciones extraordinarias no son el instrumento de política pública más adecuado. Ponen de manifiesto el fracaso de las políticas de migración y extranjería. Corrigen una irregularidad previamente creada por el régimen migratorio. Por ello, son más deseables instrumentos ordinarios de gestión de la migración, con figuras administrativas más accesibles para la entrada y residencia de trabajadores extranjeros. Un buen ejemplo es el de las contrataciones en origen mediante el Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura. En términos de planificación pública y seguridad jurídica, es más apropiado diseñar políticas públicas sobre migración predecibles y basadas en evidencias, que consideren la complejidad del fenómeno y aborden los factores políticos, demográficos, económicos y laborales.
Nuestra política migratoria seguirá siendo incapaz de gobernar las migraciones si los discursos y la práctica administrativa abordan este fenómeno desde el paradigma de la excepcionalidad y la emergencia
Ahora bien, las regularizaciones extraordinarias sirven para reconocer la realidad migratoria de un país. Es la única medida posible cuando no se utilizan los instrumentos ordinarios de regularización administrativa de la población extranjera. Por un lado, reconocen los derechos y dignifican la vida de las personas extranjeras. Lo contrario es incompatible con el principio de igualdad. Por otro, corrigen de forma acelerada el desajuste señalado entre la mano de obra y los canales legales para la migración.
Las migraciones son un fenómeno ordinario y cotidiano que, con toda seguridad, va a seguir existiendo. Por ello, lo razonable es utilizar herramientas ordinarias. Nuestra política migratoria seguirá siendo incapaz de gobernar las migraciones si los discursos y la práctica administrativa abordan este fenómeno desde el paradigma de la excepcionalidad y la emergencia. Cuestión distinta son las crisis fronterizas, como la que sucedió a finales de julio en Ceuta. Por su volumen y características, estos flujos no responden a la realidad migratoria habitual, sino a crisis políticas bilaterales donde la migración es instrumentalizada. La estrategia europea y española de externalizar la frontera de Ceuta en un país que no reconoce esa misma frontera es una estrategia condenada al fracaso.