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ANÁLISIS

Cómo afecta a Ucrania la guerra de Israel y EEUU contra Irán

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, durante una rueda de prensa reciente en Bucarest.
16 de marzo de 2026 22:01 h

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Aunque los separan más de 2.300 kilómetros en línea recta, el conflicto derivado de la ilegal agresión israelí y estadounidense contra Irán y el que lleva sufriendo Ucrania desde ya más de cuatro años están inevitablemente conectados tanto en el terreno militar como en el económico y diplomático. El primero impacta negativamente en el segundo al menos en cuatro ámbitos distintos.

En primer lugar, ya es constatable la reducción en el suministro de material de defensa por parte de Estados Unidos a Kiev. Ya hace tiempo que Donald Trump había decidido ir cerrando el grifo de la ayuda económica y el suministro de armas a Ucrania, con la evidente intención de presionar a Volodímir Zelenski para que termine aceptando las condiciones que exige Moscú para llegar a algún tipo de acuerdo.

Ahora, metido en una guerra contra Irán que se adivina prolongada, Washington ha decidido cerrarlo por completo con el argumento de que, para derrotar a Irán, necesita un mayor volumen de drones, misiles (de ataque e interceptores) y munición de todo tipo.

Así ha venido haciéndolo en las semanas previas a la intervención —para cubrir sus propias necesidades y las de Israel- y previsiblemente así seguirá ocurriendo mientras el régimen iraní siga mostrando la capacidad y la voluntad política de responder a la agresión. Eso deja a Ucrania en una muy difícil situación en la medida en que, por mucho que haya aumentado su capacidad industrial para abastecer a sus tropas y por significativa que sea la ayuda recibida de sus aliados europeos, no dispone de medios suficientes para neutralizar los continuos ataques rusos contra sus instalaciones críticas, su población y sus tropas.

A eso se añade, en el terreno geoeconómico, el hecho de que los crecientes agobios de Trump para evitar que el incremento de los precios internacionales del petróleo y el gas (derivados de su pésima decisión de entrar en una guerra en la que no están en juego los intereses nacionales) termine por arruinar su presidencia, ponen aún las cosas más fáciles a Vladímir Putin.

Rusia, que hasta ahora tenía limitada su producción y estaba vendiendo el barril de petróleo con un descuento que lo dejaba en unos 30 dólares, pasa a venderlo al precio de mercado (en torno a los 100 dólares)

Así, la Casa Blanca ha decidido aliviar parcialmente las sanciones impuestas a los hidrocarburos rusos, permitiendo que Moscú pueda ahora venderlos a precio de mercado. Lo que busca, en esencia, es que la entrada de más petróleo ruso en el mercado internacional compense la caída provocada por el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, evitando así que se produzca una fuerte subida de sus precios, con el consiguiente efecto inflacionario a escala planetaria.

Como consecuencia, Rusia, que hasta ahora tenía limitada su producción y estaba vendiendo el barril de petróleo con un descuento que lo dejaba en unos 30 dólares, pasa a venderlo al precio de mercado (en torno a los 100 dólares). Una medida, en definitiva, que le sirve al Kremlin para aliviar el malestar social provocado por la guerra contra Ucrania y que le permite contar con más recursos para financiar su invasión, confiando en que Kiev termine por arrojar la toalla.

Es la misma Rusia que ofrece información e inteligencia a Irán para facilitar sus ataques contra objetivos estadounidenses en la región y que, en un “intercambio de cromos”, puede plantearle a Washington que está dispuesta a dejar de hacerlo si EEUU hace lo propio con la información e inteligencia que proporciona a Ucrania.

¿Objetivo de Irán?

Tampoco es menor, en tercer lugar, el problema que se le plantea a Zelenski cuando, en una decisión que busca algún tipo de compensación futura en la defensa de su causa, se ofrece a Tel Aviv y a Washington para colaborar en la interceptación de los drones y misiles que Teherán lanza contra territorio israelí y contra las bases estadounidenses en Oriente Medio.

La vía diplomática impulsada por EEUU ha quedado paralizada desde hace semanas, dejando a Zelenski y los suyos obligadamente a la espera

En estos años de guerra, el Ejército ucraniano ha demostrado una alta capacidad de respuesta ante un enemigo muy superior, adaptándose y mejorando diariamente sus tácticas y sus medios de neutralización. No resulta extraño, en consecuencia, que, consciente del peligro que eso entraña para sus intereses, el régimen iraní haya optado por definir a Ucrania como un objetivo legítimo, tratando de disuadir a Zelenski de seguir por ese camino.

Por último, también es bien visible que la vía diplomática impulsada por EEUU ha quedado paralizada desde hace semanas, dejando a Zelenski y los suyos obligadamente a la espera. Es cierto que dicha iniciativa no había producido resultados significativos, más allá de su propia existencia y algunos intercambios de prisioneros entre ambos contendientes.

Mientras que el conflicto se ha convertido hace tiempo en una guerra de desgaste, con operaciones militares de alcance limitado, en el terreno diplomático son bien conocidos los puntos principales de desencuentro: cesión territorial y renuncia a entrar en la OTAN por parte Kiev y rechazo frontal de Moscú a aceptar las garantías de seguridad que demanda Zelenski (incluyendo la presencia de tropas internacionales en suelo ucraniano).

En todo caso, teniendo en cuenta la debilidad de Ucrania en una mesa de negociaciones en la que Rusia y Estados Unidos parecen ir de la mano, no parece que esa paralización sea ahora mismo el mayor de los problemas para los ucranianos.

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