ANÁLISIS
La paradoja de Ormuz: cómo el estrecho está perdiendo su valor estratégico y qué significa para Irán
La oficina del líder supremo iraní describió recientemente el estrecho de Ormuz como el pilar del nuevo orden de seguridad de Irán, tan transformador como el arma nuclear. Pero la afirmación obvia la posibilidad de que este activo geoestratégico esté perdiendo importancia rápidamente, dejando a Irán en una posición cada vez más vulnerable ante la nueva oleada de sanciones económicas que planea EEUU.
Este es el debate clave que se está librando en el interior de Irán, del que se extraen muchas conclusiones diferentes para la estrategia negociadora de Teherán. Quienes advierten de que el valor del estrecho como embudo de la economía mundial se erosionará, dejando al país sin reservas de divisas, sostienen que los negociadores iraníes deberían buscar un acuerdo cuanto antes.
Un análisis de Hamid Paktinat, fundador del Forum of Economic Activists, plantea que los planes de construcción de oleoductos y rutas de exportación alternativas que preparan los vecinos de Irán en el Golfo reducirán a la mitad el valor estratégico del estrecho en un plazo de tres años.
Quienes temen el desperdicio de activos no pueden obviar la importancia de las visitas que han realizado esta semana a Teherán respectivamente el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, y el jefe del Ejército de Pakistán, Asim Munir. Estos dos hombres son fundamentales para renegociar las condiciones de la reapertura del estrecho y la reactivación del caducado memorándum de entendimiento que acordaron EEUU e Irán en junio.
El presidente fue directo y argumentó que Irán debe poner fin al conflicto ahora, mientras Teherán aún cree que negocia desde una posición de fuerza, en lugar de esperar a que su mano se debilite
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, se han referido recientemente con inusual contundencia a la necesidad de poner fin a la guerra —y las consecuencias económicas de prolongarla—. Ghalibaf afirmó que, independientemente del poderío militar de Irán, si la gente pasa hambre y no hay crecimiento económico, el país no podrá resistir. Argumentó que no puede mantenerse la seguridad sin una economía que funcione. Añadió que, por su experiencia militar, conoce el valor de la paz mejor que quienes hablan de ella.
Pezeshkian fue aún más directo. “La guerra debe terminar en algún momento” afirmó. Su argumento fue que Irán debe poner fin al conflicto ahora, mientras Teherán aún cree que negocia desde una posición de fuerza, en lugar de esperar a que su mano se debilite.
El gobernador del Banco Central de Irán, Abdolnaser Hemmati, también apareció recientemente en televisión para advertir sobre las presiones económicas. Nos enfrentamos a cuatro o cinco retos importantes a la vez, entre ellos las sanciones al máximo, el bloqueo, el corte de las exportaciones de petróleo y el desequilibrio presupuestario, cada uno de los cuales ejerce presión sobre la economía, afirmó. “Uno de los países vecinos me dijo que, si una quinta parte de lo que ha ocurrido en nuestro país ocurriera en el suyo no serían capaces de gobernarlo”, dijo.
Lo que motiva estas declaraciones es la presión que sufre la población de a pie en Irán, así como la aceptación de que el estrecho no puede convertirse en una doctrina de seguridad permanente en sí misma.
Hamid Asefi, periodista residente en Teherán y especializado en geoeconomía, es uno de los muchos que advierten de que, si se juega la carta de Ormuz como último recurso de Irán cada vez que surge una crisis, esta carta perderá gradualmente su valor. Una amenaza que se repite constantemente pasa de ser “disuasión” a convertirse en un hábito político; y un hábito político, si no va acompañado de logros concretos, tarde o temprano conduce a una inflación de amenazas, afirmó.
La cuestión principal, según escribió, ya no es: ¿puede Irán cerrar el estrecho? sino que, si Irán cierra el estrecho de Ormuz al mundo, ¿abre la puerta al poder para sí mismo o deja parte de su poder encerrado tras la puerta?
En la política internacional, jugar la misma baza constantemente puede convertirse en un arma de doble filo, ya que obliga a los demás a planificar cómo reducir su vulnerabilidad
“Esta es la paradoja de Ormuz. En la política internacional, jugar la misma baza constantemente puede convertirse en un arma de doble filo, ya que obliga a los demás a planificar cómo reducir su vulnerabilidad […] la cuestión principal de la política iraní en Ormuz debe pasar de ser: '¿Cómo podemos dificultar el paso?', a '¿cómo podemos hacer que el paso sea tan seguro y estable que todos necesiten a Irán para mantener este orden?'”.
Eso no implica que la baza carezca de valor. Ni mucho menos.
Según los datos recopilados por el rastreador de buques Kpler, solo 112 petroleros y gaseros atravesaron el estrecho entre el 1 y el 19 de agosto. Casi el 79% utilizó rutas no confirmadas, el 19% utilizó la ruta norte, preferida por Irán, y el 2% utilizó la ruta de Omán. En realidad, es probable que muchos de los buques que utilizaron las rutas desconocidas apagaran sus transpondedores y recurrieran a la protección de EEUU a lo largo de la ruta de Omán.
También parece que, con la ayuda del Gobierno de EEUU, las empresas petroleras de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait han fletado un pequeño grupo de petroleros para transportar la carga por la ruta sur hasta el golfo de Omán, donde luego descargan el petróleo en otros barcos que están a la espera, propiedad de sus clientes. Por lo tanto, gran parte del riesgo se traslada de las compañías navieras y los clientes petroleros a los productores estatales de petróleo, más motivados para la tarea, y al Gobierno de EEUU. Irán ha elaborado una lista negra de unos 48 buques a los que intentará prohibir el paso o multar.
Sin embargo, es probable que el Gobierno de EEUU exagere el impacto de estas soluciones alternativas. Chris Wright, secretario de Energía de EEUU, afirmó el 18 de agosto que la Armada de EEUU había colaborado en el traslado de más de 15 millones de barriles de petróleo y otros productos. También afirmó que el volumen medio diario de petróleo que atraviesa el estrecho era ahora de más de ocho millones de barriles, pero incluso esta cifra es menos de la mitad de la media anterior a la guerra y, en cualquier caso, se considera inflada. La mayoría de los servicios de seguimiento de buques estiman que la cifra diaria se acerca más a los seis millones de barriles al día.
Arsenio Domínguez, secretario general de la Organización Marítima Internacional, desestimó además la extravagante afirmación de Donald Trump de que la Armada de EEUU había prácticamente abierto el estrecho, y declaró a Bloomberg: “Dado el escaso número de buques que transitan por el estrecho de Ormuz, está claro que, en la práctica, este estrecho no está abierto”. El presidente de EEUU ha replicado que se han retirado todas las minas del paso, por lo que los ataques de drones y de la Armada iraní constituyen la principal amenaza.
Pero el hecho de que, antes de la guerra, el estrecho representara el 20% del petróleo y los productos derivados del petróleo está sirviendo de catalizador para la reestructuración de la infraestructura energética mundial. Los países del Golfo están construyendo rápidamente una red de oleoductos alternativos, con el objetivo de proteger más de la mitad de sus exportaciones anteriores a la guerra del impacto de Ormuz para finales de esta década.
Los países del Golfo están construyendo rápidamente una red de oleoductos alternativos, con el objetivo de proteger más de la mitad de sus exportaciones anteriores a la guerra del impacto de Ormuz para finales de esta década
Paktinat ha analizado en toda la región la capacidad, la longitud y el coste de los oleoductos que se están preparando en seis países para que entren en funcionamiento en un plazo de uno a cuatro años y llega a la conclusión de que la dependencia de Arabia Saudí respecto al estrecho de Ormuz disminuiría del 70% al 15%. La de Emiratos Árabes Unidos descendería del 50% al 15%, y la de Irak pasaría del 100% al 30%.
La dependencia de Kuwait y Qatar se reduciría del 100% a menos de la mitad. La de Baréin descendería del 100% al 15%, según su evaluación. Por último, la dependencia de Omán pasaría del 0% a convertir el país en un importante centro costero de transbordo de petróleo para toda la región.
En general, según destaca, el valor estratégico del estrecho de Ormuz se reducirá a la mitad en un plazo de tres años y prácticamente desaparecerá en seis años con la puesta en marcha de estos proyectos. La importancia estratégica de la angosta vía navegable —el centro de gravedad iraní— se habrá evaporado.
Mientras tanto, EEUU intentará convertir en realidad la prematura fanfarronada de Trump de que la economía iraní se ha derrumbado por completo. Intentará una vez más bloquear las arterias vitales del Gobierno iraní en cinco sectores clave: el oro, las criptomonedas, la tecnología, el transporte marítimo y la aviación.
El éxito no está en absoluto garantizado, como Trump debe saber tras el fracaso a la hora de derrotar a Irán en su primer mandato. Pero minar poco a poco la resiliencia económica de Irán hasta que el estrecho acabe por perder toda relevancia puede ser la única opción que le queda al mandatario estadounidense.