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La guerra de Irán se convierte en una hidra para un Partido Republicano en apuros de cara a las elecciones legislativas

Juan Gabriel García

Nueva York —

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El costo de vida parecía el principal rompecabezas que los republicanos tenían que resolver antes de que llegaran las elecciones legislativas de otoño. Pero, a diferencia de la intervención militar en Venezuela, la guerra de Irán se está convirtiendo en una hidra de problemas. No solo encarece la gasolina para los estadounidenses y aumenta el cansancio social. Ahora también ha tomado un derrotero inesperado con los memes del presidente Donald Trump sobre Jesús y el choque con el Papa León XIV por el conflicto.

Desde el inicio, la guerra en Irán ya abrió una brecha entre las bases MAGA por contradecir la promesa del “America First”. En un lapso de menos de tres meses, el presidente lideraba su segunda campaña exterior, con el añadido de que Irán no ha sido cuestión de días y ha desestabilizado la economía global. Pero desde el 28 de febrero, Trump no ha hecho más que añadir presión al test de fe que supone el conflicto para sus votantes. La semana pasada provocó el rechazo generalizado con su amenaza de destruir por completo la civilización persa. Esta semana, por si aún quedaba sector sin incomodar, cargaba duramente contra el Papa y compartía imágenes hechas con inteligencia artificial donde aparece como si fuera Jesús.

Brilyn Hollyhand, seguidor de Trump y expresidente del Consejo Asesor Juvenil del Comité Republicano, calificó la foto de “blasfemia flagrante”. “La fe no es un accesorio. No necesitas presentarte como un salvador cuando tu trayectoria debería hablar por sí sola”, decía Hollyand en un vídeo publicado en X. Del mismo modo, John Yep, director ejecutivo de Catholics for Catholics, se mostraba consternado: “Realmente estamos confundidos con el presidente después de que los católicos le dieran un apoyo tan contundente. Está tratando nuestra fe con muy poco respeto en este momento”. 

Trump borró la imagen creada con IA donde aparece curando a un enfermo y vistiendo unos ropajes muy similares a Jesús. Algo excepcional en su política de no retractarse. Pero aun así, al poco compartió una segunda imagen —creada por otro usuario— donde aparecía él abrazado por Jesús. “Puede que a los locos de la izquierda radical no les guste esto, pero a mí me parece muy bonito!!!”, decía el magnate en la misma publicación de Truth Social. Trump quiere hacer pasar las críticas de sus seguidores más religiosos como un ataque por parte de la izquierda. 

La popularidad de Trump no hace más que caer. Actualmente, el agregador de encuestas de The Economist sitúa en solo un 37% el número de estadounidenses que aprueban su gestión. La cifra está cerca de sus momentos más bajos de popularidad durante su primer mandato e incluso ya roza el ratio más bajo que llegó a tener el expresidente Joe Biden. Cuando el demócrata abandonó el cargo, solo un 36% de los ciudadanos aprobaban su gestión, según una encuesta de la CNN.

En todos los partidos, normalmente, la impopularidad del líder se traduce en un daño sistémico para toda la estructura. Pero en el caso del Partido Republicano es aún más profundo. En la convención republicana de 2024 Trump culminó la metamorfosis de la formación en su propio partido. Antes de que terminara el 2025, algunos legisladores que se juegan el escaño este año en el Congreso ya estaban apretando para que el presidente organizara un tour para asegurar su campaña. Ahora mismo, sin embargo, la imagen del presidente augura un efecto totalmente contrario en los candidatos. 

El agregador de encuestas Real Clear Polling también muestra esta dinámica: actualmente, un 54,3% de los estadounidenses tienen una visión desfavorable del Partido Republicano.

El Cook Political Report, otra página especializada en seguir las tendencias electorales, señala tendencias preocupantes para los republicanos. En los estados clave de Georgia y Carolina del Norte, ha cambiado sus calificaciones de las contiendas al Senado de “empate técnico” a una inclinación hacia los demócratas. En el estado conservador de Ohio, una carrera al Senado que antes se consideraba favorable a los republicanos, ha pasado a ser un empate técnico.

Que algunas carreras para el Senado empiecen a dibujarse favorables para los demócratas es una señal de alarma. Hasta ahora los republicanos solo consideraban posible perder la Cámara de los Representantes. El analista político Kyle Kondik expone en la newsletter electoral Sabato’s Crystal Ball que las consecuencias de la guerra y los índices de aprobación de Trump colocan al Partido Republicano en una posición arriesgada. Según Kondik, si los republicanos llegan a perder el Senado, será porque “las bases para eso se están sentando ahora mismo”.

A toda esta tormenta se le suma la cultura de fidelidad ciega a Trump, que siempre suele terminar en un cierre de filas con el presidente. Y el caso del papa León no ha sido una excepción: el vicepresidente JD Vance —católico converso— ya ha dicho que el pontífice debería ir con cuidado cuando habla de teología y el speaker de la Cámara de los Representantes, Mike Johnson, aseguraba que León se había buscado el varapalo. “Un líder religioso puede decir lo que quiera, pero, obviamente, si se mete en aguas políticas, debe esperar alguna respuesta política, y creo que el Papa ha recibido parte de eso”, afirmó. 

Este imperativo de reproducir y comulgar con Trump, cualquiera que sea el mensaje, es lo que está castigando más a los republicanos en la contienda legislativa. El miércoles volvieron a impedir en el Senado una moción para intentar bloquear los poderes de guerra del presidente. Y el jueves ocurría lo mismo en la Cámara de los Representantes. La falta de disposición a actuar como contrapeso del presidente a pesar del elevado coste electoral amenaza con dejarlos por completo a merced del magnate.