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Más allá de Ormuz, los otros estrechos clave que garantizan la estabilidad mundial (y que pueden romperla)

El estrecho de Ormuz, convertido en la principal arma de la guerra en Irán, ha evidenciado la importancia de los estrechos para la estabilidad geopolítica y el comercio de energía y mercancías que sostienen la economía global. 

La importancia de esos cuellos de botella, que conectan océanos, mares y mercados y permiten a los barcos llegar más rápidamente a distintas partes del mundo, no depende de su tamaño, sino de lo difícil que resulta sustituirlos y la distancia marítima que logran acortar. “Los estrechos más importantes son los llamados sistémicos, es decir, los que no tienen una alternativa si el tránsito queda bloqueado”, explica a elDiario.es el investigador en Geopolítica Global y Seguridad Víctor Burguete, del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). En segundo lugar, el experto señala la importancia que tienen “a nivel regional por un producto específico o en términos militares”.

Malaca

El Estrecho de Malaca, situado entre Malasia e Indonesia, es el paso marítimo más transitado del mundo y uno de los más peligrosos, con alta amenaza de la piratería. Conecta el océano Índico con el mar de China Meridional y el océano Pacífico, lo que lo convierte en “la gran puerta de acceso a Asia, sobre todo a China, pero también a Japón y Corea” y en una ruta comercial “esencial” entre Asia y Europa, dice Burguete. “Si se cerrase, lo primero que hay que ver son las alternativas”.

Por este paso circularon, según la Administración de Información Energética de EEUU (EIA, por sus siglas en inglés), unos 23,2 millones de barriles de petróleo en el primer semestre de 2025, cifra equivalente a cerca del 29% del flujo mundial de crudo por vía marítima. Casi el 80% de las importaciones de petróleo de China pasan por este punto, por lo que el gigante asiático no quiere perder su control y, de cerrar, su economía podría hundirse. Según el investigador, en caso de conflicto bélico entre China y EEUU por el dominio marítimo en la región, la circulación por el paso podría verse afectada “de forma grave”, y el gigante asiático enfrentaría “una serie de limitaciones para alcanzar la salida al Índico o al Atlántico”.

Ormuz

Epicentro de la guerra entre Estados Unidos e Irán, el estrecho de Ormuz, que tiene entre 60 y 100 kilómetros de ancho, conecta el Golfo Pérsico, al sudoeste, con el Golfo de Omán, al sureste, y el Océano Índico. Por él circula cerca del 20% del petróleo y gas licuado del planeta y su bloqueo —la mayor interrupción del suministro de petróleo de la historia— ha tenido efectos en el comercio mundial, especialmente en el precio de los combustibles. 

El volumen de tráfico marítimo por este paso se había retomado de forma progresiva después de que EEUU levantara su bloqueo tras la firma del memorando pactado con Irán, pero este sábado Teherán anunció un nuevo cierre. El Ejército iraní denunció a Washington por “flagrante incumplimiento” de los términos del acuerdo preliminar al haber sido incapaz de impedir la continua ofensiva israelí en Líbano que entre el viernes y el sábado dejó más de un centenar de muertos.

Más allá de cuándo se pueda reabrir Ormuz, el gremio de propietarios independientes de buques tanque alerta de que la reactivación total tomará meses, pues el centro del estrecho está bloqueado por unas 80 minas que deben ser retiradas para que se reanude la navegación normal.

Entre los puntos del principio de acuerdo que generan más confusión hay la posibilidad de cobrar peajes (pago por el paso) o tarifas (por servicio prestado) por parte de Irán. Donald Trump ha asegurado que “no habrá peajes” durante los 60 días del periodo de alto el fuego, “ni tampoco después de que expire ese plazo”.

Aunque Irán había dicho que no cobraría “peajes de tránsito”, pero sí podría cobrar “tarifas” sin especificar qué servicios prestaría en el paso, este domingo el ministro de Exteriores paquistaní, Ishaq Dar, ha asegurado que “no se cobrarán tasas, ni de tránsito ni de servicio” en Ormuz, y ha añadido que “actualmente hay barcos navegando en ambas direcciones”, desmintiendo que esté cerrado, como anunció ayer Irán.

La legalidad de cobrar por pasar a través de una vía marítima natural ha sido cuestionada por expertos en la materia (en vías navegables artificiales, los estados ribereños administradores de los canales sí prestan servicios e infraestructura) y ha generado preocupación entre los líderes mundiales, quienes temen que Ormuz nunca recupere su estado anterior a la guerra.

“Ormuz afecta no solamente al crudo iraní, sino también a los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait, Irak y Baréin”, apunta Burguete, que menciona varias dificultades para encontrar alternativas para estos países.

Para el investigador del Real Instituto Elcano Federico Steinberg, el estrecho de Ormuz es “vital y estratégico” y “tiene difícil sustitución”, aunque —admite— es verdad que el precio del petróleo “ha subido menos de lo que se preveía” porque ha sido posible extraer petróleo del Golfo a través de oleoductos que ha puesto en marcha, sobre todo, Arabia Saudí, y de aumentos de producción en otros países.

Al igual que Malaca, el control sobre el estrecho de Ormuz no depende de una única bandera. Burguete explica que esto es consecuencia de “un intento deliberado de las grandes potencias por no entregar a un solo país el poder geopolítico de cerrar una ruta de navegación clave”. Cuando los británicos se retiraron de estos territorios, “se preocuparon de dividir la Península Arábiga para no tener la emergencia de un gran poder que pudiese controlar la zona”.

Bab el-Mandeb, Canal de Suez y Canal de Panamá

Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y es la puerta de entrada de la ruta más corta entre Europa y Asia. Situada entre el cuerno de África y la península arábiga, se ha convertido en una amenaza latente para la seguridad marítima por la creciente presencia de milicias hutíes de Yemen, aliadas de Irán, que han atacado embarcaciones y amenazan con cerrar el paso. Además del comercio, su importancia radica también en los flujos migratorios que atraviesan la región del Cuerno de África, afectada por conflictos armados, hambrunas y desplazamientos forzados.

El canal de Suez, que une el mar Mediterráneo con el mar Rojo, conecta Asia y Europa sin tener que rodear África a través del Cabo de Buena Esperanza, lo que solía implicar 24 días de navegación frente a las 16 horas que se tarda, de media, en cruzar el canal. Aproximadamente el 12% del comercio marítimo global, incluido el 10% del petróleo, transita por este paso. En 2021, el bloqueo de siete días provocado por el buque Ever Given, que quedó encallado en medio del paso y detuvo el comercio de medio planeta, provocó pérdidas billonarias. Controlado por Egipto, que lo opera y cobra tarifas por utilizarlo, ha sido objeto de ataques por parte de los hutíes en respuesta a la guerra de Israel contra Hamás en Gaza.

“Bab el-Mandeb y el Canal de Suez están en segunda línea de importancia porque, pese a ser relevantes, tienen una alternativa: Estrecho de Buena Esperanza. Es más costoso, más largo e implica disrupciones temporales en las cadenas globales de valor, pero las mercancías llegan”, explica el analista.

Bab el-Mandeb y el Canal de Suez están en segunda línea de importancia porque, pese a ser relevantes, tienen una alternativa

El Canal de Panamá no es un estrecho como tal, pero con sus 82 kilómetros de ancho, funciona como si lo fuese: conecta los océanos Pacífico y Atlántico y acorta la ruta sin tener que rodear Sudamérica. Gestiona alrededor del 2,5% del comercio marítimo mundial, una proporción modesta, pero concentrada en carga estratégica. Para Estados Unidos es un paso clave porque transporta el 40% de todos sus envíos en contenedores. La drástica disminución del agua en los embalses de agua dulce del canal provocada por las sequías en 2023 y 2024 obligó a restringir el número y el tamaño de los buques. En 2025, Donald Trump amenazó con tomar su control ante la creciente gestión de China en algunos de sus puertos.

“Estados Unidos, cuenta Burguete, es el mayor usuario del canal: lo utiliza para conectar la costa este y oeste, tanto a nivel de comercio como a nivel militar, por lo que tener que dar la vuelta por el cabo de Hornos, no es buena estrategia ni por tiempo ni por dificultades de la navegación”.

Estrechos daneses y turcos

Los estrechos turcos del Bósforo y Dardanelos son la única vía marítima entre el mar Negro y el Mediterráneo, además de dividir la ciudad de Estambul en dos continentes: Europa y Asia. Por ellos transita el 3% del comercio marítimo mundial, con peso importante del gas, fertilizantes y grano (incluido el 20% de las exportaciones globales de trigo desde Ucrania y Rusia hacia Europa y África). En el contexto de la guerra, su valor estratégico se ha incrementado. Turquía controla el acceso militar al estrecho, un poder que Ankara ha utilizado desde la invasión rusa de Ucrania en 2022 para restringir el movimiento de buques de guerra, manteniendo abierto el tráfico comercial.

“A nivel militar y en el ámbito regional es importante el control del estrecho de los Dardanelos y el Bósforo por parte de Turquía, que puede cerrar el acceso a Rusia a las aguas calientes del Mediterráneo”, señala el experto del CIDOB. A través de este embudo, Moscú exporta su petróleo al mundo.

Durante cuatro siglos Dinamarca cobró peajes marítimos por el paso por los estrechos daneses: el Øresund, el más oriental; el Gran Cinturón (Storebælt), el canal principal y el más ancho entre el mar Báltico y el océano Atlántico, situado en el centro del país; y el Pequeño Cinturón (Lillebælt), el más occidental y estrecho de los tres. Desde 2021, el volumen de petróleo que transita por las aguas danesas ha aumentado un 58% y ahora que el estrecho de Ormuz está inoperativo, el país nórdico se ha convertido en el tercero del mundo por donde pasa un mayor volumen diario de petróleo —sin el bloqueo virtual de Irán, el estrecho danés ocuparía el cuarto lugar—.

Intereses del futuro: ¿Bering y Magallanes?

Ubicado donde el Pacífico Norte se une con el Océano Ártico, el de Bering es un estrecho que captará el interés en un futuro. El deshielo del Polo Norte, provocado por el cambio climático, permitirá abrir rutas marítimas más cortas y baratas. Situado entre Siberia y Alaska, es decir, entre Rusia y Estados Unidos, es un paso que las potencias mundiales tienen en su radar y como próximo elemento en disputa, además de otra de las razones por las que Trump muestra tanto interés por Groenlandia.  

A pesar de sus pocos kilómetros, puede provocar una crisis a escala global. “Irá cada vez a más”, dice Bruguete. “Será un punto de control, porque estamos entrando en un contexto geopolítico en el cual la geografía y el control y acceso a los recursos naturales es cada vez más importante”. 

Para el académico de la Universidad de Chile Gilberto Aranda, en el contexto actual de tensiones entre China y Estados Unidos “el Estrecho de Magallanes y otras rutas que conecten el Atlántico con el Pacífico recuperarán cierta vitalidad”. 

El Estrecho de Magallanes y otras rutas que conecten el Atlántico con el Pacífico recuperarán cierta vitalidad

El estrecho de Magallanes, localizado en la Patagonia, en la isla Grande de Tierra del Fuego, fue junto con el Canal Beagle, una de las pocas rutas marítimas entre el Atlántico y el Pacífico antes de la construcción del Canal de Panamá. Esta ruta de mar abierto, con fuertes vientos huracanados, icebergs y corrientes marítimas, abre una ruta “crucial” a “un continente helado y rico en minerales críticos”, dice Aranda. 

Según él, “los espacios que quedan más cerca de la Antártida, aun cuando están a muchas millas náuticas, se convertirán en puntos muy codiciados por las potencias tanto globales como regionales”. En el último tiempo, explica, Estados Unidos ha intentado llegar a acuerdos con países próximos al estrecho, como Argentina, y eventualmente podría ser con Chile, “para ir cerrando el hemisferio americano a otros competidores”.

Sin embargo, cierra Steinberg, más allá de la notoriedad que puedan adquirir estos estrechos, su evolución “irá despacio” y requerirá “estructurar” las nuevas rutas, por lo que “será difícil sustituir la concentración de petróleo en el Golfo”.