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La nueva cara del radicalismo: “Los discursos que estaban en los rincones de internet hoy salen de la Casa Blanca”

Imagen del juego creado por la Casa Blanca para capturar migrantes.

Víctor Honorato

25 de septiembre de 2026 22:36 h

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¿Por qué se normalizan los discursos de extrema derecha en el debate público? Antes de explicaciones enrevesadas sobre insidiosos algoritmos de redes sociales, el profesor de la Queen's University de Ontario (Canadá) Amarnath Amarasingam, que lleva una década investigando la radicalización extremista en su país, apunta al odio que pregona diariamente el presidente de EEUU, Donald Trump. “Los discursos que antes estaban en los rincones oscuros de Internet ahora emanan de la Casa Blanca”, señaló esta semana en Madrid en el XII Foro Elcano sobre Terrorismo Global.

Amarasingam se refirió a un ejemplo reciente de esta banalización del odio, en formato de videojuego, accesible desde una página web del Gobierno, sufragada con fondos públicos y con dominio oficial: arcade.gov. Allí, los jugadores pueden probar a vigilar la frontera en busca de migrantes irregulares, o bien contribuir a la construcción del muro fronterizo con México, mediante juegos que utilizan un formato simple que imita al de los ordenadores de los años 80.

El experto canadiense explicó que el discurso ultraderechista clásico se ha ido amalgamando progresivamente con otros relatos de rechazo al sistema a partir de la pandemia de COVID. Fue entonces cuando los difusores de ideas puramente fascistas empezaron a tratar en foros y salas de conversación de la red con propagandistas de relatos conspiranoicos, en el marco de los confinamientos y la preocupación por las vacunas.

“La pandemia reunió a actores muy diversos”, indica el académico, que expuso que en ese caldo coincidieron desde madres de familia a activistas de extrema derecha. Progresivamente, los perfiles se van difuminando hasta llegar al momento actual, en el que se vuelve difícil catalogar al radical. “No pertenecen a organizaciones, pero se mueven en un ecosistema de odio. Del patrón de militante como 'hombre joven y enfadado' pasamos a ver a hombres de más de 60 años, o incluso niños muy jóvenes que se mueven en ambientes nihilistas. ¿Cómo intervienes en esas situaciones?”, plantea.

De izquierda a derecha, el investigador de Elcano Álvaro Vicente; la investigadora de RUSI-Europa Joana de Deus; el profesor de la Queen's University de Ontario Amarnath Amarasingam y el jefe de la división antiterrorista del CITCO, Francisco Coria, el 24 de septiembre en el Foro Elcano sobre Terrorismo Global.

Respecto a los menores, el experto llamó la atención sobre el grupo 764, una organización extremista centrada en la captación de adolescentes y niños, a los que se identifica en las comunidades de videojuegos multijugador y que son arrastrados a sucesivas plataformas hasta introducirlos en una red de extorsión, acoso y violencia sin mayor fin político que el caos. La comunidad, de contornos difusos, es considerada terrorista por Canadá y tiene extensiones por múltiples países. La policía detuvo a uno de sus miembros el pasado agosto en Gipuzkoa.

La difusa condición de esta y otras comunidades —una de ellas se autodenomina precisamente “The Com”— trae de cabeza a los estudiosos del fenómeno. “¿Esto es extremismo? ¿Cuál es el fin político? La cuestión es que no lo hay. Es crueldad porque si, y es global”, advirtió Amarasingam. El profesor considera que no buscan el regreso nostálgico a un pasado idealizado ni plantean una utopía, y vincula su auge con un fenómeno de pérdida absoluta de valores morales, la anomia que teorizó el sociólogo Émile Durkheim a finales del siglo XIX.

'Terroristas' al mejor postor

La investigadora Joana de Deus, del think tank británico RUSI-Institute, señaló, por otra parte, que, en la actualidad, la ideología ha dado paso en buena parte a un mercado del terror en el que los actores interesados —señaló a Rusia— se valen de agentes independientes a los que encargan sus actuaciones de desestabilización. “No les importa tanto el componente ideológico, como el resultado de desestabilizar Europa”, argumentó la experta, que puso el ejemplo del incendio de un almacén de Ikea en Lituania a manos de un adolescente ucraniano en 2025, o los casos de jóvenes africanos que, atraídos por falsas promesas, acabaron en el frente de la guerra contra Ucrania. Son fenómenos nuevos y difíciles de perseguir. “No se puede legislar lo que no se puede catalogar”, apuntó.

Con todo, el riesgo del extremismo ligado a la ultraderecha sigue siendo bajo en España, según Francisco Coria, jefe de la División Antiterrorista del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), que depende de Interior. El foco sigue estando en el yihadismo, pero los fenómenos, a pesar de sus diferencias, tienen puntos de contacto: se trata de una especie de admiración por el uso de la violencia de las redes islamistas que llevan a grupos vinculados con el neonazismo, de nuevo con un fuerte componente online —como el conocido como Yihad Blanca— a adoptar sus métodos y tácticas.

Coria identificó varias causas de este florecer ultra, una verdadera ensalada explosiva: la polarización social, el rechazo a la inmigración, la falta de vivienda o los relatos de inseguridad. “Todo influye en estas narrativas”, destacó.

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