Célebre por su mosto y su palacio arzobispal, a los vecinos de este pueblo se les conoce como “mochuelos” y esta es la leyenda que lo explica

Se trata de un rincón donde la tranquilidad de la campiña se respira en cada plaza llena de vida y en cada bodega que guarda el secreto de su famoso mosto

Alberto Gómez

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En pleno Aljarafe sevillano, a tan solo quince kilómetros de la capital hispalense, Umbrete se ha consolidado como un destino que ofrece historia, arte y una gastronomía de raíz andaluza. Este municipio, con una población cercana a los nueve mil habitantes, ha sabido conservar su encanto de pueblo antiguo mientras se adapta a los nuevos tiempos residenciales. Quien recorre sus calles descubre una villa señorial donde el patrimonio barroco se alza entre campos de viñedos y olivares centenarios que definen su paisaje. Es un rincón de Andalucía donde la tranquilidad de la campiña se respira en cada plaza llena de vida y en cada bodega que guarda el secreto de su famoso mosto. Su ubicación estratégica junto a la autovía A-49 lo convierte en una escapada cultural ideal para visitantes locales y extranjeros que buscan autenticidad, una localidad que ofrece una combinación perfecta de legado monumental y hospitalidad vecinal en un entorno privilegiado de la provincia de Sevilla.

El origen de Umbrete se remonta a la época de Al-Andalus, cuando funcionaba como una próspera alquería musulmana conocida bajo el nombre de Ombret. Tras la conquista cristiana, el devenir del municipio cambió radicalmente cuando el rey Alfonso X el Sabio decidió donar estas fértiles tierras al Arzobispado de Sevilla. Este vínculo se formalizó definitivamente en el año 1313, momento en que se otorgó la carta de población por el arzobispo Fernando Gutiérrez Tello. Durante siglos, los prelados sevillanos ejercieron como señores de la villa, convirtiéndola en su residencia predilecta para el descanso durante los meses de verano. Esta relación señorial perduró hasta las desamortizaciones del siglo XIX, cuando los bienes eclesiásticos pasaron a manos públicas y Umbrete inició su camino independiente. A pesar de los cambios políticos, la huella del dominio arzobispal sigue presente, definiendo la fisonomía de sus calles principales y plazas.

La majestuosa iglesia de Nuestra Señora de la Consolación es el monumento más emblemático de la localidad y es conocida popularmente como la gran catedral del Aljarafe. Construida en el siglo XVIII bajo el patrocinio del cardenal Luis Salcedo y Azcona, esta obra barroca destaca por sus dimensiones monumentales e inusuales. El templo fue diseñado por el arquitecto Diego Antonio Díaz, quien logró integrar armoniosamente una planta rectangular de gran amplitud con una fachada de ladrillo limpio. En su interior, el visitante queda maravillado ante el retablo mayor, una pieza maestra diseñada por el artista Duque Cornejo y dedicada a la patrona. Además de esta joya, la iglesia alberga diversos lienzos de Domingo Martínez y varios retablos menores de gran valor artístico que enriquecen este patrimonio. Sus torres, la del campanario y la del reloj, marcan el perfil inconfundible del municipio y sirven como guía visual para cualquier viajero que se acerque.

La integración del palacio, el arco y la iglesia conforma un conjunto arquitectónico barroco de primer orden que justifica la visita

Junto al templo se levanta el antiguo Palacio Arzobispal, un imponente edificio civil del siglo XVII que servía de refugio estival a los arzobispos de Sevilla. Este palacio, catalogado como Bien de Interés Cultural, se estructura alrededor de un elegante patio central con columnas de mármol y una gran escalera. Un elemento singular y sumamente pintoresco es el arco de ladrillo que conecta directamente el palacio con la iglesia parroquial, permitiendo el paso privado. Construido a principios del siglo XVIII por Diego Antonio Díaz, este arco se ha convertido en el símbolo por excelencia de Umbrete y es el rincón más fotografiado. Tras diversas restauraciones, el edificio alberga hoy el colegio Marcelo Spínola y diversas instalaciones municipales, manteniendo así su gran relevancia diaria. La integración del palacio, el arco y la iglesia conforma un conjunto arquitectónico barroco de primer orden que justifica por sí mismo la visita.

Pero sin duda una de las curiosidades de esta localidad es que a sus habitantes se les conozca popularmente como “mochuelos” debido a una antigua leyenda que se ha transmitido de generación en generación. Según el relato, mientras se oficiaba una misa en la iglesia, un mochuelo entró por una ventana y los fieles confundieron al ave con el espíritu santo. Llenos de fervor religioso, siguieron al animal hasta la dehesa de la Lopa, clamándole repetidamente la frase: ¡Apósate, Glorioso! La leyenda cuenta que el ave finalmente se posó en una encina y desapareció, dejando una marca imborrable en la identidad local de todos los vecinos. Este suceso estableció una relación sentimental del pueblo con dicha dehesa, que curiosamente forma hoy una ínsula territorial separada del núcleo principal. El mochuelo es ahora un símbolo querido que define el orgullo de pertenencia de los umbreteños, apareciendo incluso en diversas menciones culturales. Es, sin duda, una de las historias más curiosas que definen el folclore y el carácter único de este rincón del Aljarafe sevillano.

La economía de Umbrete ha estado históricamente ligada a la agricultura, aprovechando un suelo fértil que favorece los cultivos de secano y regadío. Aunque en las últimas décadas han crecido los sectores de servicios y construcción, el olivar sigue siendo el gran protagonista del paisaje y de la industria. La producción de aceituna de mesa destaca por su excelente calidad, siendo el pilar de cooperativas locales que agrupan a cientos de agricultores del municipio. Este entorno rural define la fisonomía de la villa, donde las antiguas fincas conviven con modernas zonas residenciales que han atraído a familias jóvenes recientemente. 

Pero Umbrete también es célebre por su mosto debido a la tradicional elaboración de este vino joven y afrutado que se sirve desde finales de octubre. Esta bebida, obtenida del zumo de la uva local, es una seña de identidad fundamental que se puede degustar en los numerosos bares y tabernas. De hecho hay bodegas que ofrecen experiencias de enoturismo para conocer de cerca el proceso de producción de sus caldos. La gastronomía se completa con platos típicos únicos como las habitas a la cacería o la tortilla de trigueros, que deleitan a miles de visitantes cada semana. El sector hostelero es, por tanto, uno de los grandes motores económicos actuales, atrayendo a un turismo gastronómico fiel y recurrente.

En conclusión, visitar Umbrete supone sumergirse en un entorno donde la historia y la modernidad han creado un equilibrio armonioso a lo largo de los siglos. El municipio ofrece una experiencia turística completa que satisface tanto al buscador de arte barroco como al amante de la buena mesa y las tradiciones. Su integración en el área metropolitana de Sevilla no le ha restado personalidad, sino que ha potenciado su papel como referente residencial y cultural del Aljarafe. Los visitantes se llevan el recuerdo de sus imponentes monumentos, el sabor de su mosto y el eco de la leyenda del mochuelo que vuela sobre sus tejados.

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