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Un joven francés lleva una cruz de 35 kilos a la cumbre del Aneto y el colectivo laico pide que se le sancione

El joven francés que ha llevado la cruz de madera hasta la cumbre del Aneto, en su publicación en Instagram.

ElDiarioAragón

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Un joven francés de 18 años, Maël Le Lagadec, logró llevar hasta la cumbre del Aneto (3.404 metros) una cruz de nogal 35 kilos de peso madera de nogal para reponer de manera provisional la que desapareció semanas atrás. El gesto, convertido en viral en redes sociales, ha recibido críticas por parte del Movimiento Hacia Un Estado Laico (MHUEL), que ha pedido al Seprona de la Guardia Civil y a los responsables de Protección de la Naturaleza del Gobierno de Aragón que investiguen la instalación y tramiten, si procede, un expediente sancionador contra el autor, cuyo nombre y apellido constan en la denuncia.

La cruz original fue colocada en 1951 por el Centre Excursionista de Catalunya para celebrar su 75 aniversario y posteriormente Montañeros de Aragón de Barbastro la acompañó de una talla de la Virgen del Pilar. Desde entonces, la estructura ha acumulado una historia de vendavales, restauraciones y polémicas. En mayo de 1999 unos fuertes vientos la arrancaron y hace ocho años, en 2018, apareció pintada de amarillo en pleno auge del independentismo catalán, lo que obligó a una intervención de limpieza. El último capítulo llegó hace apenas unas semanas, cuando la Guardia Civil confirmó que la estructura, de unos tres metros de altura y cerca de 100 kilos de peso, había desaparecido con indicios claros de haber sido seccionada con una herramienta mecánica y arrojada ladera abajo.

Le Lagadec talló la nueva cruz en madera de nogal negro, le aplicó un barniz especial para las condiciones de alta montaña y la subió a la espalda hasta la cima acompañado por un amigo, como recogió inicialmente 'Heraldo de Aragón'. El alcalde de Benasque, Manuel Mora, valoró positivamente la iniciativa y confirmó que la cruz permanecerá de manera provisional mientras continúa la búsqueda de la estructura original.

Los argumentos del MHUEL son de orden ambiental, simbólico y ético. Apuntan que cualquier estructura artificial “rompe la armonía visual de un entorno de alta montaña” y que, en espacios de valor paisajístico, “la montaña tiene valor estético por sí misma”. Invocan el criterio de la Ley del Patrimonio Histórico Español –que prohíbe elementos intrusivos en entornos protegidos– para reclamar la misma consideración para las cumbres. Añaden que una cruz es un símbolo religioso concreto cuya presencia en un espacio natural público “asume que todos los visitantes comparten esa simbología, ignorando la diversidad de creencias”. Y advierten del precedente: permitir cruces abriría la puerta a “estatuas, placas conmemorativas o antenas disfrazadas de tradición”.

El colectivo apela también al código ético del montañismo y su principio de “no dejar rastro”: instalar estructuras permanentes en una cumbre contradice ese mandato “por muy liviana que sea la cruz”. Su conclusión es tajante: la retirada de elementos artificiales en las cumbres no es una agresión a la tradición, sino la devolución del espacio a su condición original.

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