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De mapas en papel a walkie-talkies: el Kremlin ensaya la desconexión total de Rusia cortando internet en Moscú

Albert Sort Creus

Moscú —
13 de marzo de 2026 22:19 h

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Pasear por Moscú estos días es volver al pasado y, a la vez, asomarse a un decorado de ciencia ficción. El 5 de marzo, las autoridades bloquearon el internet móvil en los distritos céntricos de la ciudad y, más de una semana después, la conexión sigue fallando. Los teléfonos no responden, los repartidores dan vueltas desorientados y los taxistas recurren a métodos tradicionales para captar a clientes.

El Kremlin justifica las restricciones por “motivos de seguridad”, sin especificar cuáles ni cuánto van a durar. Sin embargo, los expertos apuntan al miedo de Vladímir Putin a que la inteligencia ucraniana lleve a cabo una nueva “operación telaraña”, el mayor y más profundo ataque contra la aviación rusa, para el cual se utilizaron drones kamikaze muy pequeños. El temor es que esta vez el objetivo sea la capital.

Los moscovitas se muestran resignados y asumen la nueva situación como una fatalidad, sin indignación, como si el apagón de las comunicaciones en el centro de la ciudad más grande de Europa fuese un designio divino ante el cual no cabe protestar. 

Ahora bien, los activistas alertan que este es solo un paso más hacia la inevitable desconexión de Rusia del internet global. Una previsión antiutópica que podría hacerse realidad antes de fin de año.

Mapas de papel, walkie-talkies y cabinas de teléfono

Lo que en las primeras horas parecía una interrupción pasajera ha devenido una desconcertante normalidad. La gente trata de entender por qué en una calle su teléfono funciona durante unos segundos pero, al andar unos metros más allá, se quedan de nuevo sin conexión. Algunos no reciben mensajes de texto y hay quienes ni siquiera consiguen hacer llamadas.

En una ciudad entregada a las plataformas de comercio electrónico, es una constante ver a riders intentando descifrar la ubicación donde tienen que entregar su pedido sin GPS, o a los taxistas, con muchos problemas para atender la mayoría de las solicitudes hechas a través de aplicaciones. El principal proveedor, Yandex, ofrece la posibilidad de contratar el viaje por teléfono y pagar en efectivo, ya que muchos datáfonos tampoco logran conectarse a la red.

Según cálculos del periódico Kommersant, durante los primeros cinco días de interrupciones, las pérdidas para los empresarios fueron equivalentes a hasta unos 50 millones de euros.

Los transeúntes se refugian en bares, cafés y bibliotecas para buscar conexión wifi, aunque no siempre está operativa. Por su parte, los diputados proponen recuperar las obsoletas cabinas telefónicas e instalar en ellas puntos públicos de acceso a internet. 

Mientras tanto, según varios medios, han aumentado en un 48% las ventas de mapas de papel, en un 27% las de comunicadores de radio portátiles (los walkie-talkies) y en un 25% las de teléfonos fijos. También se han disparado en un 73% las compras de buscapersonas, aunque estos aparatos ya no sirven porque Moscú no dispone de red para su uso.

El temor a los drones ucranianos

Ante la inquietud de la población, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, se ha limitado a explicar que los cortes de internet son “contramedidas tecnológicamente avanzadas” para hacer frente a los métodos de ataque “cada vez más sofisticados de Ucrania”.

En declaraciones a elDiario.es, el ciberabogado ruso en el exilio Sarkis Darbinián ve muy probable que el Gobierno ruso tuviera indicios de alguna operación de la inteligencia ucraniana y haya optado por restringir totalmente las comunicaciones como medida de protección. De este modo, se intenta poner a salvo a los funcionarios de seguridad que viven y trabajan en Moscú, así como los edificios gubernamentales que podrían ser víctimas de atentados.

Este tipo de decisiones, perjudiciales para el bienestar de la sociedad y de la economía, llevan aplicándose en muchas zonas de Rusia desde junio de 2025. Afectan especialmente a localidades que albergan instalaciones estratégicas y donde las autoridades regionales, en lugar de custodiarlas con defensas antiaéreas, optan por la desconexión de la red. Algunos de estos municipios llevan meses sin internet.

Para el politólogo Yaroslav Ignatovski, el Gobierno está aplicando una “ley marcial informal”, en virtud de la cual “las pérdidas económicas y la disminución de la calidad de vida se reconocen como costes inevitables no sujetos a compensación, sino a adaptación administrativa.”

Desde el punto de vista de Darbinián, en Moscú, una metrópolis enormemente blindada, este bloqueo no es imprescindible. Si bien, apunta, “el miedo es tan grande que cada vez se están implementando más” soluciones similares sin contemplaciones. 

Y no solo eso, sino que, según el experto, estas “contramedidas” son del todo ineficaces. Los drones vuelan con tarjetas SIM y sin ellas son menos precisos, pero pueden navegar perfectamente. Es más, en la temida “operación telaraña”, este factor no importó porque los pilotos de los aparatos no tripulados estaban muy cerca y pudieron guiarlos sin errores.

El Kremlin no ha dado ninguna pista de cuánto se va a alargar esta excepcionalidad. Peskov dejó claro que durará “hasta que sea necesario” y añadió: “Creo que los ciudadanos de aquí no tienen ninguna duda de que la seguridad es primordial”.

Los moscovitas, resignados

Muchos moscovitas le dan la razón. O al menos eso dicen. A pocos pasos de la Plaza Roja, una joven que prefiere mantener el anonimato admite que la situación es “incómoda”, pero que “lo más importante es que todo el mundo esté sano y salvo” y que, con este fin, es capaz de “sufrir lo que convenga”. Antes de marcharse pregunta: “¿Me van a meter en la cárcel por decir esto?”, sembrando la duda de hasta qué punto las encuestas a pie de calle son sinceras y representativas en un país sin libertad de expresión.

Un grupo de universitarios explica que ahora mismo no pueden entrar en su facultad porque para ello utilizan una aplicación móvil. “Estamos acostumbrados a la comodidad y a la accesibilidad y esto es desagradable”, afirma Rustam. “La comunicación es un privilegio en nuestro país”, añade Stepán.

Las VPN se están convirtiendo en más que una simple forma de evadir la ley; son una forma de protesta civil

No muy lejos, camino del trabajo, Denís ve el lado positivo del bloqueo. “El 90% del tiempo que la gente está en internet ve tonterías, ahora tendrán más tiempo para hablar con los demás y pensar en la vida”. Dmitri también sostiene que la gente se ha vuelto “más sociable” y que ahora “se comunican en persona”. Además, concluye, el problema no es tan grave como parece ya que “hay wifi en todas partes”.

A pesar de la aparente indiferencia de los vecinos de Moscú, los partidos de la oposición sistémica son conscientes de que la conexión a internet es una cuestión sensible y será uno de los temas de la campaña de las elecciones parlamentarias del próximo otoño. De hecho, tampoco los políticos escapan a las restricciones: en la Duma, en los ministerios y en la administración presidencial no funcionan los móviles ni el wifi y han tenido que recuperar los teléfonos fijos, según admitió el mismo Peskov.

¿Una Rusia como Corea del Norte?

La gente de la calle ni se plantea la posibilidad de que estos cortes se conviertan en la norma. Desde el 1 de marzo, Putin ha dado potestad a los servicios secretos para limitar las comunicaciones cuando lo crean necesario, pero, según Darbinián, las medidas se acabarán levantando porque las autoridades todavía “no están preparadas” para el escenario iraní con “listas blancas permanentes”. Las listas blancas son un conjunto de recursos web elegidos por el Gobierno que están disponibles en caso de caída general de las conexiones.

Este sistema, anunciado hace meses en la prensa rusa, no está operando correctamente y los mismos funcionarios han asegurado que va a ampliarse incorporando nuevas páginas y plataformas. El Kremlin, por ejemplo, no quiere dejar de comerciar con el resto del mundo y no se puede permitir que el acceso a determinados bancos extranjeros esté completamente vetado. 

Otra cosa distinta es que las autoridades consigan echar a todas las plataformas que no estén dispuestas a colaborar con los servicios secretos ni a compartir datos de sus usuarios, como Telegram o WhatsApp. El abogado cree que “a finales de año” no quedará ninguna, y en el caso de Telegram, existe el temor de que ya en abril deje de funcionar completamente.

Para Darbinián, antes de 2027 hay “un gran riesgo” de que se materialice el objetivo perseguido desde 2012 por el Kremlin, acelerado por la guerra en Ucrania, de desconectar a Rusia del internet global. Un horizonte no muy lejano, a medio camino entre China y Corea del Norte.

VPN, la resistencia silenciosa

El experto ve muy factible que Roskomnadzor, el órgano rector de las telecomunicaciones en Rusia, pronto sea capaz de capar también las redes wifi domésticas. E incluso que lo haga de manera selectiva. “La censura se está personalizando”, asegura. Es por eso que uno de los objetivos de las autoridades va a ser perseguir a los usuarios que utilicen sistemas VPN, herramientas que permiten sortear la censura y conectarse a servidores europeos.

El Parlamento ruso cree que Roskomnadzor logrará inhabilitar todas las VPN en un máximo de seis meses. A este propósito se destina buena parte de los casi mil millones de euros del presupuesto federal para la construcción de un internet soberano. No obstante, Darbinián no cree que se salgan con la suya. 

“Las VPN se están convirtiendo en más que una simple forma de evadir la ley; son una forma de protesta civil”, declara, “no es realista esperar que los rusos salgan a protestar sabiendo que los van a encarcelar y torturar, pero sí podemos esperar que protesten con sus dispositivos”. Actualmente, calcula que un 30% de la población usa estas redes privadas, fundamentales para navegar por YouTube o Instagram y pronostica que a finales de 2026 lo hará un 50%.

Destaca también la resistencia de muchas personas a descargarse Max, la aplicación de mensajería supervisada por los servicios secretos, cuya implementación considera “un fracaso” incluso “bajo coacción”.

A pesar de las adversidades y de lo inevitable del rumbo del Kremlin, Darbinián es optimista. “Nadie está contento con lo que está pasando y aprovecharán cualquier oportunidad para recuperar el acceso a la información independiente”, concluye.