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ANÁLISIS

Qué hay detrás de los ataques entre Irán e Israel y cómo pueden afectar a las negociaciones de paz

8 de junio de 2026 21:58 h

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El retorno de Irán a los enfrentamientos militares a gran escala con Israel ha agravado el conflicto que comenzó en febrero, no solo al convertir por primera vez los ataques israelíes contra Hizbulá en un casus belli directo para Irán, sino también al volver a involucrar a los hutíes de Yemen en el conflicto, con consecuencias aún impredecibles.

Algunos en Teherán, animados por lo que perciben como éxitos militares del pasado y envalentonados por el control del estrecho de Ormuz, desearían convertir este momento en un punto de no retorno en la conflagración con Israel. Una minoría acogería con agrado el abandono de las negociaciones de alto el fuego con EEUU, un resultado por el que llevan semanas presionando.

Pero incluso ahora hay otras voces en Teherán que creen que Irán puede, por el contrario, aprovechar las tensiones entre Israel y EEUU para acelerar un acuerdo con un presidente estadounidense desesperado por salir de una guerra que se está convirtiendo en una alarmante muestra de impotencia diplomática y militar estadounidense.

La publicación de Donald Trump en las redes sociales, en la que instaba a Irán e Israel a dejar de dispararse mutuamente, no daba la impresión de ser la de un hombre que tuviera el control de la situación. La decisión de Irán de anunciar que pondría fin a sus operaciones siempre y cuando no se produzcan nuevos ataques israelíes demuestra que los defensores de una guerra total son minoría.

Hay muchos como Hesamodin Ashna, asesor del expresidente iraní Hassan Rouhani, quien argumentó en un discurso este fin de semana que la cohesión social y la confianza dentro de Irán siguen siendo frágiles. Este bando afirma que la devolución de los activos congelados de Irán y el levantamiento gradual de las sanciones estadounidenses son imprescindibles para rescatar a la economía iraní del colapso inminente, argumentando que la situación económica fue el caldo de cultivo de las protestas de enero.

Irán, a dos bandas

Esmail Bagaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, se ha visto obligado a jugar a dos bandas en su rueda de prensa semanal en Teherán. En un momento dado, ha cuestionado la idea de que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, hubiera orquestado los ataques contra Irán desafiando a Trump, pero luego sugirió que es posible que Israel esté tratando de sabotear las negociaciones con EEUU por temor a que los términos del acuerdo lo debilitaran.

Bagaei se ha mostrado cauteloso al insistir en que el diálogo con EEUU, llevado a cabo indirectamente a través de Pakistán, continuaba y no se había suspendido. Se ha mostrado rotundo al afirmar que EEUU estaba involucrado en los ataques: “Nadie en nuestra región cree que el régimen sionista llevaría a cabo una acción sin la coordinación y cooperación previas de Estados Unidos”.

“El Departamento de Estado de EEUU declaró claramente durante la guerra de los 40 días que la razón por la que este país impuso la guerra a Irán fue su apoyo al régimen sionista, y ahora, a pesar de las afirmaciones de los representantes estadounidenses, sabemos que el Centcom [Mando Central de EEUU] coopera y se coordina con el régimen sionista en los ámbitos de la defensa y el ataque”, ha dicho. En otros momentos se ha mostrado más cauteloso, afirmando que es posible debatir si Israel actuaba de forma independiente de Estados Unidos o si “se subía al carro de Estados Unidos”.

En cualquier caso, Bagaei ha advertido a todos los grupos aliados de Irán en la región contra un desarme prematuro, estableciendo una comparación con El león enamorado de Jean de La Fontaine, una fábula sobre un león que, cegado por el amor, accedió a cortarse las garras, solo para acabar siendo atacado por sus enemigos.

La era de la paciencia estratégica ha terminado y no hay vuelta atrás

Pocos dudan de la propensión de Irán a mostrar sus garras y, ahora, casi como una cuestión de doctrina estratégica, a intentar responder siempre no solo con amenazas, sino imponiendo una escalada.

Por ejemplo, Hassan Ahmadian, uno de los comentaristas iraníes más habituales en los medios árabes, ha dicho: “La era de la paciencia estratégica ha terminado y no hay vuelta atrás. Irán y sus aliados están decididos a imponer y consolidar nuevas reglas de combate contra su adversario, y no los veo dando marcha atrás. Porque la retirada ante quienes practican el genocidio solo desatará la aniquilación a lo largo y ancho de la región. La resistencia, por otro lado, es la única respuesta civilizada que tiene algún sentido frente a ellos”.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ha afirmado que está preparado para atacar las instalaciones energéticas de los Estados del Golfo. “En caso de que continúen los ataques contra la infraestructura energética, todas las instalaciones de petróleo y gas asociadas con Israel, Estados Unidos y sus aliados, incluidas las instalaciones energéticas regionales, serán objetivo de las fuerzas armadas de Irán”.

Las exigencias de Irán en las negociaciones se han mantenido notablemente constantes: un alto el fuego en Líbano que incluya la retirada de las fuerzas israelíes y el desbloqueo de la mitad de los activos iraníes congelados, unos 12.000 millones de dólares; algún tipo de control iraní sobre el estrecho de Ormuz; y conversaciones posteriores en detalle sobre cómo Teherán garantizará a EEUU que no busca obtener un arma nuclear, incluida la dilución de sus reservas de uranio altamente enriquecido.

Trump ha estado muy cerca de aceptar estas condiciones, pero está tratando de encontrar la forma de redactarlas para que resulten más aceptables para la opinión pública nacional.

Esto se debe a que, en definitiva, la batalla de los bloqueos en el estrecho de Ormuz se está decantando a favor de Irán. El hecho de que las reservas mundiales de petróleo se estén agotando poco a poco, lo que provocaría el colapso de la economía mundial desde Japón hasta Brasil, parece más peligroso que el hecho de que Irán se quede sin liquidez y sin exportaciones de petróleo. La capacidad del Occidente democrático para absorber el impacto económico no está a la altura de la del régimen iraní.

Los hutíes entran en acción

La intervención de los hutíes inclina aún más la balanza a favor de Irán. El impacto concreto dependerá de si los hutíes deciden ampliar el bloqueo anunciado, actualmente limitado al transporte marítimo israelí en el mar Rojo, a un bloqueo más amplio del transporte marítimo hostil.

El estrecho de Bab al-Mandab, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, ha actuado como una válvula de escape crucial para los exportadores de petróleo. El flujo de petróleo de Arabia Saudí se disparó a través de su oleoducto este-oeste tras el cierre de Ormuz, desviando millones de barriles al día hacia el mar Rojo. Los hutíes no han dicho que vayan a bloquear este flujo, pero esto podría cambiar.

La ruta del mar Rojo representa el 15% del comercio marítimo mundial y el estrecho de Ormuz, alrededor del 20%. El cierre total simultáneo de ambas vías navegables ejercería una enorme presión sobre la ruta del cabo de Buena Esperanza, que rodea Sudáfrica.

Los hutíes comenzaron a bloquear en el mar Rojo a los buques que se dirigían a puertos israelíes a partir de noviembre de 2023, lo que provocó la quiebra del puerto israelí de Eilat. El número de buques que atravesaban el canal de Suez se redujo a menos de la mitad en 2024, lo que provocó una caída masiva de los ingresos del canal y de Egipto.

Los hutíes, que participan en conversaciones de paz entre bastidores con Arabia Saudí para poner fin a la guerra civil en Yemen, no se han mostrado dispuestos a reincorporarse al conflicto, en parte porque el año pasado sufrieron graves golpes en su estructura de mando. El movimiento se enfrenta ahora a la disyuntiva de intensificar el bloqueo o esperar a que Irán dé el paso.