“¿¡Otro apagón!? Los lunes están malditos”, susurraba una viajera, que había parado en seco frente al control de acceso del metro de Madrid. Eran las 9.40 de la mañana y, prácticamente en hora punta, las luces en la estación de Vistalegre se habían apagado. El suburbano estaba, otra vez, paralizado. El susto, aunque apenas duró unos minutos, alteró los planes de muchos usuarios y también el de esta joven, que se temía otro episodio como el del cero energético que fundió los plomos de toda España hace justo una semana. Afortunadamente, no fue así.
El suministro eléctrico se marchó de las instalaciones y afectó al recorrido de los trenes que circulaban en ese momento. Ahora, al menos en esta estación de la línea 5 en Carabanchel, se repitió un incidente similar, tal y como pudo comprobar in situ este periódico. Además, el problema se extendió a otros puntos de la ruta. La compañía indicó que el breve altercado se produjo por “causas técnicas”, sin llegar a concretar cuáles.
El episodio no duró mucho. Desde la compañía añadieron que este caso no ha tenido relación con el gran apagón del lunes pasado, sino que el problema se originó por fallo técnico en una subestación, según han indicado los responsables del suburbano. Metro de Madrid ha reportado otros problemas esta mañana, con demoras en la línea 6 y con interrupción del servicio en el ramal entre Ópera y Príncipe Pío, también por causas técnicas.
En Vistalegre bastaron unos 15 minutos para hacer saltar las alarmas. En los primeros instantes del pequeño apagón se perdió la cobertura dentro de la estación. La gente comenzó a salir y a hacer llamadas frente a la boca de Metro, intentando sobreponerse a la situación. “¿Puedes venir a recogerme? No sé cómo voy a llegar hasta Suanzes, me van a matar”, se escuchaba a otra mujer que rondaría los 30 años. Con el teléfono pegado a la oreja o las aplicaciones de Google Maps abiertas, la prioridad de muchos era llegar a tiempo al trabajo y que no les perjudicara el parón.
Durante unos instantes, también los avisos en las pantallas –que muestran cuánto tiempo le queda a cada tren, según el sentido de la línea– comenzaron a funcionar de manera extraña: las letras de los carteles parpadeaban y dejaron de marcar los minutos de espera, señalando erróneamente cero minutos en cada caso. Algunas personas trataron, sin éxito, de utilizar el teléfono de emergencias que existe en todas las estaciones. Se activa pulsando un botón junto al puesto de control, pero al otro lado no había nadie.
Al rato, los carteles digitales volvieron a indicar la hora exacta y los ferrocarriles comenzaron a llegar nuevamente al andén. Los usuarios, que fueron avisándose los unos a los otros, pudieron pasar con éxito sus tarjetas de la EMT por el escáner y acceder a las vías. El servicio se reanudó y, aunque hubo quien debió salir corriendo hacia el autobús buscando una alternativa, la mayoría pudo coger su metro habitual.