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Ucrania resucitó a la OTAN y Groenlandia puede ser su tumba

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Esta semana me he acordado mucho de cuando estuvimos cubriendo la cumbre de la OTAN de 2022 en Madrid. Era junio, Rusia llevaba cuatro meses de invasión de Ucrania y el debate entonces era el ingreso de Suecia y Finlandia y las resistencias de Turquía. El presidente de EEUU, Joe Biden, estaba exultante con el nuevo fichaje: “Rusia buscaba la finlandización de Europa [por su neutralidad], pero ha conseguido la otanización de Europa”.

La OTAN, que llevaba años en el rincón de pensar y que incluso el presidente francés, Emmanuel Macron, había declarado en “muerte cerebral”, había renacido. La defensa de Europa frente a Rusia era su razón de ser. En aquella cumbre y en las semanas anteriores, cuando recordábamos que Suecia y Finlandia son miembros de la UE y que la UE ya tiene en sus tratados un artículo incluso más fuerte que el famoso Artículo 5 de defensa colectiva de la OTAN, la respuesta siempre era la misma: la OTAN para la seguridad y la UE para el resto. Con Suecia y Finlandia dentro, el 96% de los ciudadanos de la UE estaban cubiertos defensivamente por la Alianza Atlántica. La UE podía estar tranquila (o eso creía).

La invasión de Ucrania no solo había revivido a la OTAN, sino que había conseguido que la UE enterrase sus ansias de autonomía estratégica para delegar su defensa en la Alianza Atlántica. Ahora, tres años y medio después, resulta que aquello no fue un buen plan y es EEUU, el jefe todopoderoso de la organización, quien quiere tomar a las bravas territorio de la UE. 

Si Ucrania lo resucitó, Groenlandia podría ser su tumba. Y no lo digo yo, lo dice la directora para el norte de Europa del Atlantic Council, prácticamente el think tank y brazo intelectual de la OTAN. “La postura de la Administración Trump corre el riesgo de disolver la comunidad transatlántica y poner fin a la alianza militar más exitosa de la historia”, señala Anna Wieslander. “Si llegara el momento más oscuro y Estados Unidos utilizara la fuerza militar para anexionar Groenlandia, la esencia del Artículo 5 y la defensa colectiva dentro de la OTAN perderían su significado”, añade. 

La postura del actual secretario general de la organización, Mark Rutte, no ha sido, ni mucho menos, tan contundente. Su sumisión ante “papi” Trump da vergüenza ajena en Europa y estos días ha evitado a toda costa criticar la obsesión de su jefe por Groenlandia. ¿Recuerdas que Trump hizo públicos algunos mensajes privados que le envió el propio Rutte agradeciéndole el ataque contra Irán? ¿Qué le habrá dicho ahora sobre Venezuela o Groenlandia?

Todo lo que no sea tomar el control de Groenlandia es “inaceptable” para Trump, que ha jugado con la intervención militar y ha amenazado con aranceles a todos aquellos que se opongan a la anexión. Mientras tanto, algunos países de la UE activan la operación Resistencia Ártica enviando a sus primeros soldados para tratar de mostrar su resolución y compromiso con Groenlandia frente a las amenazas de EEUU.

El aviso de Chipre

No hay que ser el más listo de la clase para saber quién manda en la Organización del Atlántico Norte. No es solo que mande, es que la OTAN siempre fue una estructura de dominación de EEUU sobre Europa. Nada ha cambiado especialmente desde que el primer secretario general de la organización, Hastings Ismay, dijo que el propósito de la OTAN era “mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo”.

La ventaja estratégica que te da el hecho de que la defensa de la UE dependa de ti es evidente. Por eso no es casualidad que EEUU lleve desde los 90 tratando de bloquear cualquier intento europeo de avanzar en su propia defensa y seguridad de manera autónoma. La ex secretaria de Estado de Clinton, Madeleine Albright, trazó en 1998 las líneas generales de la política de EEUU en este sentido, alegando que todo desarrollo europeo en defensa no podía generar una “duplicación” o “discriminación” con la OTAN.

Desde entonces, el argumento de la duplicación o discriminación ha sido una constante. Dos años después de aquel discurso, por ejemplo, cuando la UE trazó un plan para crear una fuerza de reacción rápida de 60.000 soldados, el secretario de Defensa de EEUU advirtió —o amenazó— que aquello podía acabar con la OTAN. También se han quejado abiertamente cuando la UE ha tratado de crear una estructura permanente o ha intentado fomentar la industria de defensa comunitaria.

Salvando las enormes distancias, no es la primera vez que Europa se encuentra en esta situación. Actualmente hay un país de la UE ocupado por un socio de la OTAN. Se trata de Chipre. Turquía ocupa buena parte del país y así lo reconoce la propia UE, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos e incluso el Consejo de Seguridad de la ONU. Turquía tiene el control de facto del norte de Chipre y Europa no parece dispuesto a intentar recuperar la soberanía de uno de sus miembros.

Quizá el movimiento rápido de los europeos esta vez pretende evitar crear una situación similar. La diferencia evidente es que Dinamarca también es socio de la OTAN, no como Chipre. Y que cuando Chipre fue admitida en la UE ya era un territorio ocupado.

El famoso Artículo 42 de la UE sostiene que “si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance”. Pero antes señala otra cosa que no se recuerda tanto y que evidencia la influencia estadounidense: “La política de la Unión con arreglo a la presente sección respetará las obligaciones derivadas del Tratado del Atlántico Norte para determinados Estados miembros que consideran que su defensa común se realiza dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y será compatible con la política común de seguridad y de defensa establecida en dicho marco”.

La propia UE ha delegado en la OTAN su seguridad, así lo ha fijado incluso en sus tratados y ahora está pagando el precio. Ah, y un pequeño detalle que no se repite lo suficiente: el Artículo 5 de la OTAN solo se ha activado una vez en la historia de la organización y ha sido a petición de EEUU tras los atentados del 11-S para protegerlo de la amenaza terrorista. La UE ha asegurado que en este momento no se plantea activar el Artículo 42 del tratado.

Tienes que escuchar (y ver)...

Tengo ganas de recomendarte un par de cosas… La primera es este temazo de Neighborhood Kids contra el ICE y sus políticas. Más necesario que nunca después de ver cómo sus agentes se lían a tiros impunemente convertidos en la milicia privada del presidente Trump para sembrar el terror entre migrantes y ciudades demócratas.

Después del asesinato de Renee Nicole Good en Minneapolis, Franco Delle Donne me enviaba un mensaje: “Es lo más grave que he visto hasta ahora hacer a un Gobierno de ultraderecha en la ola actual de la epidemia ultra. No suelo hacer comparaciones con el nazismo, las intento evitar, sin embargo, lo que se ha visto es lo más parecido a las SA del régimen nazi”, me decía el autor del libro Epidemia ultra (Península). “Ejecutar violencia en pos de lograr el nacimiento de una nueva nación libre de la decadencia moral y estructurada en un régimen autoritario apoyado en un Estado policial es palingenesia ultranacionalista”.

Trump ha triplicado el presupuesto de la agencia y a más que duplicado su número de agentes con una campaña de reclutamiento superradical e ideologizada. Ha convertido al ICE en un monstruo que supera en presupuesto a todas las agencias de la ley del país, entre ellas el mismísimo FBI y la DEA.

Alex Vitale, uno de los académicos que más sabe de este tema y autor del libro 'El final del control policial' (Capitán Swing), me decía que, como no tienen capacidad de reclutar a tanta gente, “van a contratar a personas con habilidades limitadas y muy ideologizados que darán lugar a más asesinatos policiales innecesarios e injustificados de civiles”.

Sobre Groenlandia, es momento de repasar la cuarta temporada de Borgen, que se centra casi en exclusiva en la isla y en las presiones internacionales. Si los guionistas hubiesen planteado entonces la situación actual en el centro de la trama, hubiésemos pensado que aquello era una fantasmada. Pero el mundo ha cambiado demasiado.