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Hartos de los turistas maleducados: Tailandia rebaja la duración de los visados para los visitantes

Un grupo de turistas pasea por la popular calle de Khaosan en Bangkok.

Natasha May

14 de junio de 2026 22:00 h

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Es la última hora de la tarde en la calle Khaosan, la zona cero de los mochileros de Bangkok. Los empleados de los bares llaman a la gente que pasa, tentándola con bebidas de oferta. Los vendedores ofrecen de todo: desde tatuajes falsos hasta chanclas y batidos helados de fruta. Por la calle se extiende el olor a cannabis, popular en la ciudad.

La famosa y ruidosa vida nocturna de esta calle lleva décadas atrayendo a viajeros de todo el mundo. Pero el número de tailandeses cansados de estos turistas fiesteros es cada vez mayor. Algunos dan por sentado que Tailandia puede ser tratada “como un patio de recreo”, dice Minnie, que enseña a los turistas la cultura y el idioma tailandés en el canal de redes sociales Thai’d Up with Minnie.

Famosa por su sentido de la hospitalidad, Tailandia impuso un límite en mayo cuando el Gobierno anunció un endurecimiento en las normas para la concesión de visados. Para los visitantes de más de 90 países, el tiempo máximo de estancia sin visado se redujo de 60 a 30 días en la mayoría de los casos. Aún no se sabe cuándo entrará en vigor la nueva norma.

Una gran cantidad de personas ha recibido bien los cambios, hartas del torrente de noticias sobre visitantes maleducados: turistas que se niegan a pagar la cuenta en los restaurantes, vídeos virales de personas bebiendo y peleándose en las calles, o extranjeros deportados por haber mantenido relaciones sexuales en tuctuc. También abundan los vídeos de viajeros tratando mal a los lugareños, como el del turista extranjero que parece echarle los mocos a un vendedor de comida ambulante.

Los extranjeros que entran en Tailandia no pueden actuar como figuras influyentes, cometer actos ilegales, intimidar a la población del país anfitrión ni comportarse de maneras que atenten contra la moral, la cultura o las tradiciones del país

Arsit Sampantharat Secretario permanente del Ministerio del Interior

“Cada vez hay más tailandeses descontentos que están empezando a darse cuenta ahora de que este tipo de comportamiento no es el que queremos”, dice Minnie, que pide no publicar su apellido. “Esto hace daño a quienes viven aquí”, añade.

El Gobierno ha tomado nota del enfado de la población y ha publicado sus propias advertencias para turistas desagradables. “Los extranjeros que entran en Tailandia no pueden actuar como figuras influyentes, cometer actos ilegales, intimidar a la población del país anfitrión ni comportarse de maneras que atenten contra la moral, la cultura o las tradiciones de Tailandia”, dijo Arsit Sampantharat, secretario permanente del Ministerio del Interior, en declaraciones recogidas a principios de junio por el medio local The Nation.

A pesar de estas contundentes palabras, el Gobierno trata de encontrar un equilibrio entre orden público y economía, dependiente en gran medida del turismo internacional. El sector turístico aporta hasta el 20% del PIB tailandés y es fuente de empleo en toda la economía: desde los hoteles de lujo y los spas hasta los vendedores de comida y los taxistas.

“Un vacío legal para personas con malas intenciones”

En Tailandia no solo preocupan las denuncias de comportamientos incívicos. A esto se suma el temor a que los visitantes extranjeros lleven a cabo actividades comerciales ilegales o se aprovechen de la laxitud en la política de visados para usar el país como base para cometer delitos transnacionales más graves.

En los últimos años, el sudeste asiático se ha convertido en un centro neurálgico para redes de estafa y organizaciones criminales que transportan por su territorio a víctimas de trata de personas hasta países vecinos como Myanmar para trabajar en instalaciones dedicadas al fraude. Las autoridades no dieron muchos detalles, pero cuando anunciaron los cambios en la extensión de los visados se refirieron a un problema de “seguridad nacional”.

El sistema creaba “un vacío legal del que se aprovechan personas con malas intenciones”, según la portavoz del Gobierno tailandés, Rachada Dhnadirek.

Un grupo de turistas con pistolas de agua en las celebraciones del año nuevo tailandés en 2024.

Las autoridades ya han emprendido medidas de control contra los extranjeros que establecen negocios sin la documentación adecuada o poseen terrenos en zonas turísticas de manera ilegal. Pero la oposición ha pedido más medidas de control a la inmigración, incluidos un control más estricto de los extranjeros con visados de larga duración y programas de residencia para élites.

“Lo que nos preocupa no son los turistas de verdad, sino las personas que entran con visado de turista pero se quedan y montan un negocio de forma ilegal”, dice Chutima Jeeramongkol, presidenta de la Asociación de Negocios y Turismo de Pattaya. En su opinión, el endurecimiento en la regulación de visados permitirá controlar mejor a los turistas y tendrá un impacto mínimo, porque la gran mayoría no se queda mucho tiempo en el país.

“Tailandia se está esforzando por preservar su cultura”

Achicharrados por el sol, los tuctucs hacen fila a la espera de clientes frente al templo Wat Arun, uno de los más famosos de Bangkok. Los comerciantes exhiben vestidos de seda brillante, en alquiler para las sesiones fotográficas frente al templo.

La mayoría de los turistas de paso consultados responde que los cambios en la regulación de los visados no habrían afectado a su plan de vacaciones. Juan Luna vino cuatro días a Tailandia con su marido y sus dos hijos. Incluso con las nuevas normas, dice, les daría tiempo a explorar más a fondo Tailandia.

Otros habían planeado quedarse más tiempo. Como el húngaro Rudolf Guzsaly, que quiere estar al menos seis semanas en el país. “Lo entiendo, porque ahora hay muchos problemas con los turistas”, admite, poco convencido de que los cambios fueran a terminar con el mal comportamiento. “La mayoría de los turistas solo vienen dos semanas, así que si quieren causar problemas, los causan en dos semanas”, advierte.

Muchos, como Minnie, esperan que los cambios en el visado ayuden a preservar lo que hace especial a Tailandia, donde por lo general la gente intenta ser considerada con los demás y no imponerse. Conocida como greng jai, esta forma de ser puede hacer que los tailandeses se muestren pasivos ante el mal comportamiento de los visitantes. Pero las actitudes están cambiando. “Creo que Tailandia se está esforzando mucho por preservar su cultura”, dice.

Con información de Rebecca Ratcliffe.

Traducido por Francisco de Zárate

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