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Mensaje a los líderes europeos antes de la cumbre de la OTAN: nuestra seguridad no empieza por cuánto cuesta

Mariano Aguirre Ernst / Pierre Schori / Patrick Costello

3 de julio de 2026 21:33 h

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Los próximos 7 y 8 de julio se celebrará en Ankara la reunión de alto nivel de la OTAN en medio de serias tensiones entre EEUU y sus aliados europeos, más Canadá. La Administración Trump continúa presionándolos para que aumenten sus gastos en defensa, especialmente orientados a comprar más armas estadounidenses, al tiempo que Washington quiere mantener el control sobre su utilización.

Paralelamente, la Casa Blanca no ofrece garantías de seguridad al Gobierno de Ucrania y a los europeos en caso de que se llegase a un improbable acuerdo con Rusia sobre la guerra. Washington sigue esperando que Kiev acepte las condiciones de Moscú.

Por otra parte, el Memorándum de Entendimiento entre Washington e Irán es cada vez más frágil, el estrecho de Ormuz sigue cerrado y Trump repite sus críticas a los aliados por no apoyarle en su guerra con Israel contra Teherán.

Frente a esta complejidad, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, presiona a los europeos y canadienses para que se comprometan a comprar más armas estadounidenses en el marco de continuar aumentando el gasto en defensa, una medida que va en contra de fortalecer la independencia estratégica europea y de Canadá.

La única preocupación de Rutte es no perder a EEUU. Pero la Administración Trump no cesa de lanzar ofensivas: aranceles, tomar Groenlandia, interferencias en favor de las ultraderechas en las elecciones europeas, y amenazas a algunos gobiernos, incluyendo el español.

Tras los últimos 16 meses, ningún líder europeo serio puede afirmar con sinceridad que Europa no necesite replantearse su enfoque en materia de seguridad. Nos enfrentamos a la amenaza rusa procedente del este, agravada por su invasión de Ucrania; a la amenaza procedente del oeste, por parte de una administración estadounidense que busca un cambio de régimen en Europa (y en otros lugares); y lleva a cabo ofensivas y amenazas adicionales en el sur, provocadas por la guerra de EEUU e Israel contra Irán, y la guerra de Israel contra los palestinos.

El carro y los bueyes

El debate sobre lo que se necesita está en pleno apogeo, pero se centra casi exclusivamente (gracias a Trump) en cuánto dinero gastan los europeos en defensa. Esto es poner el carro delante de los bueyes. La UE y el Reino Unido, en conjunto, ya gastan más del triple que Rusia en defensa. Lo que necesitamos es ponernos de acuerdo sobre un concepto estratégico y, a continuación, analizar qué se necesitaría para financiarlo. Si Europa se encuentra ahora amenazada por EEUU, no debería gastar grandes sumas de dinero en aviones, artillería y equipos de defensa antimisiles controlados y mantenidos por Washington, ni aceptar, como ha hecho Suecia, conceder a las fuerzas armadas estadounidenses el control total de 17 bases militares y campos de entrenamiento repartidos por todo su territorio.

Un nuevo concepto estratégico debería partir de la constatación de que Europa se encuentra atrapada entre potencias hostiles

Un nuevo concepto estratégico debería partir de la constatación de que Europa se encuentra atrapada entre potencias hostiles (EEUU y Rusia). La amenaza rusa es evidente, aunque requiera un análisis minucioso. La amenaza estadounidense resulta más difícil de aceptar para muchos líderes europeos debido al papel histórico de EEUU como aliado clave en materia de defensa y hegemón de la OTAN.

Europa debe comprender que la actual Administración estadounidense es profundamente hostil con la UE y que no se trata de una aberración pasajera. Europa representa una alianza de democracias basada en el poder blando y un sistema jurídico de reglas y normas para el sector privado. Esto resulta políticamente inaceptable para una parte importante de la clase política estadounidense y, desde el punto de vista económico, inaceptable para su sector tecnológico dominante. Como afirma Peter Thiel, director ejecutivo de Palantir, las normas son el “nuevo anticristo”.

Esferas de influencia

La visión global de la Administración Trump, tal y como se expone con tanta claridad en la Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre pasado, tiene muchos puntos en común con la de Rusia. Ambas quieren volver a un mundo de competencia entre grandes potencias en el que el derecho internacional sea sustituido por las esferas de influencia de dos o tres grandes países, y en el que el equilibrio entre ellos venga determinado por su fuerza relativa.

Como está demostrando Ucrania, en esta visión del mundo Europa se convierte en el campo de batalla donde se decide dónde termina la esfera de influencia rusa y dónde comienza la estadounidense. A veces, parece que EEUU considera a Europa como parte integrante de la esfera de influencia rusa. Cualquier estrategia europea debe partir del rechazo a convertirse en un actor dependiente de cualquiera de las dos.

También es necesario reforzar las redes de diplomacia preventiva y mediación para facilitar las tan necesarias negociaciones y el diálogo por vías extraoficiales que ayuden a resolver conflictos como el de Ucrania

La estrategia de Europa debería centrarse en proteger el territorio, pero también en proteger la democracia, los derechos humanos, el derecho internacional y el multilateralismo como elementos esenciales para nuestros intereses. Estos valores son fundamentales porque Europa es un conjunto de potencias medias unidas por normas y valores. Si los perdemos, Europa se desmoronará; si los reforzamos, también reforzaremos nuestras alianzas con la abrumadora mayoría de los países del mundo que, al igual que nosotros, no tienen ningún interés en un mundo dominado por superpotencias.

Democracia, justicia social y multilateralismo

Nuestra capacidad para protegernos debería basarse, por tanto, en la seguridad defensiva, disuadiendo a quienes nos amenazan, en lugar de ser un socio subordinado de una potencia ofensiva global. Esto tiene importantes implicaciones para las herramientas y arsenales que necesitamos: armas de fuego, drones y munición, pero también la diplomacia, el comercio, la ayuda al desarrollo, la acción humanitaria y el compromiso con el derecho internacional y con la totalidad del sistema multilateral que ahora se encuentra en peligro.

También es necesario reforzar las redes de diplomacia preventiva y mediación para facilitar las tan necesarias negociaciones y el diálogo por vías extraoficiales que ayuden a resolver conflictos como el de Ucrania. Deberíamos revisar los importantes conceptos desarrollados durante la Guerra Fría, como la seguridad común (tal y como la concibió la Comisión Palme en la década de 1980), la defensa civil no militar y las medidas de fomento de la confianza (MFC).

Paralelamente, Europa debería invertir en lo que ahora son negociaciones urgentes sobre el control de armamento para las nuevas generaciones de armamento nuclear, de inteligencia artificial y otras armas de alta tecnología. Ya es hora también de impulsar la reanudación de las negociaciones sobre desarme nuclear tras la expiración de los tratados vigentes. Hoy en día hay 12.241 armas nucleares, cada una con una potencia explosiva miles de veces superior a la de la bomba que destruyó Hiroshima.

Una nueva estructura de seguridad

Una vez que sepamos qué necesitamos, podremos desarrollar las estructuras necesarias para hacerlo realidad. Es muy probable que estas impliquen algún tipo de combinación entre la UE, el pilar europeo de la OTAN y, posiblemente, una nueva estructura que facilite la inclusión de participantes no pertenecientes a la UE. Algunos hablan de un Consejo de Seguridad Europeo, otros de reactivar la Unión Europea Occidental.

Por último, pero no por ello menos importante, Europa debería examinar detenidamente los enormes ahorros y la mayor eficiencia que se podrían lograr al unificar las 27 industrias armamentísticas nacionales y los procesos de adquisición.

Solo tras este análisis exhaustivo estará Europa en condiciones de cuantificar el coste de su seguridad futura. Sin ello, si partimos del presupuesto, aumentaremos sin darnos cuenta nuestra dependencia en materia de seguridad al comprar más armas estadounidenses. Peor aún, correremos el riesgo de intentar pagar nuestra seguridad a costa del modelo social y democrático que pretendemos proteger. Como dijo Cicerón: “Ubi bene, ibi patria”. Donde prospero, allí está mi patria.

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Una versión previa de este artículo fue publicada en Encompass (Bruselas).

Pierre Schori es exviceministro de Asuntos Exteriores de Suecia, exembajador ante la ONU y exvicepresidente de Política Exterior del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo.

Patrick Costello es exfuncionario de la UE en la Comisión, el Parlamento y el Servicio de Acción.

Mariano Aguirre Ernst es investigador del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona, miembro asociado de Chatham House y asesor en materia de seguridad de la Fundación Friedrich Ebert.