KILÓMETRO CERO

Una escuela de ilustración en un pueblo de La Rioja de 60 habitantes que recoge el legado del Scriptorium de San Millán de la Cogolla

Javier Sáez Castán en la buhardilla de la casa de San Torcuato donde va a establecer su estudio de ilustración

Ester Fernández García

7 de marzo de 2026 06:01 h

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Javier Sáez Castán es un ilustrador de libros con una consolidada trayectoria. Es el autor e ilustrador de más de una veintena de libros y especialista en el álbum ilustrado, esas obras en las que imagen también cuenta la historia, que no solo son los cuentos ilustrados, sino que también hay álbumes ilustrados “para todos los públicos”, como le gusta definir a Javier Sáez. Ahora, un cambio de vida le ha traído a La Rioja y en su búsqueda de estudio, ha elegido San Torcuato, un pueblo de apenas 60 habitantes en La Rioja Alta, donde una gran casona le permitirá ampliar sus planes con una escuela de ilustración y una galería.

El proyecto ya está en plena fase de ebullición. La actividad es frenética en las obras de construcción y reforma de la casa y en la programación de talleres, puesto que Javier Sáez prevé que la actividad se ponga en marcha este mismo verano, ya que ha contado con financiación del Gobierno de La Rioja para los “proyectos piloto y emblemáticos para el reto democrático”, que establece unos plazos para que las ideas puedan empezar a funcionar.

¿Y en qué va a consentir 'El Merendero', el nombre que su promotor ha dado a este proyecto? “Cuando algo todavía no existe hay una dificultad para ponerle nombre”, puntualiza Javier Sáez, en referencia a que el proyecto está vivo y admite muchas cosas. Por el momento, será una Escuela de Ilustración o Taller de Álbum Ilustrado, donde él mismo y otros artistas invitados puedan ofrecer clases y talleres a público de todos los niveles y de todas las edades.

Hasta llegar hasta su proyecto, este ilustrador ha pasado por casualidades y causalidades. Aunque ni nació ni vivió en La Rioja, ya tenía un vínculo especial con esta tierra. “Desde hace veinte años, mi mujer y yo pasamos una semana de vacaciones en el Monasterio Valvanera”, un lugar que cuenta con su propia hospedería enclavada en plena Sierra de la Demanda, a veinte minutos del núcleo urbano más cercano.

Así cuando las circunstancias personales le trajeron a La Rioja y necesitaba un estudio, lo buscó en un pueblo de La Rioja Alta y dio con esta casa de San Torcuato, con apenas sesenta habitantes empadronados. “Una casa antigua, grande, con un jardín en un sitio muy bonito, que permitía convertir una parte en escuela para compartir conocimientos y que otros amigos o especialistas también puedan hacerlo. Fue tomando forma y se me ocurrió incorporar también una galería de ilustración”, explica de cómo creció el proyecto.

Aunque a veces se piensa que el ambiente cultural está en las ciudades, Javier Sáez tenía claro que su estudio tenía que estar en un pueblo. “Aunque el mercado del arte te lleva a los grandes centros urbanos, los talleres de los artistas siempre han buscado justo lo contrario, una especie de retiro, de concentración, es un trabajo un poco monacal”, justifica el artista. También la naturaleza era importante para él y el encinar de San Torcuato no le conocía antes.

Además, Javier Sáez siente que enclavando su estudio en este lugar de La Rioja recoge las huellas de los ilustradores antepasados, que se establecieron en la misma Sierra de la Demanda. “Además del vino y el Camino de Santiago, en La Rioja tenemos a San Millán, con un patrimonio impresionante de libros ilustrados, de códices del siglo XI y XII y yo quiero seguir esas huellas”, subraya. Por eso, aunque un taller de ilustración en un pequeño pueblo pueda parecer disruptivo, “es una cosa nueva, pero también una cosa muy antigua”. Y apunta: “A eso en la Edad Media se le llamó escritorio o scriptorium y yo quiero abrir un scriptorium, que al mismo tiempo es una galería y al mismo tiempo es una escuela”.

Con todo ese legado y esos planes de futuro, nace 'El Merendero', que toma una palabra y un lugar muy riojano, el lugar donde juntarse con personas queridas a compartir tiempo, a veces acompañado de un vino o un plato de comida. De hecho, el taller y la escuela se ubicarán en el merendero que tenía la casa, así que el nombre del proyecto vino dado. “Además, soy consciente de que es algo muy riojano y yo quería echar raíces”. Agradece la hospitalidad con las que el pueblo y toda La Rioja le han recibido y la curiosidad que ha despertado su proyecto. Ya tiene varios talleres previstos para este verano, sinergias con establecimientos del entorno y varios artistas invitados. Y sobre todo muchas ganas de llevar arte y cultura a un pequeño pueblo de La Rioja ubicado en la misma sierra de donde salieron los primeros álbumes ilustrados.

*Contenido patrocinado por el Gobierno de La Rioja

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