Todo lo que Trump necesita conseguir para que su acuerdo con Irán sea mejor que el de Obama
Si en los próximos días se reanudan las conversaciones de Islamabad entre Irán y EEUU, Donald Trump tendrá que superar dos importantes obstáculos políticos. El primero, demostrar que el acuerdo conseguido es mejor que el firmado en 2015 por Barack Obama, del que Trump se retiró en 2018. El segundo, demostrar que el pacto es mejor que el ofrecido en febrero en Ginebra, antes de que iniciara su guerra.
Trump también tendrá que demostrar que Irán no obtiene ninguna ventaja permanente en el control del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz. Estos son los criterios y claves a los que su equipo negociador prestará especial atención. De lo contrario, el presidente de EEUU habrá infligido un daño gigantesco a la economía mundial cuando había alternativas menos costosas, en vidas y en recursos.
Por supuesto, el acuerdo que salga de Islamabad y las 159 páginas del Plan de Acción Integral Conjunto de 2015 (PAIC), fruto de un momento específico, no pueden ser idénticos por lo mucho que ha cambiado desde entonces el programa nuclear iraní. Además de eso, hay otros temas cuya relevancia hoy es mayor que en 2015, como el programa de misiles balísticos iraní o el control del estrecho de Ormuz.
En cierto sentido, sea cual sea el acuerdo de Islamabad, mejorará al PAIC al no incluir cláusulas de caducidad, una de las principales críticas de Trump al tratado firmado por Obama. Aunque el nuevo acuerdo establece plazos para la activación de medidas concretas, en términos generales está diseñado para ser definitivo.
A continuación, los puntos conflictivos en los que el equipo de Trump tratará de demostrar avances con respecto a su odiado predecesor demócrata.
Qué pasa con el uranio
El primero es el enriquecimiento de uranio en Irán. En las conversaciones de Ginebra del 26 de febrero, las dos partes llegaron a una posición provisional en la que el equipo estadounidense, siguiendo instrucciones de Trump, exigía a Irán la suspensión total de enriquecimiento durante 10 años. El iraní Abbas Araghchi, ministro de Exteriores, dijo entonces que tres años era el plazo máximo que aguantaría el sistema iraní.
Durante las conversaciones de la semana pasada en Islamabad, EEUU elevó ese plazo a 20 años. Entrevistado por The New York Post, Trump dijo que tampoco le gustaba la oferta de 20 años y que quería una prohibición permanente del enriquecimiento de uranio. En la práctica, nadie sabe cuánto tiempo le llevaría a Irán recomenzar el enriquecimiento, teniendo en cuenta los daños infligidos a sus principales instalaciones.
Tras las negociaciones de 2015, Obama concedió a Irán el derecho a enriquecer durante 15 años pero solo al 3,67%, el nivel de pureza requerido para un programa nuclear civil. Aquel acuerdo no concedía explícitamente a Irán ningún derecho legítimo a enriquecer uranio.
La segunda cuestión es la reserva de uranio altamente enriquecido de Irán. El PAIC de 2015 limitaba a un máximo de 300 kilos la reserva de uranio iraní al 3,65%. En la actualidad, Irán cuenta con 440,9 kilos de uranio-235 enriquecido al 60%, un nivel que puede enriquecerse rápidamente hasta el grado necesario para armas nucleares (90%). Esta reserva al 60% tiene forma gaseosa (UF6) y está almacenado en contenedores pequeños, de tamaño similar al de una botella de buceo. Irán sostiene que lleva acumulando estas reservas de mayor pureza desde julio de 2019, como moneda de cambio tras el incumplimiento europeo y estadounidense de levantar sanciones, tal y como se había prometido en el acuerdo de 2015.
En la reunión del 26 de febrero en Ginebra, Irán se ofreció a “rebajar” estas reservas de uranio altamente enriquecido del 60% al 3,67%, el nivel máximo establecido en el PAIC (un proceso irreversible). El acuerdo de 2015 contenía disposiciones similares para rebajar el enriquecimiento o exportar las reservas excedentes.
En Islamabad, EEUU defendió la postura de que todas las reservas salieran de Irán, bajo supervisión estadounidense, de ser posible. No está claro por qué rebajar las reservas dentro de Irán, bajo la supervisión integral del Organismo Internacional de la Energía Atómica, es sustancialmente peor para EEUU que llevarse el uranio fuera de Irán.
En Ginebra, Irán ofreció algo más para mejorar la confianza: no construiría una reserva de uranio y solo lo enriquecería a medida que fuera necesario. Un logro que Trump podría proclamar como superior al acuerdo de Obama.
¿Se levantan las sanciones a Irán?
La tercera cuestión es el alivio de las sanciones. El acuerdo de 2015 preveía la liberación de activos iraníes congelados en el extranjero por valor de 100.000 millones de dólares [unos 85.000 millones de euros], así como el levantamiento de las restricciones al comercio petrolero de Irán. Se mantenían las restricciones relacionadas con el terrorismo, los abusos contra los derechos humanos y la proliferación de misiles.
En Ginebra se acordó levantar más del 80% de las sanciones contra Irán, dejando en vigor las relacionadas con los derechos humanos.
Por lo que respecta al levantamiento de sanciones, la Administración Trump tiene una limitación política. En 2015, personajes como el entonces senador Marco Rubio arremetieron contra Obama por su acuerdo. “Irán usará inmediatamente el dinero recibido con el levantamiento de las sanciones para empezar a fortalecer su capacidad militar convencional”, dijo Rubio, que hoy ocupa la cartera de secretario de Estado. “Se convertirá en la principal potencia militar de la región, aparte de EEUU, y encarecerá el coste de nuestras operaciones en la zona”, sostuvo.
En consecuencia, Trump quiere imponer algunas restricciones sobre la forma en que Irán pueda gastar el dinero recibido tras el levantamiento de las sanciones. Pero Irán no puede aceptar dichas restricciones y necesita garantías de que el levantamiento de sanciones sea permanente, y no reversible, como en el pasado. En este tema, la falta de confianza entre las dos partes está dificultando llegar a una solución.
El futuro de Ormuz
Por último, están todos los temas no nucleares, como el apoyo a fuerzas aliadas, los misiles balísticos y, sobre todo, el futuro del estrecho de Ormuz. Trump siempre se quejó de que el PAIC trataba el programa nuclear de Irán de forma aislada, sin abordar el comportamiento general de Irán. ¿Podrá posponer ahora estos temas más generales? ¿O querrá incluirlos de alguna manera en un gran acuerdo?
El propio Irán parece dividido sobre la mejor manera de abordar el bloqueo estadounidense contra sus puertos, sin saber si denunciarlo o no como una violación del alto el fuego que debe terminar antes de reanudar las conversaciones en Islamabad.
Según el abogado especializado en temas internacionales Ali Nasri, residente en Irán, en el Gobierno del país coexisten dos puntos de vista enfrentados sobre la cuestión del estrecho. Uno de ellos, el más beligerante, aboga por explotar el estrecho para generar ingresos, obtener una indemnización por los daños de guerra, y reafirmar el orgullo nacional.
Según la otra perspectiva, el estrecho es una palanca de negociación que en el corto plazo puede servir para conseguir un alto el fuego duradero, el levantamiento de sanciones, y garantías de seguridad. “Más adelante, cuando se atenúe la amenaza y llegue a su fin la presidencia de Trump, un sistema jurídico cuidadosamente elaborado podría allanar el camino para aumentar la autoridad de Irán sobre el paso marítimo”, sugirió Nasri este martes.
Para describir la elección a la que se enfrenta Irán, Nasri recurrió a la famosa prueba del malvavisco que en los años 70 le sirvió a la Universidad de Stanford para estudiar la gratificación diferida. “El éxito y el progreso del país en el futuro dependen de nuestra capacidad para gestionar la tentación de la gratificación instantánea y elegir un camino gradual, calculado y de largo plazo”, dijo. Entre el examen que Trump se ha autoimpuesto para superar a Obama y la prueba del malvavisco de Irán. Ahí es donde está, en algún lugar, el sinuoso camino hacia la paz.
Traducción de Francisco de Zárate
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