El caos y los insultos de Trump empujan al Reino Unido hacia la Unión Europea
El presidente Donald Trump arremete casi a diario contra el primer ministro británico. Keir Starmer es uno de los pocos líderes europeos que han intentado mantener la relación con el voluble inquilino de la Casa Blanca y, a ratos, incluso ha conseguido aplacarle. Pero la relación está llegando a un callejón sin salida que está empujando al Reino Unido a reforzar su relación con los antiguos socios de la Unión Europea.
Trump aprovechó las festividades de Pascua para imitar a Starmer y burlarse de él por querer “consultar con su equipo” las peticiones militares de Estados Unidos o para compararle con Neville Chamberlain, el primer ministro británico de los años 30 que intentó ignorar la amenaza de Adolf Hitler. Tanto Trump como su secretario de Defensa han subrayado el declive de los barcos y los aviones militares británicos, e incluso han cuestionado la labor de los soldados del supuesto aliado. El Reino Unido tiene “mucho camino que hacer”, según Trump. De momento, la ruta lleva a Londres lo más lejos posible de su imprevisible aliado transatlántico.
Los mensajes del Gobierno de Starmer de las últimas semanas son inequívocos: la volátil situación económica y política internacional hace más necesario que nunca que los europeos permanezcan unidos. En uno de sus discursos más claros de defensa de la relación con Europa, este mes Starmer pidió “una alianza para el mundo peligroso que debemos navegar juntos”. También habló del “profundo daño del Brexit” a la economía británica, un tema tabú para los grandes partidos durante años.
Es significativo que Starmer haya elegido este mensaje justo en el lanzamiento de la campaña del Partido Laborista en las elecciones municipales del 7 de mayo, donde los verdes y los liberaldemócratas son sus principales rivales por la izquierda. Esto indica que un mensaje contra el Brexit puede ser ahora una baza electoral.
La ministra de Economía, Rachel Reeves, también ha argumentado el acercamiento a la legislación comunitaria para reducir las trabas comerciales y para ello el Gobierno presentará en mayo una nueva ley para que sea más automático adoptar cualquier cambio aprobado por la UE. Se espera que en la cumbre entre la UE y el Reino Unido, prevista para junio o julio, haya nuevos acuerdos para reducir la fricción comercial que tanto ha perjudicado a la economía británica desde el Brexit. El comercio con la UE es “el premio gordo”, mucho más que cualquier otro acuerdo bilateral, según reconoció Reeves.
La coalición para Ormuz
Pero Starmer está dando un paso más, centrado en la defensa y la seguridad y en las prioridades estratégicas de Europa, cada vez más alejadas de Washington.
El primer ministro británico ha sido el anfitrión de la coordinación para reactivar el tránsito en el estrecho de Ormuz cuando pare la guerra de Irán –no durante, como querría Trump– y para ello se ha coordinado con casi todos los países europeos –a excepción de España, que ha decidido quedarse al margen de estas negociaciones– y varios aliados del Golfo Pérsico afectados por los ataques de Irán. Se trata del principio de una nueva coalición en la que Estados Unidos no participa.
Este martes, el Reino Unido volvió a ser anfitrión de una conferencia virtual de preparativos para el estrecho que no incluyó a Estados Unidos. Entre los invitados a la reunión de una cuarentena de países para considerar “medidas apropiadas” para el futuro estaban Francia, Alemania, Canadá, Japón y Emiratos Árabes. Según el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, España no ha querido participar porque considera estos esfuerzos diplomáticos como un riesgo de “escalar la guerra”. El Reino Unido, Francia, Alemania y otros países han rechazado las peticiones de Estados Unidos de escoltar ahora barcos, pero aseguran que quieren ayudar cuando haya un cese de hostilidades.
La opinión pública
Alejarse de Estados Unidos incluso ha logrado mejorar marginalmente la popularidad de Starmer. Los británicos de casi todo el espectro ideológico tienen ahora una opinión muy negativa sobre su tradicional aliado.
El 68% de los británicos considera que Estados Unidos está teniendo un impacto negativo en el resto del mundo, 11 puntos más que en enero, según la última encuesta publicada hace unos días por YouGov. Las opiniones más negativas vienen de los ciudadanos que se identifican como laboristas, liberaldemócratas y verdes, pero la subida de la cifra total en las últimas semanas viene sobre todo del cambio de los votantes que apoyaron al Partido Conservador: el 57% de quienes votaron por los tories en 2024 ven a Estados Unidos como una fuerza negativa para el resto del planeta, es decir, 15 puntos más que en enero.
En total, apenas el 10% de la población en el Reino Unido cree que Estados Unidos ha tenido un impacto positivo en los últimos años. Los pocos apoyos que le quedan al país presidido por Trump ahora están en la extrema derecha de Nigel Farage. Pero incluso estos votantes están divididos y hay más que contestan que Estados Unidos tiene un efecto negativo que lo contrario.
“El problema Trump” es uno de los motivos por los que el apoyo del partido de Farage se ha estancado y puede ser uno de sus principales obstáculos ahora, según Luke Tryl, director de la encuestadora More in Common. Farage dijo este martes que estaba “bajo shock” por las amenazas de Trump sobre la muerte de una civilización y que su aliado había ido “demasiado lejos”.
El continuo coqueteo de Trump con Vladímir Putin en uno de los países más solidarios con Ucrania de Europa ha ayudado poco a la causa de Estados Unidos. También el apoyo de Estados Unidos en Israel en Gaza, una guerra a la que la opinión pública británica también se ha opuesto de manera mayoritaria.
La cuestión ahora más allá de las palabras es hasta dónde se atreverá a ir Starmer en la relación con Bruselas y sus vecinos europeos.
Desde hace meses crecen las presiones dentro de su propio partido para que defienda al menos volver al mercado único y negociar un acuerdo similar al que tienen países que están fuera de la UE como Suiza, Noruega o Islandia. Algunos laboristas destacados, como el alcalde de Londres, piden explícitamente que el Partido Laborista presente como parte de su programa electoral para 2029 el regreso total a la Unión Europea.
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