A las puertas de unas de las elecciones más inciertas de la historia democrática portuguesa, el país respira una atmósfera de fin de ciclo que va más allá de la mera sustitución del nombre del presidente de la República, tras agotar Marcelo Rebelo de Sousa su segundo mandato. Las encuestas, muy igualadas, podrían dar como escenario una segunda vuelta entre el líder del partido de extrema derecha Chega, André Ventura, y el candidato socialista, António José Seguro, aunque los candidatos conservador y liberal también tienen posibilidades de éxito.
Tras una década marcada por la omnipresencia mediática y un estilo de proximidad casi exhaustivo de Rebelo de Sousa —conocido como el “presidente de los afectos”—, los distintos candidatos intentan llenar el vacío institucional que deja con visiones diametralmente opuestas sobre el papel del jefe de Estado. El escenario parlamentario también es totalmente diferente al que tenía Portugal hace una década, cuando el profesor de Derecho que se hizo famoso como comentarista televisivo llegó al cargo más alto del país.
En el sistema político semipresidencialista de Portugal, el presidente actúa como árbitro, con el poder de disolver el Parlamento y convocar elecciones. La decisión que tomen los portugueses el próximo domingo será determinante para la estabilidad política de un país que ha navegado por aguas parlamentarias turbulentas: cuatro elecciones legislativas desde 2019 y una mayoría frágil en el Parlamento.
La campaña se ha caracterizado por un débil equilibrio en las encuestas y muchas dudas, lo que sugiere que, por segunda vez en la historia, la decisión se remitirá a una segunda vuelta, ya que ninguno de los candidatos conseguirá reunir el 50% de los votos. En 10 elecciones presidenciales, solo en 1986 hubo una segunda vuelta. Ese año, los votantes de izquierda se unieron para elegir al socialista fundador de la democracia portuguesa, Mário Soares, frente al candidato de derecha que salió vencedor en la primera vuelta, Freitas do Amaral.
Los protagonistas
De los 11 candidatos que figuran en la papeleta electoral, solo cinco tienen posibilidades reales de conseguir un puesto en la segunda vuelta.
En el centro de este tablero político, António José Seguro se presenta como la cara de la previsibilidad y el retorno a las raíces institucionales, tratando de captar el voto moderado que teme una ruptura con la historia de los presidentes de la república. El antiguo líder socialista ha centrado su discurso en la necesidad de un “árbitro sereno”, prometiendo una magistratura influyente que no interfiera diariamente en la gestión ejecutiva, pero que garantice el cumplimiento de la Constitución.
En oposición a este modelo de continuidad, el líder de extrema derecha André Ventura ha logrado captar gran parte de la atención al proponer una transformación radical de la figura del presidente. El líder de Chega quiere convertir el Palacio de Belém en un instrumento de lucha contra lo que él denomina “el sistema establecido”. Con una retórica centrada en la seguridad y el control de la inmigración, Ventura capitaliza el descontento de una parte del electorado que se siente olvidada por las élites. En la calle, el líder ultra colocó carteles de contenido racista que decían que “los inmigrantes no pueden vivir de subsidios” y que “los gitanos deben cumplir la ley”.
Por su parte, el almirante Gouveia e Melo introdujo un elemento de imprevisibilidad y de independencia militar en la campaña. Su candidatura, basada en el orden y la eficacia demostrados durante el proceso de vacunación contra la COVID-19 (que él mismo gestionó) parece atraer a aquellos que desconfían de los políticos tradicionales.
Sin embargo, su trayectoria en las encuestas se ha visto marcada por cierta erosión, a medida que el debate se politiza y los candidatos con maquinaria partidista, como Luís Marques Mendes y João Cotrim de Figueiredo, ocupan el espacio mediático. Marques Mendes, antiguo ministro del conservador Partido Social Demócrata, y conocido entre la población por su papel como comentarista televisivo, intenta asegurarse la base del centroderecha, mientras que el eurodiputado Cotrim de Figueiredo se posiciona como la alternativa reformista y liberal, centrada en la modernización económica y la crítica al estatismo, con un discurso muy orientado a los jóvenes.
Denuncia por acoso sexual
A pesar de las ambiciones del candidato liberal de pasar a la segunda vuelta, impulsado por una serie de encuestas positivas, una denuncia de acoso sexual por parte de una antigua asesora de su partido, Iniciativa Liberal, manchó la última semana de campaña y limitó las posibilidades del candidato liberal. Cotrim de Figueiredo dice que es una “denuncia falsa” para perjudicar su candidatura, pero el partido supuestamente la conocía desde 2023.
Los temas que dominan esta recta final de la campaña reflejan las heridas abiertas en la sociedad portuguesa: la crisis de la vivienda y el visible deterioro del Servicio Nacional de Salud. Aunque el presidente no tiene poderes ejecutivos para contratar médicos o controlar los alquileres, el debate se ha centrado en quién tendrá el valor político de presionar al Gobierno o vetar la legislación que no responda a estas urgencias.
Además, está sobre la mesa la posibilidad de una revisión constitucional realizada exclusivamente por la derecha, ya que esta cuenta con más de dos tercios de los diputados en Portugal, algo que la izquierda quiere evitar por temor a los cambios que la derecha democrática podría acordar con la extrema derecha.
Las encuestas dan esperanzas a cinco candidatos
Las últimas proyecciones indican que ningún candidato superará la barrera del 50% de los votos el próximo domingo, lo que proyecta un duelo final el próximo 8 de febrero.
La encuesta de RTP y Público conocida este martes muestra que el líder de la extrema derecha, André Ventura, debería obtener un 24%, mientras que el candidato socialista António José Seguro debería quedarse en un 23%. El liberal Cotrim de Figueiredo lograría el 19% y el exmilitar Gouveia e Melo, el 14%, empatado con el candidato apoyado por el Gobierno, el socialdemócrata Luís Marques Mendes. Otros trabajos ponen al socialista por delante.
Además de los cinco candidatos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta, Catarina Martins, del Bloco de Esquerda, el comunista António Filipe y el candidato ecologista obtendrán probablemente menos del 2% de los votos, perjudicados por la concentración del voto en António José Seguro, el único candidato de izquierda con posibilidades de pasar a la segunda vuelta.
El escenario más probable apunta a un enfrentamiento directo entre António José Seguro y André Ventura, lo que convertiría la segunda vuelta en una votación sobre el futuro del propio régimen. Aun así, dados los niveles de rechazo del dirigente ultra, es difícil que André Ventura pueda aspirar a ser presidente de la República, pero puede utilizar estas elecciones para afirmarse como líder de la derecha portuguesa.