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Análisis

El principal partido ultra de Dinamarca ha multiplicado por cuatro sus votos: ¿qué esconde su crecimiento?

El presidente del Partido Popular danés, Morten Messerschmidt, celebra los resultados electorales este martes.

Òscar Gelis Pons

Copenhague —
25 de marzo de 2026 22:06 h

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Una treintena de coches hacen fila en una gasolinera en las afueras de Copenhague en la mañana en que se celebran las elecciones generales en Dinamarca. A primera hora de un día laborable, esto crea un caos de tráfico considerable, al que la policía tiene que ir a poner orden. La imagen se repite en 200 gasolineras del país nórdico, que no es ajeno a la subida del precio de los combustibles por el conflicto en Irán.

Antes de que abrieran los colegios electorales en los que 4,3 millones de daneses estaban llamados a las urnas, el líder del ultraderechista Partido Popular Danés (DF), Morten Messerschmidt, anunciaba en su perfil de Instagram que la formación ofrecía carburante con un descuento de 0,45 euros el litro para la gasolina, y de 0,30 euros para el diésel entre las 7 y las 10 de la mañana. El descuento para el consumidor lo pagaba la formación ultra a la empresa de distribución de combustible.

En las gasolineras se ven representantes del partido ultraderechista con banderas y folletos que intentan convencer a los conductores para que les den su voto. La iniciativa del partido ultraderechista ha funcionado a la perfección, y las imágenes de los coches haciendo cola para repostar corren por todos los medios de comunicación y en los teléfonos móviles de los ciudadanos durante el día de las votaciones.

La ley electoral danesa permite esta estrategia insólita, sin que Messerschmidt corra el riesgo de ser acusado de intentar comprar votos durante la jornada electoral. En estas elecciones, la formación ultra ha centrado la campaña electoral en denunciar la subida del coste de la vida y en rechazar el avance de las energías renovables, en contraposición a bajar los impuestos en los carburantes. Y, teniendo en cuenta los resultados que obtuvieron en el recuento de votos, el mensaje de DF convenció de lleno a los votantes.

Un cambio generacional

La noche electoral de este martes se recordará en la sede del DF como la jornada en la que multiplicaron por cuatro sus resultados, consiguiendo un 9,1% de los votos y subiendo 11 escaños en el hemiciclo hasta llegar a 16 representantes. Pese a esto, lejos quedan los resultados de 2015, cuando DF consiguió ser la segunda fuerza en el parlamento con 37 diputados, en medio de la crisis de los refugiados en Europa por la guerra en Siria.

Desde entonces, los votos de la formación ultra han ido disminuyendo en cada votación, en una travesía del desierto que hizo peligrar en 2019 y en 2022 su representación en el Parlamento por apenas llegar al 2% de los votos. Al mismo tiempo que el partido entraba en declive, los socialdemócratas liderados por Mette Frederiksen adoptaron una línea dura en materia de inmigración lo que, según algunos analistas, ha contribuido a contener el avance de la ultraderecha en los últimos años. Otros argumentan que no ha sido la posición migratoria de los socialdemócratas, sino la fragmentación en el espectro de la extrema, junto a otros factores, lo que ha permitido contener su crecimiento.

En ese sentido, la victoria de anoche se considera el resurgir de los ultras en Dinamarca, gracias a una nueva generación de líderes, con Messerschmidt (45 años) a la cabeza del partido. Abogado de profesión y diputado de la formación desde el año 2007, Messerschmidt fue nombrado líder del Partido Popular Danés en enero del año 2022. Desde entonces, se ha hecho un hueco en la escena política por su estilo controvertido y por abogar por medidas muy duras en contra de la inmigración. En esta campaña su partido lanzó como condición para dar su apoyo en la formación de un gobierno que Dinamarca denegara la inmigración de personas procedentes de países musulmanes.

En materia económica, el partido defiende subir las pensiones y mantener unos servicios sociales públicos de calidad, pero priorizando a los ciudadanos daneses. En cuanto al apoyo a Ucrania, el DF es el único del hemiciclo que ha cuestionado la ayuda enviada a Kiev, proponiendo darla a través de préstamos en lugar de donaciones. Y, respecto a la cuestión de Groenlandia, la formación mantiene un enfoque ultranacionalista de la soberanía danesa, proponiendo abolir las leyes autonómicas del territorio ártico.

La ultraderecha, estancada en votos pese al auge del DF

Sin embargo, el renacer de su partido no se entiende sin el giro que ha hecho la formación. Según los analistas, en estas elecciones hay indicios de que las políticas migratorias ya no motivan a los votantes del DF como lo hacían antes. En cambio, Messerschmidt se ha alzado como una figura que protesta contra las élites.

Según las encuestas de opinión, la inmigración no es la principal preocupación de los votantes del DF, en cambio, nueve de cada diez votantes afirman tener muy poca confianza en los gobernantes y aseguran no entender a los políticos: “Estas elecciones han ido en parte sobre inmigración, pero han sido más significativos los debates sobre el coste de la vida, un tema en el que el Partido Popular Danés ha mostrado mucho interés”, decía el politólogo de la Universidad de Aarhus, Rune Stubager.

Mirando con una perspectiva más amplia los resultados electorales, los analistas cuestionan que el resurgimiento del Partido Popular Danés, que quiere ser clave en las negociaciones si existe la posibilidad de formar un gobierno en el bloque conservador, indique un auge de la extrema derecha en el país escandinavo: “Los votantes daneses no se han inclinado más hacia la derecha”, asegura Stubager. “Si combinas los votos de las tres formaciones escépticas con respecto a la inmigración que se presentaban en las elecciones, dan entre 13 y 16 diputados, los mismos que hace 20 años”.

Con todo, en las zonas menos pobladas del país nórdico, especialmente en la costa occidental de Jutlandia y en el interior de Zelanda, el DF ha consolidado sus principales feudos electorales. En esta campaña, el partido ha denunciado el avance de las energías renovables, un asunto que genera malestar en determinadas comunidades. La formación sostiene que la sustitución de tierras agrícolas y ganaderas por parques eólicos es uno de los principales factores detrás del despoblamiento de estas áreas.

El candidato de DF para el municipio de Tønder (7.477 habitantes), Allan Svendsen, lo explicaba afirmando: “Somos el baluarte contra las tonterías climáticas y contra el hecho de pedir perdón por querer vivir una vida completamente normal con un coche, bistecs de ternera y calefacción de leña; no nos deberíamos avergonzar de esto”, decía en una entrevista para el medio Weekendavisen. En este municipio, cerca de la frontera con Alemania, la suma de las dos formaciones populistas de derechas que se presentaban en las elecciones (DF y Demócratas de Dinamarca) ha obtenido un 25% de los votos, superando a los socialdemócratas y a los liberales.

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