Pisando una bodega por primera vez a los 90 años: la aventura enológica de Valentina y Victoriano en La Rioja

Valentina y Victoriano en Bodegas Franco Españolas

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El otoño abre en La Rioja un paréntesis único. Entre septiembre y octubre, el campo huele a tierra húmeda y las zonas vinícolas se transforman con el ajetreo de la vendimia. Las bodegas trabajan a pleno rendimiento y el vino inicia ese viaje silencioso que va de la cepa a la copa. Sin embargo, para entender la verdadera dimensión de esta tradición, a veces no hace falta saber de maridajes ni de añadas, sino mirarla a través de unos ojos que la descubran por primera vez.

Eso fue lo que hicieron Valentina, de 91 años, y Victoriano, de 88. A pesar de haber recorrido casi un siglo de vida, ninguno de los dos había puesto un pie dentro de una bodega para ver de cerca cómo se elabora y envejece el vino. Bodegas Franco Españolas fue el marco elegido para esta primera vez en la vendimia riojana.

Un “submarino” bajo tierra

La experiencia arrancó bajando a las profundidades de la bodega, un entramado de pasillos penumbrosos y salas flanqueadas por cientos de barricas de madera. Acostumbrado al bullicio exterior, Victoriano no pudo contener la sorpresa nada más cruzar el umbral y contemplar la alineación de toneles: “¡Chicos, esto parece un submarino!”, exclamó con una espontaneidad que rompió cualquier solemnidad y marcó el ritmo de la visita.

Acompañados en todo momento, recorrieron las entrañas de las instalaciones justo en la época de mayor actividad del año. Paso a paso, fueron descubriendo los secretos del enoturismo, una forma de viajar que busca comprender el territorio, la cultura y la historia de un lugar a través de sus métodos tradicionales de elaboración.

Valentina y Victoriano, por primera vez en una viña

De la teoría a la copa: una cata sin tapujos

El recorrido culminó alrededor de una mesa de cata, uno de los momentos más esperados de la jornada. Allí aprendieron el ritual que siguen los sumilleres: examinar el color al trasluz, hacer girar la copa con suavidad para despertar los aromas, oler, volver a oler y, finalmente, dar el primer trago.

Tras unos segundos de atenta concentración, Victoriano demostró tener un olfato fino y se lanzó con sus primeras impresiones: “¡Sabe a vainilla, con un ligero matiz de roble!”.

Valentina, entusiasmada tras descubrir matices desconocidos en una bebida que ha visto toda la vida, no tardó en dictar su propio veredicto con una sonrisa pícara: “¡Yo he nacido para ser catadora, pero no pienso escupir el vino!”.

Valentina y Victoriano en la sala de barricas de Franco Españolas

Aprender y disfrutar a cualquier edad

Esta jornada diferente fue posible gracias a una iniciativa conjunta entre la plataforma de actividades Civitatis y la Fundación Adopta Un Abuelo, entidad que desde 2014 trabaja para combatir la soledad de los mayores y crear puentes intergeneracionales a través del acompañamiento y las experiencias compartidas.

Para quienes se animen a seguir sus pasos y visitar una bodega durante los meses de vendimia, o en cualquier otra época del año, Valentina se despide con dos recomendaciones fundamentales basadas en la experiencia vivida: calzado cómodo y una buena chaqueta. Porque, como ella misma resumió entre risas al salir a la superficie, “¡en la bodega es invierno todo el año!”.

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