Por qué perdió Hillary Clinton

Dan Roberts

Lo que hizo Hillary Clinton para perder unas elecciones contra un candidato tan impopular y polémico frustrará a los analistas y atormentará al Partido Demócrata durante los próximos años. Una vez pase el shock, se harán visibles los primeros atisbos de explicaciones racionales.

Los partidos en la presidencia raramente mantienen el poder después de ocho años en el cargo. El caso de George Bush, después de dos mandatos de Reagan, fue una excepción, pero la política se ha polarizado cada vez más.

El desafío de Trump a las expectativas se ha convertido en sí mismo en una especie de regla de oro en la política estadounidense de 2016. Ridiculizado repetidamente durante las elecciones primarias y solo tomado en serio en raras ocasiones, Trump representa el estado de ánimo que llevó a Reino Unido a votar para abandonar la Unión Europea y a los demócratas en 22 estados de EEUU a nominar a Bernie Sanders en las primarias. Justo o no, en la mente de los votantes, Clinton no podría haber estado más alineada con ese establishment.

La economía

“Es la economía, estúpido”, fue una frase acuñada por un consejero de Bill Clinton, James Carville, en las elecciones de 1992 y, en cualquier caso, debería haber ayudado a los demócratas de nuevo en 2016. Obama ayudó a rescatar a Estados Unidos de la crisis financiera y dirigió una serie de periodos de crecimiento del empleo.

Desafortunadamente para Clinton, muchos norteamericanos no son tan optimistas. Los salarios estancados y las desigualdades desorbitadas son síntomas del malestar de los votantes. Trump les hizo creer que esto está causado por acuerdos comerciales malos y una economía falseada.

A pesar de haber sido empujada por Sanders en esta dirección durante las primarias demócratas, Clinton nunca encontró la respuesta adecuada. Su repentino cambio de opinión sonó poco convincente, en el mejor de los casos, y profundamente cínico, en el peor. Posteriormente, los correos electrónicos filtrados lo corroboraron.

Tampoco el socialismo ni las homilías protofascistas de Trump ofrecen muchas alternativas coherentes, pero el resultado fue que Clinton no logró articular una defensa convincente del capitalismo estadounidense moderno.

Confianza

La falta de confianza socavó medidas políticas que eran plausibles. Los estadounidenses dejaron de confiar en una candidata que pronunciaba discursos pagados por Goldman Sachs y que utilizaba su fundación para tejer una oscura red de contactos.

El FBI estuvo investigando a la candidata demócrata hasta dos días antes de las elecciones. El hecho de que Hillary se enfrentara a la amenaza de que se presentaran cargos en su contra por haber vulnerado la normativa relativa a la seguridad de las comunicaciones virtuales de los altos cargos solo fue la punta del iceberg.

Esta situación dañó a los Clinton, no solo porque la investigación del FBI tuvo lugar en el peor momento posible y finalmente llegó a un punto muerto, sino también porque reforzó la noción de que los Clinton creen que están por encima de la ley.

Mensajes sin contenido

El hecho de que Clinton haya hecho campaña en torno a su persona también ha propiciado la derrota. La campaña ha girado en torno al mensaje de que ella era la candidata mejor preparada para el cargo. Aunque esto es verdad, y más si se compara su trayectoria con la inexperiencia política de Trump, el problema es que este mensaje eclipsó ideas y proyectos que eran sumamente importantes.

Podría haber abordado miles de temas que eran relevantes para los ciudadanos, como el sistema sanitario. También podría haber presentado medidas para mitigar la deuda de los estudiantes universitarios, siguiendo la propuesta de Bernie Sanders, pero con matices.

Los eslóganes de la campaña no tenían fuerza. El mensaje “esperanza y cambio” de Obama se quedó en “esperanza”, pero el mensaje de “más fuertes unidos” de Clinton ha parecido más una respuesta a la división en el seno del Partido Republicano en torno a Trump. Es un eslogan que atrajo a muchos demócratas pero que, al mismo tiempo, reforzó la noción de que era Trump quien fijaba las reglas de juego de esta campaña.

Sondeos erróneos

Sin duda, en el momento de buscar culpables, hay que señalar a los sondeos, que afirmaron que Clinton aventajaba a Trump por tres o cuatro puntos.

Algunos, como la página web FiveThirtyEight, de Nate Silver, señalaron la posibilidad de que los estados que tienen un voto fluctuante pudieran hacer decantar la balanza hacia Trump, pero incluso en este caso y en la víspera de las elecciones se consideró que las posibilidades de Trump para ganar eran de menos del 30%.

Este cúmulo de sondeos erróneos es una muestra de que han dejado de funcionar. Intentan comprender a unos votantes que ya no utilizan líneas fijas de teléfono y que, de hecho, tampoco atienden tantas llamadas de teléfono móvil. En los últimos tiempos, estos métodos estadísticos del siglo XX han sido incapaces de prever los resultados de elecciones que se han celebrado por todo el mundo.

Sin duda, otro de los principales errores ha sido el análisis de voto en función de las estadísticas demográficas. Trump se sitúa a la izquierda de Clinton en algunas cuestiones e intenta atraer a un creciente grupo de votantes que ya no se identifica con ningún partido. Sin embargo, los analistas estaban convencidos de que si los demócratas que están registrados como tales votaban por anticipado, o simplemente decían en los sondeos que iban a votar, eso suponía que iban a votar a Clinton.

Todo esto ha cambiado en 2016. Estamos ante una “zona cero” tras una explosión política que ha cambiado para siempre el mapa electoral de los Estados Unidos.

Traducido por Javier Biosca y Emma Reverter