Reabrir un estrecho que ya estaba abierto: por qué Ormuz es la baza decisiva de Irán en la negociación para el fin de la guerra
Es comprensible el alivio generado por el anuncio de un cese temporal de hostilidades gestionado por Pakistán, justo al borde de un abismo por el que se podía despeñar lo último que queda de un derecho internacional que tanto Israel como Estados Unidos se han empeñado en violar sistemáticamente, hasta el punto de declarar sin disimulo su intención de cometer crímenes de guerra. Pero sería muy apresurado suponer que lo pactado va a conducir directamente a un acuerdo de paz que ponga fin a la agresión israelo-estadounidense y que satisfaga plenamente a un régimen iraní aún más radicalizado que antes.
Por mucho que se empeñen con su sistema de propaganda, los agresores no han logrado ninguno de sus objetivos. Evidentemente, al margen de cuál sea la situación personal de Mujtaba Jamenei, el régimen está hoy mucho más debilitado; pero conserva la capacidad suficiente para mantener a raya a su propia población y para responder puntualmente a los golpes que recibe desde el exterior, subiendo el coste no solo para los países vecinos, sino para la totalidad del planeta.
Tampoco ha sido eliminado su programa nuclear por muchos que hayan sido los ataques recibidos, incluso con las bombas estadounidenses GBU 57-B, incapaces de penetrar hasta las instalaciones subterráneas más profundas; ni tampoco ha perdido los alrededor de 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido que se estima que ha acumulado en estos últimos años. Por último, queda claro que también sigue conservando misiles y drones en cantidad suficiente para batir objetivos tanto en Israel como en las bases estadounidenses en la región, así como en el territorio de sus vecinos árabes.
Peor aún, la torpeza estratégica de Donald Trump ha otorgado a Teherán un activo del que hasta ahora carecía: el control del estrecho de Ormuz. Un activo que se ha convertido en la mejor baza con la que cuenta para sacar algo de una negociación que se adivina larga.
El arma principal de Teherán
Antes del 28 de febrero, por Ormuz pasaban libremente unos 120 buques diarios, mientras que hoy no llegan a una decena y siempre previo permiso de Teherán que, por si fuera poco, está en condiciones de exigir un peaje que puede llegar hasta los dos millones de dólares por embarcación. Para quien es sobradamente consciente de que en términos militares es muy inferior a sus enemigos, ese control (que no cierre) se ha convertido en su arma principal, y su valor aumenta al mismo ritmo que la desesperación de Trump por encontrar una salida airosa al pozo en el que él mismo se ha metido (de la mano de Benjamin Netanyahu).
Su control le permite dañar seriamente los intereses de todos los países ubicados en el Golfo Pérsico y, en realidad, los de todo el planeta. Y para ello no necesita cerrar completamente el paso ni destruir todos los barcos que se atrevan a poner a prueba la voluntad de Teherán.
A Irán le basta con dejar claro que puede hundir alguno de ellos para provocar el pánico de los armadores y aseguradoras internacionales, generando un impacto mundial
Ormuz no es solo un punto de paso, sino que hay que tomar en consideración que desde Kuwait hasta ese punto tan angosto hay unos 1.500 kilómetros de travesía. Eso significa que, desde una costa que siempre está a menos de 100 kilómetros de esa vía de tránsito, Irán tiene numerosas posibilidades para perturbar el tráfico empleando una multitud de medios que van desde su artillería de costa, hasta sus drones (aéreos, de superficie o submarinos), cohetes, misiles, lanchas y buques costeros y, por supuesto, minas.
De manera selectiva, le basta con dejar claro que puede hundir alguno de ellos para provocar el pánico de los armadores y aseguradoras internacionales, generando un impacto mundial.
El futuro
En consecuencia, mirando hacia un futuro que apunta a una negociación a cara de perro, resulta muy improbable que Irán vaya a renunciar de entrada a su mejor baza. Sus gobernantes saben que por la fuerza no van a lograr derrotar a sus enemigos y son conscientes también de que necesitan el alivio de las sanciones internacionales para evitar el colapso interno, con una población que ya ha mostrado sobradamente su hartazgo con la corrupción reinante y la represión de cualquier tipo de disidencia.
Trump sigue atrapado por una visión iluminada que le lleva a pensar que, si golpea más fuerte, acabará por lograr la rendición incondicional de Irán
Dado que sus peones regionales están debilitados y sus propias capacidades menguan a ojos vista, no puede extrañar que Ormuz cobre aún más importancia como vía preferente para mantenerse en poder, lo que hace más improbable que decida permitir el paso libre sin nada sustancial a cambio (dando por hecho que no habrá un cese real de ataques contra su territorio). Más aun, en su sueño hay que incluir la aspiración a verse reconocido como el cancerbero del estrecho, con poder para establecer un derecho de paso, peaje mediante, lo que le reportaría unos ingresos nada desdeñables.
En todo caso, Trump sigue atrapado por una visión iluminada que le lleva a pensar que, si golpea más fuerte, acabará por lograr la rendición incondicional de Irán. De ahí que, si se asume que con lo visto hasta aquí no ha forzado su voluntad de resistencia, no quepa descartar que EEUU decida finalmente ir más allá, empleando medios aún más potentes y golpeando ya sin límite alguno. Y, sin ningún género de dudas, lo mismo cabe esperar de un Netanyahu que no ha tomado parte en el pacto y que no se siente obligado a frenar su apuesta belicista.
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