Trump se abona a la deformación de la realidad en su huida hacia adelante de la errática gestión de la guerra de Irán
En política, a menudo, la descripción de la realidad conforma realidades. Y Donald Trump lo sabe. Lleva décadas haciéndolo, desde que se paseaba por los platós de televisión con sus shows. Una de las primeras cosas que hizo en su vuelta a la Casa Blanca fue renombrar el Golfo de México, y no ha dejado de hacerlo desde enero pasado. Así, a su ley de recortes sociales la llamó Big Beautiful Bill; al departamento de Defensa, lo ha rebautizado como departamento de Guerra; y a su ley para recortar derechos electorales, la llama Save America Act. De la misma manera, al presidente de la Reserva Federal lo llama Too Slow Powell y al expresidente Biden, Sleepy Joe.
Trump disfruta de ese poder de poner y quitar nombres a las cosas y de crear insultos para sus rivales políticos. Y sabe que una mentira repetida mil veces tiene muchas posibilidades de convertirse en verdad. Por eso lleva un año repitiendo cada día que “EEUU estaba muerto y ahora es el país más potente del mundo”; y lleva diciendo casi desde que comenzaron los bombardeos sobre Irán, el pasado 28 de febrero, que la guerra estaba ganada.
Sin embargo, cuando se está duplicando el plazo dado por Trump para el fin de la guerra, Irán sigue sin capitular a los deseos del presidente de la Casa Blanca.
De hecho, este mismo martes el presidente de EEUU pedía Irán que se rindiera, lo cual evidencia que la guerra sigue abierta: “Irán debería sacar la bandera blanca. En el hockey se dice 'me rindo', ¿no? ¿Cuándo van a rendirse?”. Es decir, aún no ha finalizado una guerra que el propio Trump calificó de “terminada” en una carta al Congreso el pasado viernes para evitar así pedir autorización para proseguir las hostilidades más allá de 60 días.
Y, para seguir dando esquinazo al Legislativo, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, se ha empeñado en afirmar este martes que los bombardeos era una operación llamada Furia Épica, y que la iniciativa militar para desbloquear el estrecho de Ormuz se llama Proyecto Libertad. Y, de esta manera, con un viejo y manido recurso como el rebranding, la Administración Trump deforma la realidad para seguir instalada en una narrativa triunfalista.
“No, el alto el fuego no ha terminado”, ha afirmado el jefe del Pentágono: “Se trata de un proyecto independiente y diferenciado [el Proyecto Libertad en relación con Furia Épica], y esperábamos que hubiera cierta agitación al principio, y dijimos que lo defenderíamos y lo haríamos de forma enérgica, y así lo hemos hecho sin lugar a dudas. Irán lo sabe y, en última instancia, el presidente tomará una decisión si la situación llegara a escalar hasta convertirse en una violación del alto el fuego. Pero, sin duda, instamos a Irán a que sea prudente en las medidas que adopte, para mantener la situación por debajo de ese umbral. Así que, en este momento, el alto el fuego se mantiene, sin duda, pero vamos a estar muy, muy atentos, por supuesto”.
El propio presidente, decía este martes en el Despacho Oval: “Los próximos años serán una época dorada para el deporte estadounidense, igual que lo es para Estados Unidos; ya sabes, hoy hemos alcanzado un máximo histórico en la bolsa, y, a pesar de eso, estamos en medio de una pequeña escaramuza”.
“Escaramuza”. Así es como define ahora Trump la guerra en Irán, después de haberla llamado “excursión” o, incluso, “desvío”. Y lo cierto es que este lunes, día en que arrancó la operación para sacar barcos de Ormuz, se produjeron ataques entre EEUU e Irán, con el resultado de que resultaron alcanzados varios barcos escoltados por el Ejército estadounidense, así como seis embarcaciones iraníes. Al mismo tiempo, Teherán atacó Emiratos Árabes Unidos por primera vez desde el inicio de la tregua, el pasado 8 de febrero.
“Irán sabe lo que puede hacer y lo que no puede hacer”, ha afirmado Trump este martes.
Lo que no dice Trump, después de haber estado meses afirmando en falso que el galón –3,78 litros– de gasolina estaba a dos dólares, es que la media en el país esta semana se situaba en los 4,5 dólares, según el organismo AAA, que señala que hace un año los precios medios eran de 3,1 dólares. Y lo que sí hace es despreciar el hecho de que el barril de Brent siga por encima de los 100 dólares, cuando antes de la guerra estaba por debajo de los 70: “Lo que está pasando es que la gente está aprendiendo a comprar petróleo de Estados Unidos. El petróleo está a 102 dólares. Es un precio muy bajo a pagar por librarnos de un arma nuclear en manos de gente que está realmente trastornada”.
“Puedo decir esto”, ha insistido Trump este martes: “Irán quiere llegar a un acuerdo. Lo que no me gusta de Irán es que me hablan con un gran respeto y luego salen en televisión y dicen: '¡No hemos hablado con el presidente!'. Están jugando con nosotros. Podemos hacerles lo que queramos”. Lo que no cuenta Trump es con quién habla él de Irán, de la misma manera que hace públicas conversaciones con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, o de China, Xi Jinping, por ejemplo. Y lo que tampoco explica es por qué, si tantas ganas tiene Irán de llegar a un acuerdo, por qué ese acuerdo no se firma cuando han pasado nueve semanas desde el inicio de los ataques.