Caos en los colegios de Madrid con el préstamo de libros: desigualdad, alumnos sin materiales y problemas informáticos

“El caos”. Así define la presidenta de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) de un centro educativo de la Comunidad de Madrid el estreno del nuevo sistema autonómico de gratuidad de libros de texto. Los reparos al proyecto se remontan a su aprobación, hace dos años. Pero se han recrudecido con su puesta en marcha este curso, pues aunque la ley que fue aprobada por unanimidad en la Asamblea hablaba de gratuidad, el programa en el que se ha materializado es de préstamo. Y ni siquiera para todos los cursos.

Las instrucciones del programa Accede establecen que son beneficiarios los alumnos de Primaria, ESO, Formación Profesional Básica y Educación Especial de centros públicos y concertados. Pero la realidad es que, este año, la Comunidad de Madrid solo sufraga el coste de los libros de los dos primeros cursos de Primaria, porque al tratarse de material fungible no se puede reutilizar; así como de tercero de Primaria y cuarto de Secundaria.

Para que el resto de alumnos de otros cursos puedan tener también libros gratuitos, los colegios deben aprovecharse de los bancos de libros que de manera voluntaria se vienen organizando en las asociaciones de padres y madres. En los centros en los que no hay banco de libros, como en el CEIP Pintor Rosales de Madrid, el alumnado de cuarto a sexto tiene que comprarse los libros.

La conclusión es que un sistema necesario para facilitar a las familias el acceso a la educación está generando desigualdad. Pues la adquisición de libros de texto se ha convertido en un gasto que unas familias deben asumir y otras no. La universalidad del programa Accede no está siendo ni remotamente universal.

A todo ello hay que sumar, además, una implantación a trompicones. El curso ha empezado y, en muchos centros de la comunidad autónoma, a mediados de semana todavía no han sido entregados los libros. Así ha sucedido en el colegio José María de Pereda y en el instituto Pedro Duque de Leganés. “Tiene su lado bueno”, bromea la presidenta de las AMPA de ambos centros. “Y es que se ha demostrado que los libros de texto no son imprescindibles, que se puede dar clase durante tres días sin utilizarlos”, señala.

Mari Carmen Morillas atiende a eldiario.es mientras coloca los paquetes de libros en un aula del colegio. Tienen los libros, pero no van a poder entregarlos porque el programa informático que gestiona Accede está caído. “De vez en cuando se cuelga y no funciona. Hasta que no vuelva a funcionar, no se pueden dar de alta los libros, imprimir las etiquetas o saber a quién le corresponden. Estamos aquí parados esperando”. En otros centros, hay libros que no han llegado todavía (cursos completos o libros concretos), otros han venido sin forrar (unos sí, otros no) y otros marcados como nuevos cuando en realidad son usados.

Condiciones de devolución difíciles de cumplir

“No es gratuidad, es préstamo, tal y como venimos realizando las AMPA desde hace años”, explica Camilo Jené, presidente de la federación que aglutina a estas asociaciones en Madrid. “Es un sistema de financiación que corre a cuenta de las familias para luego cederlos a Accede. Las familias compran los libros y tienen que entregarlos en perfectas condiciones para tener derecho a recibir, el año que viene, un lote de libros en préstamo, si es que hay suficientes, porque la Administración obliga a entregarlos pero no garantiza que haya para todos, de manera que es posible que tengan que volver a comprarlos. De igual manera, si alguno de los libros del lote que entrega la familia no está en condiciones, se rechaza el lote entero y tiene que comprar libros al año siguiente”.

Los centros se quejan de que las condiciones en las que han de devolverse los libros de texto prestados son difíciles de cumplir: no se puede subrayar ni siquiera a lápiz, se tienen que guardar en estanterías de una determinada manera para que no se arruguen, se tienen que forrar y las páginas no se pueden arrugar. En sus casas, los niños y niñas llevan días siendo aleccionados, casi amenazados, sobre el extremo cuidado que han de ponerle a los libros de texto. “Es un absurdo”, dice Jané. “¿Para qué quieres un libro de texto si no puedes trabajar sobre él?”, se pregunta. “La ley nace desfasada. Estamos en otra época. No tiene sentido”, añade. Hay colegios laxos, donde relajan los criterios de la comunidad, y otros más estrictos, que están rechazando lo que no viene impoluto.

Un sistema solo voluntario

El sistema diseñado es de adhesión voluntaria y la inscripción se realizó el curso pasado. La falta de información es uno de los factores que han llevado a que la cantidad de inscritos varíe según el centro. Pero hay otras excepciones: como los alumnos trasladados o los repetidores.

A preguntas del eldiario.es, la Comunidad de Madrid no ha comunicado los datos pero en uno de los colegios consultados han participado el 50% de los alumnos. Sin embargo, en el colegio elegido por la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz-Ayuso, para visitar en el arranque del curso, el Estados Unidos de América - Huarte de San Juan del distrito de Moncloa-Aravaca, se han inscrito el 95% de los estudiantes.

Con el objetivo de conseguir un sistema realmente igualitario, la FAPA piensa que el sistema no debería ser voluntario sino obligatorio. “La enseñanza es obligatoria y gratuita, todos los alumnos deberían tener todos los libros gratis desde el primer día en su pupitre, ya que es el docente quien decide que hay que comprar libros de texto”, dice Jené.

Por otro lado, también se han quejado las familias de colegios concertados que no pueden beneficiarse de libros gratuitos porque su centro ha decidido no adscribirse. A diferencia de los públicos, está en manos de la dirección de estos centros sumarse o no.

Bancos de libros absorbidos por el nuevo sistema

En el CEIP Patriarca Obispo Eijo Garay del distrito de Chamartín, hay libros que no han llegado, se cree que por un traspapelado de la empresa transportista. El AMPA de este centro lleva años con su propio banco de libros, que ha sido absorbido por Accede. Gracias a ello hay libros en préstamo para todos los que lo han solicitado. Pero hay muchos libros que no están incluidos, como los cuadernillos de trabajo, los de Plástica o los de Música. E incluso libros de texto que se han eliminado, como los de Religión y Valores, para conseguir abarcar la totalidad de la demanda con el dinero proporcionado por la Comunidad de Madrid. Es más, si había libros que se querían sustituir por otros, no ha podido hacerse.

El Gobierno regional ha destinado cerca de 200 millones de euros para adquirir alrededor de dos millones de unidades de libros. La Consejería de Educación reparte el dinero a cada centro para que ellos lo manejen, lo cual fue calificado por los sindicatos como una “externalización de la gestión”.

La Comunidad constituyó un Acuerdo Marco para poder crear una bolsa de librerías a las que los colegios pudieran comprar los libros bajo criterios de contratación pública. Pero el sector del libro se revolvió contra ello, pues las condiciones económicas y de gestión que solicitaban los pliegos para que las empresas pudieran concurrir dejaban fuera a librerías y distribuidoras pequeñas que vienen viviendo y manteniendo sus negocios gracias a los libros de texto.

La presión de los libreros funcionó y el Acuerdo Marco fue suspendido mediante una carta el último día de mayo a los centros. Pero el Acuerdo había sido publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid, por lo que, legalmente, sigue vigente. “La Comunidad está incumpliendo su propia normativa”, dice el presidente de la FAPA. Gracias a eso, los colegios han podido pedir presupuestos a sus librerías de proximidad, con las que habitualmente trabajan. Esta ruptura o suspensión del Acuerdo no ha sido comunicada al sector, que ha sabido de ella por las librerías con las que se ponían en contacto los colegios.

Desde la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (ANELE) confían en que se negocie un nuevo acuerdo para el año que viene. Para el Gremio de Libreros, el relevo en el Gobierno de la Comunidad ha originado la falta de comunicación y los retrasos en las negociaciones. “El propio consejero de Educación, Enrique Ossorio, dijo que el sistema era muy mejorable, nos agarramos a eso”, dice su secretario, Pablo Bonet. El gremio tiene confianza en que el sistema pueda cambiarse por el modelo que ellos defienden, el del cheque libro, para que las familias lo gasten en la librería que elijan. Están esperando al cierre de la campaña de libros para retomar las conversaciones.

Ahora bien, se han podido comprar solo los libros para los que había dinero. “Hay centros que han recibido menos dinero del que necesitaban ya que, al romperse el Acuerdo Marco, los centros solo han podido recibir 15.000 euros, los que han solicitado una cantidad mayor no la han recibido porque excede la cantidad de un contrato menor”, explica la FAPA.

También hay una reivindicación desde el sector laboral. El Reglamento de Accede establece que se cree un Comité de Gestión del programa en cada centro, al que se incorpora un miembro en representación del AMPA. El responsable ha de ser un docente, que recibe un complemento salarial por este trabajo. Al tratarse de un trabajo administrativo y no docente, la única explicación para que este trabajo recaiga en un profesor es que hay colegios que ni siquiera pueden permitirse un puesto de personal administrativo.

El clima caótico que estos días están viviendo los colegios y las familias que han aceptado entrar en el programa de préstamo es resultado de “la mala organización de la Comunidad de Madrid”, según el presidente de la FAPA Giner de los Ríos. Mari Carmen Morillas, que ha estado echando una mano en su colegio en junio, julio y septiembre, dice: “ya no damos más de nosotros mismos”. Sumado a las obras sin acabar, la alta rotación del profesorado, la ausencia de intérpretes para sordos, la discriminación con los uniformes en los concertados y los habituales malabares de los equipos directivos para sacar los centros adelante con presupuestos ajustados, Madrid vuelve al cole, un septiembre más, con desilusión antes de tiempo.