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El español ya no tiene quien lo defienda: Ayuso cierra el “chiringuito” que creó para Toni Cantó sin avances conocidos

Marcos Pinheiro

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La Oficina del Español ya es historia. El organismo creado en la Comunidad de Madrid por Isabel Díaz Ayuso para dar un sueldo a Toni Cantó tras las elecciones de 2021 se diluye ahora en la estructura regional, sin funciones definidas, un año después de que el actor abandonara la tarea de defender el idioma y potenciar a Madrid como la capital del español.

Lo ocurrido estos últimos dos años es una metáfora de cómo funcionan algunos rincones de la política, y su historia reúne el catálogo de ingredientes básicos para crear este tipo de organismos, conocidos como “chiringuitos”: un político en busca de su enésimo puesto público, un partido que obliga a encajarlo en las listas electorales después de que haya abandonado las siglas de otro, una treta con el padrón que acaba siendo anulada y finalmente la creación de un organismo a medida para justificar el salario público.

Su disolución conocida esta semana confirma la inutilidad de una oficina anunciada para defender el español, la segunda lengua materna por número de hablantes en el planeta –solo superada por el chino– y en la que se comunican casi 500 millones de personas en todo el mundo, 100 millones más que hace una década, según los datos del Instituto Cervantes. La única razón de su existencia fue crear un puesto para Toni Cantó en el final de una vida política tras abandonar Ciudadanos para fichar por el PP .

Cantó había abandonado primero Vecinos por Torrelodones, su primer partido, después se fue de UPyD antes de que se hundiera definitivamente y repitió la misma operación en Ciudadanos, donde completó su particular carrera política: pasó de iniciarse con una plataforma vecinal que se montó para luchar contra la corrupción del PP a fichar por ese mismo partido.

Su desembarco no fue fácil. El actor –es su profesión, aunque no la ejerce desde hace años– entró al partido gracias a la dirección que entonces lideraba Pablo Casado. El presidente del PP, ya enfrentado a Ayuso, impuso a Cantó en las listas de Madrid para las elecciones de 2021. La presidenta madrileña tuvo que ceder y colocarlo en los puestos de salida por delante de algunos de sus consejeros, pero la treta para empadronarlo a toda prisa en la capital, porque él residía en Valencia, fue anulada por los tribunales.

Abortado el plan de garantizar a Cantó un sueldo público como diputado autonómico, Ayuso que no contó con él para ningún puesto de gestión en su gobierno acabó creando en junio de 2021 la Oficina del Español. El Ejecutivo regional justificó esa oficina para promocionar la Comunidad de Madrid “como capital europea del español”.

Desde entonces, el desempeño de Cantó estuvo plagado de tropiezos, desde el mismo día que asumió el cargo y publicó un tuit con errores gramaticales que tuvo que borrar. Poco después intentó rechazar las críticas a su nombramiento con una frase que le perseguiría durante toda su etapa al frente: “El chiringuito soy yo. No hay otra estructura que yo”.

Ayuso tuvo que salir al paso y negar que fuera un organismo creado solo para Cantó. “He creado un organismo político para un político”, dijo la presidenta regional, y añadió: “Sería un chiringuito si yo lo hubiera creado para él, pero yo en todas mis intervenciones hace dos años estoy anunciando que quiero crear un proyecto como este”. Algo más de dos años después, la oficina ha cerrado sin avances conocidos del español frente a unas amenazas tampoco concretadas.

Cantó dejó el proyecto apenas un año después de empezar. No hay muchos detalles de las acciones que desarrolló durante ese tiempo, en el que cobró 75.000 euros del Gobierno de Madrid. Llegó a firmar algunos convenios, como el que cerró con la Federación Española de Asociaciones de Escuelas de Español de Madrid (FEDELE), que se comprometía a “la promoción y defensa” de la lengua española en la región desde sus redes sociales a cambio de 113.000 euros. El resultado de esa inversión es también un enigma.

El propio Cantó ha tenido problemas para explicar su trabajo. En una comparecencia en la Asamblea de Madrid dijo que su labor estaba enfocada a atraer estudiantes de español a Madrid o dar la batalla cultural por la conquista de América: “Yo creo que cuando España llegó a aquel continente liberó al continente. No la conquistaron, la liberaron, porque si no, no es posible entender cómo unos cientos consiguieron liberar tantísimos miles de personas de ese continente que estaban absolutamente sojuzgados por un poder que era absolutamente brutal, salvaje e incluso caníbal. Eran capaces de matar en una sola ceremonia a 70.000 personas”.

En el marco de esa batalla cultural se organizó el primer Festival de la Hispanidad, un evento de un centenar de actividades sufragado con 850.000 euros también de dinero público. Pero no está claro si la Oficina del Español de Cantó jugó un papel fundamental en su puesta en marcha, porque la entonces consejera de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, otra ex de Ciudadanos que se mudó al PP, se atribuyó el mérito. Ambos, ya muy distanciados en esa época, llegaron a protagonizar un roce en público sobre quién había impulsado el festival.

Y poco más. No hay mucho rastro del trabajo de Cantó al frente de la Oficina, que abandono en septiembre de 2022, algo más de un año después, afirmando que había sido “una experiencia inolvidable”. El organismo ha sobrevivido un ejercicio más, un periodo en el que Cantó ha tenido tiempo para embarcarse en otro proyecto fracasado: el actor fichó como presentador de la televisión de ultraderecha 7NN, que cerró unos meses más tarde por los “gastos excesivos”.

En este último año, la Oficina del Español ha estado dirigida por el periodista y gestor cultural José Ramiro Alonso de Villapadierna, que en su estreno lamentó que el organismo había nacido con ciertas prisas, pero que estaba pensado para perdurar: “Ayuso me ha hecho ver claramente el respaldo, por el bien de los madrileños y de un proyecto común de Estado. Si estoy más o menos tiempo, no me preocupa, el proyecto seguirá”.

La agenda de Ramiro Villapadierna durante este tiempo es pública. Consta su asistencia a diversos premios, exposiciones, presentaciones de libros, entrevistas con medios y algunas reuniones. También un convenio con la fundación católica San Pablo-CEU, aunque su firma corrió a cargo de Rivera de la Cruz.

Desde mayo, cuando se celebraron las elecciones, su agenda está vacía. Nada en siete meses salvo una alusión genérica el 22 de noviembre a “proyecto Cátedra Vargas Llosa”. Tampoco la información sobre sus desplazamientos a cargo de la Comunidad arroja más datos: 57 euros en taxis, todos durante el mes de marzo de este año.

El pasado martes, el Gobierno de Ayuso decidió que la Dirección General de Patrimonio Cultural absorbiera la Oficina del Español. La Comunidad de Madrid asegura que solo es “un cambio de estructura interna”, pero lo cierto es que el organismo desaparece. Ramiro Villapadierna cesa como director, aunque fuentes del Gobierno regional aseguran que seguirá al frente del proyecto, sin detallar cómo.

Alonso de Villapadierna dijo hace un tiempo en una entrevista que la labor de la Oficina del Español se complementaba con la de los cantantes hispanohablantes: “Ahí tienes a Shakira que saca un vídeo hace dos semanas y se convierte en el más visto de la historia”. Meses antes del cierre su último director ya parecía descargar la responsabilidad de la defensa del español en la estrella del pop latino.