Rusia coloca a Europa como “su principal adversario geopolítico” y ve una solución en los partidos ultraderechistas
“Rusia considera ahora a Europa, en lugar de a Estados Unidos, su principal adversario geopolítico”. Con estas palabras explica Dmitry Adamsky, profesor de las universidades Reichman y Harvard, el nuevo “enroque” que ha adoptado Moscú para definir su estrategia en el actual contexto geopolítico. El Kremlin ha apretado el acelerador en su guerra híbrida contra el bloque europeo cuando se inicia un ciclo electoral en la UE con elecciones en cuatro de los cinco países más relevantes de la Unión: España, Francia, Italia y Polonia. En este proceso electoral hay una clara alineación entre los intereses de Rusia y los partidos de ultraderecha, que comparten el objetivo de acabar con la Unión Europea.
Tras los disturbios de Francia e Italia, en los que las autoridades de ambos países han señalado movimientos de desinformación en redes de terceros implicados, las fuerzas de ultraderecha señalaron a la inmigración como principal origen de los violentos altercados. Aunque no había ninguna prueba de que los inmigrantes hubieran estado detrás del vandalismo, el enviado presidencial especial para la inversión extranjera y la cooperación económica del Kremlin, Kirill Dmitriev, declaró que los incidentes son parte del “suicidio de la civilización occidental a causa del caos migratorio”.
Ian Bond, investigador del Centre for European Reform, explica que “Rusia no es la causa de la mayoría de los problemas sociales y económicos de las sociedades europeas, pero sabe cómo explotarlos. Los vínculos entre Rusia y los movimientos políticos antidemocráticos y euroescépticos de Europa no son casuales. Los partidos tradicionales pueden contrarrestar algunos de los discursos de alienación y desesperanza que utilizan los extremistas para captar apoyos, pero también podrían hacer más para minimizar el impacto de la influencia rusa en la competencia política interna”.
Por eso no es casualidad que partidos de la extrema derecha coincidan no solo en el discurso antiinmigración con Moscú, sino que también se hayan posicionado claramente a favor de que la Unión Europea deje de ayudar a Ucrania en su guerra contra Rusia. Kirill Dmitriev señaló en referencia a la guerra entre Rusia y Ucrania que “Occidente ha caído por no haber sabido debatir y corregir errores de graves consecuencias en materia de migración, energía e incitación a la guerra” cuando definía los altercados violentos en varias ciudades europeas.
Mujtaba Rahman, director general para Europa de Eurasia Group, advirtió en una entrevista para The Guardian de que el mayor riesgo para Ucrania es que 2027 sea el año “en que la realidad política, electoral, económica y de las políticas públicas alcance a Europa y le impida seguir aumentando su apoyo a Ucrania”. El objetivo de Rusia es que la Unión Europea rebaje o elimine su apoyo a los ucranianos para que lleguen sin fuerza a una mesa de negociación para la paz.
“Europa anima a Kiev a perseguir la derrota de Moscú”
Entre otras cosas porque como argumenta Dmitry Adamsky, “los países europeos son ahora la principal fuente de capacidad militar, determinación política y resiliencia estratégica de Ucrania. Es Europa, y no Estados Unidos, quien ha convertido a Ucrania en su instrumento para enfrentarse a Rusia y quien anima a Kiev a perseguir la derrota estratégica de Moscú”.
Ante esta situación, “Rusia debe dirigir su presión coercitiva contra Europa: sus élites, sus centros de decisión y sus infraestructuras críticas. Moscú puede introducir en los cálculos europeos lo que sus teóricos denominan 'miedo disuasorio': la reticencia de los países europeos a antagonizar con Rusia mediante un mayor apoyo a Ucrania. Según sus defensores, estas medidas también pueden restablecer una disuasión rusa creíble para la competencia a largo plazo con Occidente, cuyo centro de gravedad se encuentra ahora en Europa”, según comenta el profesor de las universidades Reichman y Harvard.
Y este posicionamiento es el que han escogido las fuerzas de ultraderecha que ahora se ven más fuertes. Por un lado, la líder francesa del partido ultra Reagrupación Nacional (RN), Marine Le Pen, avisó la semana pasada que si consigue ganar las elecciones en su país retirará la ayuda a Ucrania tras seis meses en el Palacio del Elíseo. “Mantendremos la ayuda durante seis meses para no poner a nadie en una situación difícil, pero después cesaremos la ayuda financiera a Ucrania porque ya no tenemos los medios para hacerlo. Esta financiación va a detenerse y es una cuestión de honestidad decir la verdad”, declaró Le Pen.
No era la primera vez que el partido ultra francés se opone a colaborar con los ucranianos en su guerra contra Rusia. Su partido RN siempre se ha posicionado en contra de que Francia ceda o venda armamento de largo alcance a Kiev con el argumento de que podría alargar el conflicto y también se negó a votar a favor del préstamo europeo de 90.000 millones de euros a Ucrania.
“La llegada al poder de un Gobierno de extrema derecha en Francia cambiaría el país, pero probablemente tendría un efecto aún más desestabilizador para la Unión Europea. Muchas de sus principales figuras simpatizan con Rusia y con Vladímir Putin, y un Gobierno de RN podría bloquear nuevas ayudas a Kiev, tratar de desmantelar las sanciones de la UE contra Rusia y oponerse a la adhesión de Ucrania a la Unión”, comenta el director general para Europa de Eurasia Group.
La AfD se apunta al 'miedo disuasorio'
Uno de los partidos ultras que más ha recogido la estrategia del Kremlin del 'miedo disuasorio' es la alemana AfD. Su líder Alice Weidel ha señalado en reiteradas ocasiones que Alemania, principal donante de ayuda de Kiev, debería dejar de ayudar a Ucrania porque prolongar la guerra “pone en peligro a Alemania”, ya que podría convertirse en un objetivo de Moscú.
Weidel va más allá y ha insistido en “cesar los pagos a Ucrania y todo el apoyo a la guerra”, pero incluso ha avisado de que si llegan al Gobierno van “a hacer reclamaciones sustanciales de devolución a Ucrania”. En una comparecencia esta semana en el Parlamento Europeo, la líder de extrema derecha apuntó que Moscú y Kiev se sienten a negociar la paz, pero que se “adopte un enfoque diplomático sensato que tengan debidamente en cuenta tanto los intereses de Ucrania como los de Rusia”, es decir, la política ultraderechista pone en el mismo nivel las exigencias del invasor que del invadido.
En el caso de Italia, aunque la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha subrayado desde que llegó al Gobierno su respaldo a Ucrania, sus socios de Ejecutivo representados por Matteo Salvini, de La Liga, han maniobrado para retrasar los decretos gubernamentales para la aprobación de envío de armas a Kiev. Salvini nunca ha ocultado su buena relación con Vladímir Putin y ha abogado por recuperar las relaciones con Moscú. Fuera del Gobierno ha aparecido una nueva formación política ultra que puede desestabilizar aún más el ya complicado espectro electoral italiano. Se trata de Futuro Nazionale, cuyo principal dirigente Roberto Vanacci ya ha hecho campaña para dejar de prestar apoyo a Ucrania.
En España, Vox ha mantenido una posición volátil y equidistante como suele pasar con los temas más controvertidos. Con Ucrania ha tratado de esquivar el asunto. Su líder Santiago Abascal ha culpado a Europa de inicio de la invasión de Ucrania por parte de Rusia y ha utilizado las fallidas conversaciones de paz iniciadas por el presidente del Gobierno, Donald Trump para atacar la resto de partidos: “Con esa gente que ha hundido Europa y España, no se puede ir a ningún lado. No están defendiendo a Ucrania (son los mismos que la abandonaron al poner la energía de Europa en manos rusas). Ellos saben que solo Trump puede ayudar a Ucrania a defenderse y a reconstruirse”, tras las fallidas negociaciones de paz en febrero del año pasado.
Ahora se ha abierto otra posibilidad de abrir negociaciones para acabar con una guerra que va camino de cumplir su quinto año. La Unión Europea ha pedido participar en las negociaciones entre Ucrania y Rusia con mediación de Estados Unidos, previstas para noviembre en Emiratos Árabes Unidos. Puede ser una última oportunidad antes de que un cambio de Gobierno haga más difícil a la UE mantener su apoyo a Ucrania, pese a que en la última reunión de líderes Europa se volcó para ayudar a Kiev.
Sin embargo, Dmitry Adamsky advierte de que “aunque Moscú participe en negociaciones para poner fin al conflicto, es probable que siga recurriendo a la coerción militar tanto contra Ucrania como contra Europa. Lo hará por varios motivos: para ajustar las condiciones del acuerdo a los intereses rusos, perfeccionar su incipiente teoría de la disuasión estratégica no nuclear y obligar a Europa a adoptar una arquitectura de seguridad diferente”.