Respuestas y consejos. Por la psicóloga Mónica Manrique. Lee todos sus artículos en este enlace
Te voy a contar un secreto: los hombres no son de tu equipo (salvo contadas excepciones)
Me da hasta cierto pudor decir algo tan evidente, pero creo que es necesario: los hombres no son de tu equipo. Ahora que escucho Perla de Rosalia por todas partes, me viene a la cabeza la entrevista que le hizo Ibai junto a Raúl Alejandro. ¿Sabes a cuál me refiero? Me llamó poderosamente la atención, aunque no recuerdo bien las palabras, cómo cuando al hablar del proceso creativo, él reconocía abiertamente, con sonrisita de malote transgresor, que había hecho piña con el resto de los productores para que prevaleciera su criterio frente al de ella. Y la pobre, creyendo que eran un equipo... se me cayó el alma a los pies. Lo he buscado y lo puedes ver aquí en el minuto 4:55 cuando Ibai le pregunta ¿Cómo es trabajar con Rosalía?
Lo vuelvo a ver y me enfado, mucho. No es una tontería, es una traición.
¿Pero cómo no lo va a decir con una sonrisa seductora como si no hubiera pasado nada? “¿Ha existido alguna vez algún tipo de dominación que no les pareciera natural a los que la poseían?” *
¿Entonces, de dónde les viene el poder a los hombres?
Celia Amorós (2005/2021) nos dice que la clave de su poder está en los pactos entre ellos (casi siempre implícitos) con respecto al conjunto de las mujeres, las idénticas, vistas como un magma indiferenciado, todas iguales. Porque en un polo está ser hombre y en el otro ser mujer. Pero no es lo mismo. Ser hombre puede ser muchas cosas, puede tener muchas profesiones, estatus, orígenes, características, gustos, etc. (vamos, que es un ser humano). Pero ser mujer es ser “lo otro”, la oltredad, la alteridad. Lo explico con un ejemplo que seguro os ha pasado. Me lo llegaron a decir hasta en consulta, donde con la serenidad de quien juega en casa pude contestar: “¿Nosotras, quienes? ¿Las rubias, las enanas, las psicólogas…? ¿A qué te refieres cuando dices ”vosotras“?
La sabiduría popular se hace eco de esta camaradería inquebrantable cuando se dice que “Perro no come perro”. Vale, “no todos los hombres” abusan de las mujeres, pero que ninguno tenga un amigo, un primo, un cuñado, raro. Otra traición.
Para saber más sobre “ese pacto entre hombres”, tan complicado de transmitir con palabras porque tiene mucho de no verbal, es de gran ayuda el testimonio de personas transicionadas a hombres. Les resulta sorprendente cómo los otros hombres, ahora, les hacen sentir pertenecientes con sus actitudes de aceptación (mientras no se les note, claro).
Según Luis Bonino (2002) ser hombre es como ser VIP. Pero, ¿quién reparte carnés?
¡Oh, sorpresa! No eres tú, querida, aunque seas la mismísima Rosalía. Son sus iguales puesto que una mujer no tiene la autoridad suficiente, está fuera del pacto. Pero la masculinidad no es algo que se alcanza y se retiene, se debe demostrar continuamente:
“Estamos bajo el cuidadoso y persistente escrutinio de otros hombres. Ellos nos miran, nos clasifican, nos conceden la aceptación en el reino de la virilidad. Se demuestra hombría para la aprobación de otros hombres. Son ellos quienes evalúan el desempeño. (...) La masculinidad es una aprobación ”homosocial“. Nos probamos, ejecutamos actos heroicos, tomamos riesgos enormes, todo porque queremos que otros hombres admitan nuestra virilidad” (Kimmel, 1997).
Por supuesto que en los años en los que firman su obra los citados autores yo también quería ser VIP y si mis hijas vieran por un agujerito a mi yo adolescente gritarían con desprecio: ¡Mamá, eres una pick me! Se dice que de aquella mujer que busca desesperadamente la validación y aprobación masculina, a menudo menospreciando a otras mujeres o fingiendo ser “diferente” y menos problemática, para parecer más atractiva a los hombres, diciendo cosas como “no soy como otras chicas” o “entiendo mejor a los hombres” (Google IA).
Lo sé, lamentable, pero creo que fue la única vía que encontré para intentar escapar del papel de víctima y perdedora por el mero hecho de ser mujer. Me negaba a encarnar el estereotipo de género que se me imponía, tan poco valorado y hasta despreciado. Eso sí, cosificarme sexualmente y así ser el centro de atención, todo lo que hiciera falta.
Desde los noventa hasta ahora ha llovido mucho, y todas y todos hemos cambiado gracias al trabajo que han hecho las feministas. Nos ha dado tiempo, incluso, a retroceder.
Sin embargo, a través de la sororidad, la ayuda mutua, el reconocimiento de las unas a las otras, de narrarnos, escucharnos, validarnos, lejos de encarnar una actitud revanchista contra los hombres, estamos centrando nuestra atención y energía en lo que podemos aportar al mundo que tantas veces nos ha silenciado. Porque hora algunas tenemos voz y podemos dar voz a las que todavía no la tienen.