Elecciones en Dinamarca: la primera ministra socialdemócrata busca un tercer mandato tras la crisis de Groenlandia
Las calles de Copenhague están repletas estos días de carteles electorales con la cara de la primera ministra Mette Frederiksen, que busca conseguir un tercer mandato al frente del partido socialdemócrata en las elecciones generales de este martes. Las votaciones tenían que ser en otoño de este año, pero hace cuatro semanas Frederiksen anunció por sorpresa que las adelantaba al 24 de marzo, aprovechando su subida de popularidad en las encuestas tras su postura de firmeza respecto a Groenlandia frente a Donald Trump.
Antes de la crisis con la Casa Blanca, el apoyo a los socialdemócratas se había desplomado y los partidos políticos buscaban un relevo para la primera ministra. Ahora se prevé, sin embargo, que los socialdemócratas vuelvan a ser el partido más votado, y si Frederiksen consigue volver a liderar el Ejecutivo danés, se convertirá en la dirigente más duradera del país nórdico desde la Segunda Guerra Mundial.
Los últimos sondeos ofrecidos por la televisión pública DR prevén, en todo caso, un mal resultado para el partido de Frederiksen, que podría perder hasta 16 escaños en el Parlamento. Muchos votantes critican que el partido ha aplicado una política demasiado de derechas, como resultado de formar un gobierno de coalición con el partido Liberal y el Moderado. Los sondeos apuntan a que esta coalición de centroderecha ya no se podría repetir.
En cambio, las encuestas vaticinan que la formación que está en auge es la Izquierda Verde, tras haber conseguido en las últimas elecciones municipales de noviembre la alcaldía de Copenhague, un cargo que los socialdemócratas habían mantenido durante más de un siglo. En el bloque de los partidos conservadores, se esperan unos buenos resultados del ultraderechista Partido Popular Danés, que aspira a convertirse en la segunda fuerza conservadora en el Parlamento por detrás del partido Alianza Liberal.
Consciente de la pérdida de votos que están sufriendo por la izquierda, Frederiksen ha centrado la campaña electoral en el bienestar social, la lucha contra la desigualdad y el aumento del coste de la vida. En cambio, la crisis con Washington por Groenlandia o el rearme en defensa (con un gasto en torno al 3,5% del PIB) son temas que apenas han aparecido en campaña, ya que hay un consenso bastante amplio sobre estos temas entre las formaciones del arco parlamentario.
El giro hacia la izquierda de los socialdemócratas tampoco se ve en las políticas migratorias que proponen para la siguiente legislatura. Dinamarca, además de tener una de las leyes de asilo más restrictivas de Europa, ha propuesto deportar a los extranjeros condenados a un año o más de cárcel por delitos penales y tomar medidas para impedir la futura llegada de refugiados desde Irán.
Lucha contra la desigualdad
Las elecciones generales se celebran en un contexto en el que, a pesar de la inestabilidad geopolítica y económica global, el país nórdico sigue teniendo un estado del bienestar muy generoso, con unos buenos servicios públicos. Pero al mismo tiempo, el Gobierno ha aprobado recientemente subir la edad de jubilación a los 70 años, la edad más alta en la UE. A nivel económico las cosas van bien, con una cifra de paro casi inexistente y un crecimiento relativamente sólido, en torno al 2% anual entre los años 2025-2026, según su Banco Central. La deuda pública también está controlada, lo que ha permitido a Frederiksen financiar el rearme en defensa sin hacer recortes en los servicios y ayudas públicas.
La promesa de un impuesto a los más ricos pretende claramente volver a atraer a los votantes que los socialdemócratas han perdido
Una de las promesas clave de los socialdemócratas en la campaña ha sido introducir un impuesto a los patrimonios más ricos como medida para luchar contra la creciente desigualdad. El impuesto servirá para financiar una ambiciosa reforma de la escuela pública que prevé reducir la tasa de alumnos por clase en los primeros cursos de la escuela primaria a 14 estudiantes. “Este programa pretende claramente volver a atraer a los votantes que los socialdemócratas han perdido”, dice Rune Stubager, politólogo en la Universidad de Aalborg.
El otro tema que ha centrado más atención durante la campaña ha sido la contaminación del agua potable como resultado de los pesticidas que usan las granjas de la industria porcina. Dinamarca, que tiene 5,9 millones de habitantes, produce al año alrededor de 28 millones de cerdos, casi cinco veces más que su población, de los cuales el 90% se destina a la exportación, lo que sitúa al país nórdico como el sexto mayor exportador de productos porcinos en el mundo.
“Hay un enorme debate sobre la cantidad de estiércol que se puede esparcir en los campos para evitar la contaminación de las aguas potables, porque si se limita tendrá repercusiones inmediatas en la cantidad de cerdos que se puedan producir, y por lo tanto, traerá consecuencias económicas”, explica Stubager. La mayoría de partidos defiende prohibir el uso de pesticidas en las zonas que sean más vulnerables a contaminar el agua, pero la extrema derecha se opone a ello, al igual que el partido liberal, que históricamente ha sido la formación más cercana a los agricultores.
Ligera ventaja para una mayoría de izquierdas
Los sondeos muestran que hasta 12 formaciones políticas podrían entrar a ocupar los 179 escaños del hemiciclo, lo que supone un récord histórico- Los socialdemócratas ganarían las elecciones con el 20% de los votos, seguidos de la Izquierda Verde, con el 12,6%, la Alianza Liberal, con el 11%, y el Partido Popular Danés, con el 9,5%.
Las encuestas tan solo dan una ligera mayoría a los partidos del bloque de izquierdas sobre las formaciones de derechas para formar una mayoría de gobierno después de las elecciones, por lo que se espera una noche electoral muy reñida. Aquí podrían ser clave para decantar la balanza hacia uno de los bloques los cuatro escaños de los parlamentarios del Atlántico Norte, dos de ellos elegidos por los votantes de las Islas Feroe, y los otros dos por Groenlandia.
“Esta situación ya ha sucedido en las últimas décadas, en las que la formación del Gobierno en Copenhague ha tenido que depender de esos votos, lo que hace que la situación sea aún más impredecible”, explica Peter Kurrild-Klitgaard, analista político e investigador en la Universidad de Copenhague.
Quien también tiene muchas posibilidades de poder decantar la balanza entre los dos bloques es el actual ministro de Exteriores y líder del partido Moderado, Lars Løkke Rasmussen, una figura que ha ganado mucha visibilidad ante los votantes y mucho peso dentro del Ejecutivo de Mette Frederiksen tras dirigir las negociaciones sobre Groenlandia con la Casa Blanca.
Rasmussen tiene una dilatada trayectoria política que le ha llevado a ser dos veces primer ministro al frente del Partido Liberal (2009-2011 y 2015-2019). Para el martes, las encuestas perciben que “se encuentra en una posición intermedia crucial. Ninguno de los dos bloques, ni a la izquierda ni a la derecha, puede lograr la mayoría sin él y su apoyo”, termina señalando Klitgaard. Según los pronósticos de DR, los 'moderados' quedarían en novena posición, con el 6,6 % de los votos.
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