INVESTIGACIÓN

Trump Sociedad Limitada: el pelotazo de 1.000 millones de una oscura compañía ligada al presidente

Tom Burgis

Sarajevo —
30 de mayo de 2026 17:35 h

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En una estrecha calle llena de grafitis de Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzogovina, un sendero que atraviesa un jardín cubierto de maleza conduce a una puerta blanca. Al otro lado de esa puerta se encuentra la sede social de una empresa que está a punto de adjudicarse contratos por valor de más de 1.000 millones de dólares.

La compañía AAFS Infrastructure and Energy está a punto de lograr una concesión para construir y explotar un gasoducto a través de los Balcanes que permitirá que el gas enviado desde EEUU sustituya a los suministros que llegan actualmente de Rusia. “Puede convertirse en el proyecto de infraestructura más importante de la historia de Bosnia y Herzegovina”, afirma uno de los altos cargos del país, quien, al igual que otros, pide permanecer en el anonimato para hablar de negociaciones delicadas.

La empresa no tiene ni siquiera experiencia de haber intentado un proyecto de esta envergadura. Lo que sí tiene son conexiones personales directas con Donald Trump.

Uno de los representantes de AAFS es un abogado de Washington que ha defendido a los Trump en diversos casos judiciales de carácter político. El otro es el hermano del exasesor de seguridad nacional del presidente. Ambos formaron parte de una campaña a la que Trump tiene especial cariño: el intento de revocar su derrota en las elecciones presidenciales del año 2020.

Una investigación de The Guardian, basada en entrevistas con cargos bosnios y estadounidenses actuales y de antiguas administraciones, documentos filtrados y documentación corporativa, ha indigado lo que hay detrás de esta opaca compañía inmersa en la lucha global por la supremacía energética. Sus hallazgos ofrecen una visión de cómo están cambiando las relaciones internacionales bajo una presidencia que difumina la línea entre la política de la Administración Trump y el enriquecimiento de su familia y de quienes la rodean.

“Se ha impuesto una lógica que lleva a que personas vinculadas a la Administración participen en grandes proyectos económicos o inversiones”, explica un antiguo alto cargo estadounidense en la región balcánica. “Es desagradable, pero gran parte de la política de mi país es desagradable en la actualidad”.

En la antigua Yugoslavia hay mucho más en juego que un negocio multimillonario. La intervención de EEUU amenaza con socavar el acuerdo de paz que puso fin en 1995 a una guerra que se cobró 100 000 vidas, muchas de ellas de civiles bosnios musulmanes masacrados por paramilitares serbios. Una generación después, los líderes étnicos de Bosnia siguen maniobrando para obtener beneficios.

Por su lado, la Administración estadounidense y sus representantes han trasladado a los líderes bosnios lo que quiere: luz verde para el gasoducto de AAFS.

De la 'religión MAGA' a AAFS

Cuando el periodista de The Guardian llama a la puerta de la sede de AAFS en Sarajevo, una mujer le dice desde una ventana del piso de arriba que el delegado local de la compañía volverá en breve. Amer Bekan llega unos minutos más tarde. Se trata de un hombre corpulento de mediana edad que afirma que la oficina de la AAFS tiene previsto trasladarse en breve a un gran edificio con capacidad para 100 empleados.

En su currículum en Internet, Bekan se define como un “inversor y empresario con amplia experiencia”. También ha probado suerte en la política. Tras quedar en última posición con 116 votos en las elecciones a la alcaldía del centro de Sarajevo en 2016, otra campaña en 2020 le llevó a ser acusado de intentar aprovecharse de las elecciones para su beneficio personal, algo que él negó.

Un año después de esos comicios, Bekan registró una empresa llamada AAFS en Bosnia. Corría el año 2021. Sin embargo, esa empresa no pareció tener ningún éxito hasta que el año pasado incorporó a sus actuales socios estadounidenses. Ni él ni ellos explican cómo se conocieron.

La AAFS que creó Bekan es ahora propiedad de una empresa estadounidense del mismo nombre que se registró en noviembre del año pasado. Situada en una zona turística junto al río Potomac, la oficina en Washington de AAFS se encuentra entre un restaurante libanés y un pub irlandés. Un letrero identifica el despacho como la sede del Binnall Law Group.

Jesse Binnall es uno de los principales abogados que defienden la causa MAGA. Fue asesor de la campaña que llevó a Trump a la Casa Blanca en 2016. En 2020, fue una de las voces más destacadas en cuestionar la victoria de Joe Biden. “Donald Trump ganó… si se tienen en cuenta el fraude y las irregularidades que se produjeron”, declaró entonces. Binnall defendió a Trump y a su hijo mayor, Donald Jr., frente a una demanda que pretendía responsabilizarlos del asalto al Capitolio que pretendió anular los resultados de las elecciones el 6 de enero de 2021.

Desde el regreso de Trump al poder el año pasado, Binnall ha conseguido el polémico acuerdo por el que el Departamento de Justicia indemnizará con 1,25 millones de dólares a Michael Flynn, quien ocupó de manera breve el cargo de asesor de seguridad nacional durante el primer mandato del presidente. A pesar de haber admitido haber mentido al FBI sobre contactos secretos con Rusia, Flynn aseguró que había sido víctima de un proceso judicial indebido.

Binnall también conoció al hermano de Flynn, Joe, un empresario del sector sanitario. Ambos participaron en la campaña para desacreditar la victoria de Biden. Joe Flynn fue presidente de uno de las herramientas mejor financiadas de ese movimiento, el America Project. Además, participó como asesor de las campañas presidenciales de Trump en los años 2020 y 2024.

La Casa Blanca ha remitido las preguntas de The Guardian sobre esta compañía y el gasoducto que pretende poner en marcha al Departamento de Estado, que ha declarado: “El gasoducto 'Southern Interconnection', que ha sido una prioridad [del Gobierno de EEUU] en las últimas tres administraciones, ampliará y diversificará el sector energético de Bosnia y Herzegovina, otorgándole un mayor control sobre su suministro energético al proporcionar acceso a gas natural en condiciones de mercado y reducir la dependencia de una única fuente poco fiable”.

La capacitación y experiencia de Flynn y Binnall para ponerse al frente de un proyecto multimillonario que pretende poner en marcha una infraestructura energética en los Balcanes no resulta evidente a primera vista. Pero desde que se incorporaron, el proyecto ha contado con el apoyo incondicional de la Administración Trump.

Sin proceso de licitación

Los primeros contactos de Binnall, Flynn y Bekan con las autoridades bosnias el pasado otoño no tenían como objeto la construcción de un gasoducto. En aquellas conversaciones se planteó la renovación de dos aeropuertos por valor de 300 millones de dólares. Posteriormente, las autoridades bosnias les propusieron asumir un proyecto mucho más importante (y lucrativo): el gasoducto 'Southern Interconnection'.

Estados Unidos lleva mucho tiempo apoyando el plan de conectar Bosnia con una terminal de gas en la costa de Croacia, una infraestructura que reduciría la influencia de Vladimir Putin en el sur de Europa. Durante la presidencia de Biden, la idea era que la empresa estatal de gas de Bosnia se encargara del proyecto. Pero los intereses contrapuestos de las facciones étnicas de Bosnia provocaron una acumulación de retrasos.

Fue entonces cuando surgió una alternativa. Mientras algunos altos cargos bosnios recelaban de la idea de ceder el proyecto a intereses privados extranjeros, otros vieron en la contratación de una empresa vinculada a Trump una oportunidad para salir del punto muerto.

El tiempo se agotaba. Bosnia es candidata a la adhesión a la UE, y Bruselas ha fijado el plazo de septiembre de 2027 para dejar de comprar gas a Rusia, la fuente de todo el suministro de Bosnia.

Algunas figuras bosnias de alto rango consideraron que encargar el proyecto a una empresa estadounidense podría contribuir no solo a la seguridad energética, sino a la seguridad general de una región donde la guerra es un recuerdo aún vivo. Porque, como dice el propio Bekan, “el Gobierno de EEUU protege sus inversiones”.

Sin embargo, diversos analistas temen que con esta decisión Bosnia corra el riesgo de cambiar a un matón por otro. Nadie parece querer arriesgarse a enfadar a Trump, aunque eso signifique poner una nueva arteria energética vital en manos de una empresa que no ha demostrado ninguna capacidad para llevarla a cabo.

Cuando se le pregunta quiénes son los accionistas de AAFS, Bekan responde que son Binnall y Flynn, además de otras personas cuyos nombres prefiere no revelar. Da a entender que la financiación podría proceder de “fondos de inversión de Estados Unidos”, pero asegura que no puede dar más detalles.

“Somos el equipo adecuado para esto. Ningún otro combina la presencia sobre el terreno en Bosnia con un fuerte apoyo en Estados Unidos. Y estamos entusiasmados por dar el salto porque creemos que Bosnia y Herzegovina es el futuro”, asegura.

Un documento confidencial de AAFS al que ha tenido acceso The Guardian indica que el gasoducto costará 300 millones de euros, más otros 900 millones para la construcción de tres centrales eléctricas, y que la financiación no provendrá del Estado bosnio, sino de capital y deuda. No especifica qué beneficios esperan obtener para sí mismos Flynn, Binnall y el resto de implicados, cuya identidad Bekan evita revelar.

En marzo, Bosnia aprobó una ley que establece que AAFS debe ser el contratista del gasoducto. No ha habido licitación pública, la forma habitual de garantizar que los contratos se adjudiquen a una compañía competente a un precio justo.

“Una práctica así en un país con uno de los niveles de corrupción más altos del mundo tendrá consecuencias catastróficas en la ejecución de un proyecto de la importancia estratégica del gasoducto 'Southern Interconnection', dijo entonces Transparencia Internacional.

Días más tarde, tal y como reveló The Guardian, el embajador de la UE les hizo llegar a los líderes bosnios una advertencia en la que les instaba a consultar con Bruselas cualquier cambio en la política energética para “evitar perder oportunidades de mayor integración, así como oportunidades financieras”.

Estados Unidos, por su parte, no oculta su satisfacción. “Esta asociación refuerza la independencia energética y pone fin a la dependencia del gas ruso”, publicó la embajada estadounidense en Sarajevo el X de abril. “Ha comenzado una nueva era para la seguridad energética en los Balcanes Occidentales”.

Sin embargo, ninguna nueva era comenzará hasta que se construya el gasoducto 'Southern Interconnection'. Para que eso suceda, la administración Trump necesitará la amistad del hombre que quiere dividir el país.

El ultra que quiere romper el acuerdo de paz

Milorad Dodik, el líder ultranacionalista de los serbios de Bosnia, ha sido tratado hasta hace poco como un paria por Washington.

La Administración Biden acusó a Dodik de abusar de su cargo público “para acumular riqueza personal mediante el soborno, el chantaje y otras formas de corrupción” y aplicó sanciones contra él y su familia. “Su retórica etnonacionalista y divisiva refleja sus esfuerzos por desviar la atención de sus actividades corruptas”, decía un comunicado del Tesoro de EEUU en el que se anunciabael castigo. Dodik lo calificó de “mentiras”.

Cuando Trump regresó a la Casa Blanca, Dodik puso en marcha una campaña multimillonaria para ganarse el respaldo de la Administración Trump y lograr que se levantaran las sanciones. Diferentes grupos de presión se activaron para presentar a los nacionalistas serbios de Dodik como aliados de Trump contra el islam. Entre quienes ejercieron de lobistas para promover ante Trump la causa de Dodik figura Michael Flynn. Se embolsó 100.000 dólares por un mes de trabajo.

En octubre, sin dar ningún tipo de explicación, la Administración Trump levantó las sanciones que pesaban sobre Dodik y su familia. El 7 de abril, Donald Trump Jr., que dirige actualmente el imperio empresarial familiar, aterrizó en Banja Luka, la principal ciudad de la parte serbia de Bosnia, para asistir a un acto en su honor.

El hijo de Dodik, Igor, dio una cálida bienvenida a Don Jr. “Tu presencia lo dice todo”, le dijo. “Dependemos de ti y confiamos en ti. A cambio, tú, Estados Unidos y la administración republicana liderada por tu padre tendrán un aliado fiable, sincero y cristiano en esta parte del mundo”.

Michael Murphy, exembajador de Estados Unidos en Bosnia, afirma que Dodik está tratando de ganarse el favor de los círculos de Trump mientras busca romper el acuerdo de paz de 1995 declarando la independencia de la región serbia. “Quiere que acepten su agenda más amplia. Para conseguirlo, no puede meterse con el gasoducto”. Y advierte: quienes lo apoyan están “jugando con fuego”.

En virtud del acuerdo de reparto de poder de Bosnia basado en el acuerdo de paz, los serbios podrían vetar el gasoducto. Dodik, que sigue siendo su líder a pesar de haber renunciado a su cargo oficial, parece tener numerosas razones para hacerlo. Al igual que el recientemente derrotado Viktor Orbán en Hungría, Dodik es un aliado de Putin. El gasoducto existente en Bosnia no solo transporta gas ruso, lo que aumenta la influencia de Putin en los Balcanes, sino que también atraviesa el territorio de los serbios, lo que les da control sobre el suministro energético.

Pese a ello, un alto cargo político serbobosnio explica: “Lo he visto con mis propios ojos: los estadounidenses tienen aquí una prioridad absoluta y esa prioridad es que el gasoducto salga adelante. Están muy, muy interesados en ello. A Dodik, como a todos los demás, les han dicho que no se anden con tonterías con el proyecto”.

Trump Jr. no mencionó el gasoducto ni a AAFS durante su visita a los serbios de Bosnia en abril. Lo que sí hizo fue destacar las ventajas de comprar gas estadounidense: “Es una obviedad. Se pueden resolver múltiples problemas, tanto empresariales como, sinceramente, geopolíticos, con esta única cuestión. Creo que es una gran oportunidad”.

El 21 de abril, poco después de la visita de Donald Trump Jr., Dodik señaló que no obstaculizaría el plan de Binnall y Flynn. Su decisión deja en la práctica en manos de los socios de Trump un proyecto energético europeo crucial.

Información adicional de Joseph Gedeon desde Washington.