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De la guerra de liberación a la guerra de destrucción: la “trampa de la escalada” ante el fracaso militar en Irán

Trump y Melania durante la celebración de la Pascua en la Casa Blanca este lunes.

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El fracaso estratégico de Israel y EEUU en Irán está impulsando a los agresores a una nueva fase del conflicto. Lo que Trump y Netanyahu vendieron en sus inicios como una guerra de liberación del pueblo iraní se ha convertido en una guerra de destrucción contra su pueblo y ha atrapado a Washington en la llamada “trampa de la escalada”. Quedan pocas horas para que se cumpla el ultimátum de Trump bajo la amenaza de destruirlo todo.

La campaña de asesinatos de altos mandos iraníes bajo la fantasía de provocar un cambio de régimen no ha funcionado. Los bombardeos contra objetivos militares del Ejército iraní no han anulado su capacidad de respuesta. La presión militar no ha cambiado la determinación del régimen —más radical si cabe—. Y las amenazas de la mayor potencia militar mundial no han conseguido forzar la reapertura del estrecho de Ormuz (al menos hasta ahora). Mientras tanto, Irán continúa atacando con misiles y drones toda la región. La inteligencia estadounidense calcula que prácticamente la mitad de las plataformas de lanzamiento de misiles de Irán están intactas y que Teherán aún posee miles de drones.

Obsesión por la Edad de Piedra

¿La respuesta? Devolver a Irán a la Edad de Piedra. No es la primera vez que lo escuchamos. Israel ya amenazó con la misma expresión a Líbano tras el inicio de la ofensiva de 2023. La diferencia es que ahora son el propio Trump y su ministro de Guerra los que adoptan abierta y públicamente esta estrategia israelí. Ni siquiera es la primera vez que EEUU utiliza la expresión (sinónimo de crímenes de guerra): ya lo hicieron con Vietnam del Norte y con Irak en 1991. Esta vez, tampoco es retórica. La operación ya ha empezado.

Solo un día después del infame discurso en el que Trump prometió “devolverlos a la Edad de Piedra, donde pertenecen”, el famoso Instituto Pasteur de Teherán, el centro más prestigioso de investigación médica y salud pública del país, fue bombardeado. Fundado en 1920, está centrado en la producción de vacunas y la investigación de enfermedades infecciosas. Ni Israel ni EEUU han reivindicado el ataque.

“El Instituto Pasteur ha sido un referente del sistema sanitario iraní, un símbolo del Irán moderno, fundado hace un siglo junto con otras instituciones fundamentales de la salud y la educación. Su destrucción no podría tener otro propósito que el de atentar contra la historia de Irán, borrando la historia de su modernización y desarrollo”, denunciaba Vali Nasr, profesor en la Universidad John Hopkins y autor del libro Iran’s Grand Strategy.

“La Universidad Sharif es el MIT de Irán. Ha producido un gran número de ingenieros que han ido a Silicon Valley y fundado algunas de las empresas tecnológicas estadounidenses más exitosas. ¿Por qué estamos bombardeando una universidad en una ciudad de 10 millones de personas?

Yassamin Ansari congresista

Nasr, que recordaba cómo de pequeño iba a vacunarse al Instituto Pasteur, señala que “esto ya no es una guerra contra la República Islámica, sus misiles o sus instalaciones nucleares. Es una guerra contra el país. Se trata de convertir Irán en un Estado fallido”. Desde el primer día de guerra los expertos advirtieron que ese siempre fue el objetivo de Israel, que ve en el caos su propia seguridad. Una vez más, Netanyahu marcando el paso a Trump.

Ese mismo día, Trump también reconoció públicamente en redes sociales haber destruido el puente colgante más alto de todo Oriente Medio. Una inmensa obra de ingeniería de Irán que aún no había sido inaugurada y que pretendía aliviar el tráfico para los ciudadanos de Teherán que salían de la ciudad hacia el norte. En el valle debajo del puente, decenas de familias celebraban el fin de año persa haciendo pícnic cuando cayeron las bombas de EEUU. 13 personas murieron, según cifras oficiales. En otro post posterior, Trump presumía del ataque: “[El Ejército] ni siquiera ha empezado a destruir lo que queda de Irán. Los puentes son lo siguiente y después, las centrales de energía eléctrica”.

Fuentes de EEUU intentaron justificar la decisión señalando que el puente se utilizaba para trasladar misiles y partes de misiles desde Teherán hasta el oeste de Irán. “¡Ojalá los misiles iraníes y sus componentes se transportaran tan abiertamente por carretera, a la vista de todos y a lo largo de cientos de kilómetros desde Teherán”, ironizaba Nasr.

Este lunes le tocaba el turno a la Universidad Tecnológica Sharif, en Teherán. “La Universidad Tecnológica Sharif es un icono de la modernización y el progreso en Irán. Entre sus antiguos alumnos se encuentra la primera mujer en ganar la Medalla Fields de Matemáticas, Maryam Mirzakhani. Ha sido un símbolo nacional de éxito y ha obtenido reconocimiento internacional por la calidad de sus graduados, muchos de los cuales han sido admitidos en los mejores programas de ingeniería de Occidente. El objetivo de este tipo de destrucción indiscriminada solo puede ser la propia nación de Irán”, señala Nasr.

Una mujer pasa junto a una valla con el mensaje "El estrecho de Ormuz permanecerá cerrado" en la plaza Enghelb de Teherán, 5 de abril de 2026.

El ataque tampoco ha pasado desapercibido en el Congreso de EEUU. “La Universidad Sharif es el MIT de Irán. Ha producido un gran número de ingenieros que han ido a Silicon Valley y fundado algunas de las empresas tecnológicas estadounidenses más exitosas. ¿Por qué estamos bombardeando una universidad en una ciudad de 10 millones de personas?”, se preguntaba la congresista Yassamin Ansari, de Arizona.

Hadi Partovi, hijo de uno de los fundadores de la universidad, sobrino del CEO de Uber y uno de esos destacados líderes iraníes de Silicon Valley decía la semana pasada: “Muchos iraníes apoyaron vuestra guerra porque vuestro plan era liberar Irán. En su lugar, celebráis devolver a una civilización a la Edad de Piedra. Los grandes líderes construyen, no destruyen. Sirven a la humanidad, no asesinan a niñas en el colegio en nombre de Jesucristo. Lloro al ver así a EEUU”.

Unos días antes, un misil impactó en el laboratorio de investigación sobre plasma y láser de la Universidad Shahid Beheshti de Teherán.

La semana pasada Israel también bombardeó una de las principales compañías farmacéuticas del país, destruyendo no solo sus unidades de producción, sino también la unidad de desarrollo e investigación. “Primero las sanciones negaron a los iraníes el acceso a medicinas y productos farmacéuticos y ahora bombardeos dirigidos les impiden crear sus propias medicinas. La guerra cada vez se libra más contra el pueblo”, dijo entonces Nasr, exasesor en el Departamento de Estado.

La trampa de la escalada

A pocas horas de que se cumpla el ultimátum “improrrogable” de Trump contra las plantas eléctricas del país, Israel ya ha empezado a destruir su infraestructura energética. El fin de semana atacaron el mayor complejo industrial petroquímico de Irán. Este lunes, Israel también ha atacado una instalación petroquímica en el mayor yacimiento de gas natural del mundo. Según el ministro de Defensa de Netanyahu, Israel Katz, los dos objetivos atacados estos días “representan cerca del 85% de las exportaciones petroquímicas de Irán”.

Thomas E. Griffith, director del Departamento de Estudios de Defensa y Seguridad Nacional de la Universidad George Washington y antiguo decano en la National War College, investigó en los 90 la efectividad de los ataques de EEUU contra sistemas energéticos enemigos. Mediante un análisis histórico de estas operaciones en la Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam y el Golfo, Griffith concluye en su tesis que, aunque estos sistemas son físicamente frágiles, su destrucción rara vez logra los objetivos políticos o militares deseados. Incluso resultan contraproducentes.

“Los sistemas eléctricos han sido un objetivo preferido del poder aéreo desde que la Escuela Táctica del Cuerpo Aéreo consideró por primera vez este tipo de objetivos en la década de 1930. Desde entonces, se han designado como objetivos críticos en todas las guerras. En la mayoría de los casos, los ataques contra este sistema se defienden más por inercia institucional que por un pensamiento estratégico claro”, escribía Griffith en su investigación. 

“Esto ya no es una guerra contra la República Islámica, sus misiles o sus instalaciones nucleares. Es una guerra contra el país. Se trata de convertir Irán en un Estado fallido”

Vali Nasr John's Hopkins University

“Los ataques contra el suministro eléctrico para minar la moral de la población civil no han sido eficaces a la hora de cambiar el comportamiento político. Los intentos de influir en los gobiernos mediante el aumento de los costes al atacar los sistemas eléctricos nacionales también han sido ineficaces, ya que los líderes de la mayoría de los regímenes suelen emprender acciones con gran determinación y, por lo tanto, no están dispuestos a cambiar sus políticas simplemente por el hecho de perder el suministro eléctrico. Además, los líderes políticos y las fuerzas militares están preparados para tales contingencias y, por lo tanto, están bien protegidos frente a la pérdida de la red eléctrica nacional y son capaces de seguir funcionando”, señala el experto.

Solo hay un caso en el que puede resultar útil y no contraproducente, pero es la situación más grave de todas para EEUU porque implica la existencia y previsibilidad de una guerra prolongada. “La evidencia muestra que la única razón sólida para atacar la energía eléctrica es afectar la producción de material bélico en una guerra de desgaste contra un Estado-nación autosuficiente sin asistencia externa”.

Trump, en definitiva, está atrapado en la “trampa de la escalada” y nada puede salir bien. “Los bombardeos iniciales no resuelven el conflicto, sino que lo expanden. EEUU tiene una decisión difícil: escalar para recuperar el control o aceptar un nuevo equilibrio de poder. La respuesta puede determinar si la economía mundial se precipita al abismo”, explica Robert Pape, profesor de la Universidad de Chicago especializado en Seguridad y uno de los grandes referentes en campañas de bombardeos aéreos. 

“Incluso las propuestas que se discuten ahora, como los ataques masivos a la infraestructura de Irán, no solucionan este problema: imponen gran daño a los civiles, expanden las represalias por todo el Golfo y agravan la condena internacional contra Washington. Esto refuerza la posición de Irán en lugar de debilitarla”, añade Pape.

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No es nueva y tampoco es la mejor serie del mundo. Pero es una serie de espías muy entretenida sobre el conflicto entre Israel e Irán. Aunque es una producción israelí —de los creadores de Fauda— no es burda propaganda y guarda alguna sorpresa que le sonará a más de uno y en la que anticipan una acción de los servicios secretos israelíes que, unos años después, se llevaría a la práctica en la realidad (no te digo más por si la ves). En definitiva, no está mal si sabes lo que estás viendo.

Gracias por llegar hasta aquí.

¡Hasta la semana que viene!

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