Análisis
Trump acelera en su espiral autoritaria
Queda un mes y medio para las elecciones legislativas de mitad de mandato. La Reserva Federal acaba de subir los tipos de interés porque la inflación está descontrolada a consecuencia de la guerra de Donald Trump en Irán. Los precios de la gasolina y el diésel siguen desbocados, lo que afecta al bolsillo de todos los votantes del 3 de noviembre, por mucho que a los tecnoligarcas que cenaron el jueves en la Casa Blanca con Xi Jinping les esté yendo muy bien en la Bolsa.
Queda un mes y medio para las elecciones, y el presidente de EEUU se dio un baño de trumpismo hace unos días en la convención republicana de Dallas, donde hubo dos mensajes fuerza: Trump ha salvado al país de la “invasión migrante” y Trump salvará el país de la “invasión comunista”.
Y dos semanas después de alentar el miedo al diferente y a la supuesta amenaza comunista, el presidente de EEUU ha dedicado tres días al principal líder comunista del planeta Tierra, Xi Jinping, ante quien desplegó una alfombra roja y recibió con todos los honores en la Casa Blanca este jueves y viernes.
Hasta tal punto han mostrado sus buenas relaciones, que Trump ha afirmado que volverá a China en noviembre, y que se volverá a encontrar con Xi en diciembre, en el G20 de Florida. Otra cosa son las consecuencias concretas de la visita de Xi a EEUU, que, según denuncian los demócratas, han sido muy magras.
Pero Trump no tiene complejos, piensa que nada de lo que hace le resta: ni la contradicción entre su retórica anticomunista y llenar la Casa Blanca de banderas rojas chinas, ni el contrasentido de querer presentar al Partido Republicano como el partido de la clase trabajadora, y aparecer siempre rodeado de tecnoligarcas multimillonarios; o la paradoja de decir que defiende la limpieza electoral y codearse con líderes ultras —como el argentino Javier Milei y el israelí Benjamín Netanyahu— y aplicar todo tipo de injerencias en las elecciones en Latinoamérica: Lula y los demócratas están denunciando cómo está interfiriendo en las elecciones presidenciales brasileñas.
A Trump le queda mes y medio para unas elecciones que pueden arrebatarle el control del Senado o la Cámara de Representantes; o quizá ambos. Y eso sería un gran revés para quien está empeñado en aprobar la Save America Act, una nueva ley electoral que, según los demócratas, restringirá el derecho al voto de millones de personas. ¿Por qué? Porque exige prueba de ciudadanía para registrarse y de identidad para votar.
Y Trump, en efecto, no tiene complejos, y a seis semanas de las elecciones, ha decidido que era buena idea amenazar en Naciones Unidas con aniquilar Irán, un país de 90 millones de habitantes, y prohibir a CNN, MS NOW y Politico la entrada en la Casa Blanca la víspera de la llegada de Xi Jinping a Washington DC. Al tiempo que emite en las cadenas de televisión anuncios trumpistas con retórica macartista de la Guerra Fría pagados con dinero público en plena precampaña de las elecciones legislativas.
En este contexto, Trump ha recibido este viernes una buena noticia del Tribunal Supremo, que ha levantado cautelarmente las restricciones a una controvertida base de datos federal de votantes y podrá ser usada en las elecciones de noviembre.
Este fallo supone una victoria, temporal, para Trump en su campaña contra el voto de los no ciudadanos. En efecto, la decisión del Supremo permite a los estados utilizar un programa de Seguridad Nacional para verificar la elegibilidad de los votantes.
El programa ha sido objeto de escrutinio por el uso de datos personales confidenciales y su tendencia a marcar erróneamente a algunos votantes como no ciudadanos. El uso del programa, llamado SAVE, por parte de los estados, es voluntario, por lo que limita el impacto del fallo en las elecciones de noviembre.
Pero no todo han sido buenas noticias este viernes para Trump por parte del Supremo, porque ha rechazado el intento de utilizar un nuevo mapa de distritos electorales de Misuri para el Congreso, favorable a los republicanos.
Trump está acelerando en su espiral autoritaria, redoblando la apuesta por el trumpismo antes de las elecciones legislativas. Incluso en un contexto de mínimos de popularidad. En efecto, el índice de aprobación de Trump ha caído al 32%, el nivel más bajo de su carrera política, según una encuesta reciente de Reuters/Ipsos.
Y, mientras tanto, los podcasters conservadores parecen estar perdiendo interés en Trump. De acuerdo con un análisis del Wall Street Journal de 70.000 horas de podcasts para comprender los temas que abordan los comentaristas conservadores, algunos de los cuales contribuyeron a la victoria de Donald Trump en 2024, y qué temas han quedado fuera de la conversación. El análisis refleja el ambiente político en sectores clave antes de las cruciales elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Para ello, el WSJ usó una herramienta de IA propia desarrollada para monitorizar las tendencias en redes sociales antes de las elecciones de mitad de mandato. Además de los podcasts, el diario recopiló más de 10 millones de publicaciones de TikTok e Instagram de diversos creadores. Tras cruzar esos datos con miles de horas de noticias televisivas y artículos del propio Journal para comprender los temas políticos que circulan en los medios de comunicación, la investigación encontró los comentaristas de MAGA están ignorando a Trump. En efecto, las menciones del nombre de Trump por hora en los podcasts conservadores han caído casi un 70% con respecto a sus máximos durante la campaña de las elecciones de 2024.