De ratones y de hombres

0

Un ratón, amigo de Pedro Sánchez, se subió a un crucero en el Cono Sur y disfrazado de turista accidental trajo camuflado un virus para acabar con los patriotas españoles que reivindican a Hernán Cortés. El ratón, por supuesto colorao, tenía la intención de llegar nadando hasta las costas de Canarias y contagiar selectivamente a la población para vengarse de que sus antepasados llevaran a América otros virus y, sobre todo, de que Nacho Cano no les hubiese dedicado un musical titulado “Ratinche”. 

Este podría ser el argumento de una nueva serie escrita por los guionistas Abascal-Clavijo con la inestimable colaboración de Ayuso en su papel de mártir evangelizadora. Pero, últimamente, la realidad supera con creces a la imaginación y Santiago Abascal, líder de Vox e ilustre epidemiólogo que intenta contener algunos virus en su propio partido, acusó a Pedro Sánchez de haber provocado el brote de hantavirus que afectó al crucero  Mv Hondius. Sumándose a la corriente de disparates Fernando Clavijo, el presidente de Canarias, quiso abortar la operación de rescate de los enfermos a bordo del barco por temor a que una rata pudiese saltar desde el barco y llegar nadando hasta la isla. Y lo hizo esgrimiendo una respuesta de la inteligencia artificial que le aseguraba que las ratas podían alcanzar a nado la costa. Sin embargo, la inteligencia artificial no le mostró las diferencias entre ratas y ratones, ni que las ratas no transmiten esta enfermedad porque solo un tipo de ratón, llamado ratón colilargo patagónico, puede ser portador de este virus, y no se trata precisamente de un gran nadador de mar. 

 La inteligencia artificial también nos dice que el Ratoncito Pérez y la Ratita Presumida podrían nadar desde un barco a un puerto. Aunque la Ratita Presumida seguro que prefiere quedarse en la cubierta del barco para no encontrase con ningún gato en el puerto. Y el Ratoncito Pérez probablemente desee permanecer tranquilo en el mar, cerca de las perlas blancas en las que quiere transformar los dientes de los niños. Hasta el padre Coloma tuvo mucha más calidad imaginativa cuando en 1894 escribió el cuento del Ratón Pérez para consolar al rey Alfonso XIII, quien por entonces había empezado a perder sus primeros dientes de leche. 

Muchas veces, el indudable potencial de la verdad digital reside en su inmensa capacidad para situarnos en la mentira puesto que, gracias a su celeridad, puede reinventar los datos y, por tanto, la realidad que se asienta sobre ellos. Un caldo de cultivo extraordinario en unos momentos en los que no existe una cohesión de la ciudadanía y el individualismo de las redes sociales marca nuestra vida social.

Con tal de enfrentar a toda costa las decisiones de nuestro adversario político somos capaces no solo de negar al adversario sino de negar lo que nosotros mismos evidenciamos e inventar el absurdo como criterio de verdad. Y eso conduce a la falta de solidaridad y de sentido humanitario de quienes no querían que el barco se detuviese en la costa canaria, ni siquiera por la prioridad nacional de que en su interior viajasen 14 españoles.

En la novela De ratones y hombres publicada en 1937, el Premio Nobel John Steinbeck describe de forma magistral aquella sociedad americana de la época inmersa en la Gran Depresión y llena de prejuicios expresados en el enquistado racismo y en el habitual maltrato machista. Todo esto lo hace Steinbeck de la mano de los protagonistas principales, dos hombres que juntos recorren los Estados Unidos en busca de un rancho donde trabajar. Uno es el líder sensato, inteligente y extrovertido mientras el otro es físicamente muy fuerte, pero de una gran dependencia afectiva, siempre subsidiario de los consejos de su fiel amigo.

La obra, que fue sensacionalmente interpretada en la pantalla por los actores John Malkovich y Gary Sinise, representa un canto a la amistad y al amor incondicional en un mundo lleno de odio, así como una dura crítica a una sociedad individualista que entiende al otro como un medio o como un estorbo.

Tras los ratones hay hombres que nadan en el suelo de la soberbia obviando el conocimiento científico como antitóxico contra la arrogancia que la estrategia de los intereses personales exige. Ojalá todo este sainete nos haga reflexionar acerca de la importancia de la ciencia para nuestra salud física, mental y social puesto que vivimos en un clima político histérico y eso quiere decir que necesitamos con apremio el sosiego del pensamiento crítico y de la racionalidad de la ciencia. Sin duda, nos encontramos ante una disyuntiva tan difícil de percibir como fácil de resolver: o nos subimos a la ola del miedo y los bulos de las redes o navegamos sin temor por el mar de la verdad.

Cuando le preguntaron al escritor Manuel Vázquez Montalbán la razón por la que, a pesar de ser famoso, seguía afiliado al Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), él respondió con su firmeza habitual: “Por respeto al militante de base”. Algunos de nuestros dirigentes deberían respetar la inteligencia de los ciudadanos de base y los ciudadanos deberíamos respetarnos a nosotros mismos acudiendo a las fuentes para evitar los charcos. Que un 40 % de nuestros compatriotas se haya creído el bulo de que la regularización dará la nacionalidad a los extranjeros, no resulta muy alentador. Solo el armónico festival del conocimiento científico puede acallar el horrísono festival de la estupidez insolidaria. Es urgente, ya que la lucha por la libertad existe y la autocracia va ganando. Y lo hace tomando el camino más corto. Y el más absurdo: el de la necedad voluntaria.