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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

¿Korrika? ¿Para qué?

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Creo que no se ha perdido nada Comisiones Obreras por no haber participado en la Korrika de este año. Gracias a su expulsión por parte de AEK, sus dirigentes han podido comprobar que ser vasco a tiempo completo no está al alcance de cualquiera; y que defender el uso del euskera resulta incompatible con criticar los abusos que, en nombre de “la lengua”, se pueden cometer en las convocatorias de empleo público en las distintas administraciones de Euskadi. De paso, han evitado sentirse cómplices de las muestras de intolerancia y barbarie que se han venido produciendo, y de manera reiterada, en la popular carrera.

Concebida supuestamente en sus inicios como una iniciativa popular en defensa del uso y la extensión del euskera, hace ya tiempo que esta reivindicación se está empleando como pretexto para hablar de otras cosas: las que interesan exclusivamente al abertzalismo radical. O, para ser más precisos, las que este mundo trata de imponer al país como pautas sociales de comportamiento. Y, de momento, las cosas le funcionan, gracias a la alarmante permisividad de la sociedad vasca. Y, ¿por qué no decirlo?, de sus instituciones de autogobierno.

Para empezar, nos encontramos con que algo que, supuestamente, trasciende ideologías, incluye a todos y es concebido como un bien de interés público, funciona de hecho al capricho de un club privado que se arroga el derecho de admisión para participar en el invento; un derecho de admisión que está sometido a la verificación de un “comportamiento nacional” impecable.

Se arroga, para ser más concretos, el derecho a decidir qué sindicatos están aquí permitidos y a cuál hay que expulsar de la sociedad vasca (de la Korrika en este caso) por practicar un sindicalismo equivocado; como es el defender derechos laborales de trabajadores que se sienten perjudicados en convocatorias de empleo público, por una legalidad lingüística puesta en entredicho por los convocantes. Una actitud que convierte automáticamente a Comisiones Obreras en una organización que traiciona al euskera.

Pasa, además, del pluralismo político, ideológico y lingüístico de la sociedad vasca (la real, no la inventada), al proclamar que es el euskera, y sólo el euskera, la única, y verdadera, referencia idiomática del país, omitiendo el hecho de que el castellano es, por el número de hablantes, la lengua más propia de la ciudadanía vasca.

Y, como remate, consagra un modelo de joven euskaldun ejemplar, que, casualmente, está relacionado familiarmente con antiguos y conocidos miembros de ETA. Algo que, por otra parte, entronca con la presencia de un número considerable de exetarras que se han dejado ver por la Korrika, para humillación de las víctimas del terrorismo; y de imágenes de antiguos terroristas que determinados corredores pasearon por la carrera. Empezando por la imagen del asesino del que fuera alcalde de Pamplona, Tomás Caballero, que se hizo portar a un niño, en lo que puede considerarse un verdadero acto de corrupción de menores.

En definitiva, lo que en su día se anunció como una marcha popular, compartida e inclusiva en defensa del euskera se ha transformado en un instrumento de agitación de la izquierda abertzale o, quizás y todavía peor, de su propia disidencia interna. Un instrumento de agitación ultranacionalista, que, lejos de unir, divide; hasta el punto de que los participantes del PNV en la Korrika han llegado a sentirse claramente incómodos, viéndose obligados en alguna ocasión a tapar con ikurriñas determinados lemas radicales muy poco presentables que portaban algunos corredores.

No es de extrañar, por tanto, que el carácter inclusivo de esta fiesta reivindicativa haya brillado por su ausencia. Al margen de cualquier tipo de legalidad, AEK se ha erigido por su cuenta en una especie de Gobierno en la sombra de la política lingüística (más bien monolingüística) de este país. Hoy por hoy, lo que ordena AEK en esta materia va a misa, digan lo que digan las instituciones legítimas de Euskadi. Quien no acepte sin matices que Euskadi es sólo el país del euskera no está legitimado para defender esta lengua. Por eso, expulsó a Comisiones Obreras de la Korrika. Y no dio precisamente la bienvenida a PNV y PSE-EE. Porque esto es lo que pasa cuando se le coge el gusto a excluir: que invita a preguntarse quiénes van a ser los siguientes en la purga.

El mensaje que los “jóvenes vascos ejemplares” trasladaron al país al término de la Korrika es el de que, más allá de marcos legales que nos encorsetan, más allá de una sociedad plural que desea seguir siendo plural, más allá de la libertad de expresión que nos garantiza hablar, pensar y sentir nuestra vasquidad como nos de la real gana… Más allá de esas trabas que se nos cruzan por el camino, somos como vascos un pueblo en marcha que va dando pasos (tipi-tapa, tipi-tapa) en la tarea de ir recuperando la identidad perdida; que no será jamás una suma de identidades. “Somos euskera y aquí estamos”, como decían nuestras jóvenes promesas. Somos, en definitiva, como pueblo, el cuerpo místico del euskera. Esto es algo que no puede someterse a debate entre diferentes. No hay democracia ni debate posible cuando hay una misión que cumplir. Para eso, y no para otra cosa, está hecha la Korrika.

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