El 'estrecho de Ormuz' de los países nórdicos: casi el 5% del petróleo mundial pasa por Dinamarca
Cuando Peer Henrik Hansen observa el mar desde la isla de Langeland, en el sur de Dinamarca, asegura que algo ha cambiado. “Hay mucho más tráfico marítimo”, dice a elDiario.es este historiador especializado en la Guerra Fría. En el horizonte se ven varios barcos con centenares de contenedores apilados atravesando el estrecho del Gran Cinturón (Storebælt) que, con 10 kilómetros de ancho, representa una vía clave del tránsito marítimo mundial que conecta el mar Báltico con el océano Atlántico.
Un nuevo informe de la patronal naviera danesa Danske Rederier corrobora lo que Hansen ve en el mar: el volumen de petróleo que transita por aguas danesas ha aumentado un 58% desde 2021. Esto supone que en el primer trimestre de 2025 pasaron 4,9 millones de barriles de petróleo diarios por el estrecho danés, superando al canal de Suez, lo que equivale al 4,7% del consumo mundial de crudo.
El aumento del tráfico marítimo ha convertido al país nórdico en el tercero del mundo por donde pasa un mayor volumen diario de petróleo, especialmente ahora que el estrecho de Ormuz está inoperativo –sin el bloqueo virtual de Irán, el estrecho danés ocuparía el cuarto lugar.
La razón del impulso de esta nueva vía tiene que ver con el intento de sortear las sanciones impuestas desde 2022 por la Unión Europea, Reino Unido y Estados Unidos al crudo extraído en Rusia, que ha obligado a Moscú a buscar nuevos compradores, principalmente China e India. La ruta marítima que hace el petróleo sancionado empieza en las refinerías rusas del golfo de Finlandia y atraviesa el mar Báltico, pasando por las islas danesas, hasta llegar al Atlántico.
Al mismo tiempo, países como Alemania, Polonia y Finlandia obtienen el petróleo de Noruega o EEUU en lugar de Rusia, lo que incrementa aún más el volumen de crudo que transita por las aguas de Dinamarca. Pero para el país nórdico, que está lejos de beneficiarse de este aumento, la situación plantea varios desafíos.
“Un cóctel potencialmente muy peligroso”
Lo que preocupa a las autoridades marítimas danesas no es el volumen de crudo que circula por su costa, sino cómo se transporta. Gran parte del petróleo ruso navega en barcos que forman parte de lo que se conoce como la “flota en la sombra”. Estos buques suelen tener más de 15 años de antigüedad, están en mal estado y navegan bajo bandera de países que no controlan el cumplimiento de las normas internacionales de seguridad y medioambientales.
“Muchos de ellos tampoco llevan un seguro adecuado y cuando se trata de un barco viejo, con un seguro deficiente, ¿quién pagará la factura si hay un derrame?”, se pregunta en una conversación con este periódico Jessica Larsen, experta en seguridad marítima en el Instituto Danés de Estudios Internacionales (DIIS).
Por primera vez, la Autoridad Marítima Danesa ha contabilizado el tráfico de la “flota en la sombra” durante un año y ha reconocido que solamente en 2025 se registraron 292 viajes de estas embarcaciones por el estrecho danés. Sin embargo, el tamaño de la flota es difícil de determinar para los expertos, aunque la UE ha conseguido elaborar una lista con 598 embarcaciones sancionadas. La dificultad radica en que “la flota en la sombra está en constante evolución para adaptarse al régimen de sanciones”, explica Yevgeniy Golovchenko, profesor adjunto e investigador en la Universidad de Copenhague.
“Al principio, muchos buques navegaban con banderas de conveniencia para escapar de la vigilancia, pero con las sanciones esto se ha vuelto más difícil, por lo que ahora algunos buques ni siquiera llevan una bandera oficial”, dice a elDiario.es. El experto sostiene que “cada buque puede transportar miles de barriles de petróleo, lo que constituye un cóctel potencialmente muy peligroso”.
Otro recurso que utilizan los buques para esquivar los controles “es el cambio de nombre, incluso cuando están en navegación, de esta forma es difícil saber quién es el propietario”, añade la investigadora Jessica Larsen. Por supuesto, “también falsifican la documentación sobre el origen del crudo, por lo que es un proceso lento y difícil poder controlarlos”. Apunta que, en este contexto, “se produce una paradoja”: “El régimen de sanciones ha hecho florecer este mercado negro de petróleo, lo cual es una situación lamentable”.
El régimen de sanciones ha hecho florecer este mercado negro de petróleo, lo cual es una situación lamentable
Golovchenko atribuye el aumento de la flota en la sombra en aguas danesas al hecho de que “la economía rusa depende en gran medida de la exportación de petróleo crudo y estos buques la mantienen a flote”. Del mismo modo, para Moscú, el comercio del petróleo sancionado “desempeña un papel crucial para sostener la invasión de Ucrania, porque el dinero se utiliza para financiar la guerra, reclutar a más soldados, pagar sus salarios y comprar arsenal nuevo”, añade.
Un estudio del Instituto Brookings con sede en Washington revela que la flota en la sombra transporta aproximadamente 3,7 millones de barriles de petróleo al día, lo que supone el 56% de las exportaciones de petróleo crudo de Rusia en la actualidad. Este comercio genera unos ingresos anuales de entre 80.000 millones de euros y 92.000 millones de euros, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
“Guerra híbrida” en el mar
Algunos expertos también creen que la flota clandestina actúa como parte de lo que definen como una “guerra híbrida” de Rusia contra los países del mar Báltico que forman parte de la OTAN. Jessica Larsen apunta que, cuando se cortan cables de telecomunicación en el lecho marino, “no se pueden descartar que los accidentes sean deliberados”. De la misma forma, se sospecha que “algunas embarcaciones pueden realizar tareas de vigilancia” mientras navegan por aguas danesas.
Para ocultar sus actividades, es frecuente que estos barcos apaguen los sistemas de identificación automática con el objetivo de evitar ser detectados y desaparecer del radar.
La economía rusa depende en gran medida de la exportación de petróleo crudo y estos buques la mantienen a flote
Un informe reciente de los Servicios de inteligencia de la Defensa daneses (FE) apuntaba al riesgo que supone la flota en la sombra y mencionaba un episodio ocurrido durante la primavera de 2025, en el que Rusia desplegó varias embarcaciones militares en el golfo de Finlandia para evitar que la Guardia Costera de Estonia interceptara a un barco sospechoso: “Este episodio no evolucionó hacia un enfrentamiento militar, pero situaciones similares pueden comportar el riesgo de tener enfrentamientos entre barcos y aviones militares de Rusia y países de la OTAN en el mar Báltico”, indicaba el informe de Inteligencia.
Más recientemente, la Guardia Costera de Suecia ha abordado en cinco ocasiones a petroleros sospechosos de formar parte de la flota en la sombra. Sin embargo, la intervención de las autoridades marítimas no es tan sencilla. En el caso de Dinamarca, aunque el estrecho del Gran Cinturón es territorio danés, legalmente los estrechos son aguas internacionales y, mientras un barco permanezca en la ruta marítima sin infringir la ley, las autoridades danesas no pueden abordarlo sin el consentimiento del Estado de su bandera. Además, “se necesita mucho para que un barco infrinja la ley”, dice Jessica Larsen, ya que “no es ilegal en sí mismo navegar con petróleo sancionado y tampoco lo es navegar sin seguro”.
De vuelta a la isla de Langeland, Peer Henrik Hansen no es el único que vigila lo que ocurre en el mar. Como si se tratara de pájaros o aviones, en Facebook han surgido grupos de observadores aficionados que siguen a los barcos que pasan por el Gran Cinturón. “No pasan desapercibidos por nadie, son como grandes montañas flotantes”, dice Hansen, que a veces también reconoce a embarcaciones militares tanto danesas como rusas.
Hansen es el director del Museo de la Guerra Fría de Langeland, que se encuentra en una fortaleza militar danesa construida en 1952, que en su día estuvo equipada con cañones y radares apuntando al mar. “Su objetivo principal era mantener el control de los barcos que navegaban por el Báltico, sobre todo los de la URSS”, cuenta el historiador. “Lo que estamos viendo ahora no es muy diferente de lo que sucedió durante la Guerra Fría”.
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