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Madrid futuro*

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Año 2046. Madring ha renovado el contrato con IFEMA pero en vez de celebrarse un domingo al año tiene lugar todos los días para solaz de los ricos del mundo que tienen en esta ciudad uno de sus lugares de esparcimiento favoritos. Los pilotos, en cambio, esclavizados por contratos que garantizan el bienestar de sus herederos tanto como su muerte prematura, no están tan contentos.

Cinco años antes de esta fecha, Madrid había sido adquirida por el fondo soberano de Abu Dabi, que inició operaciones allá por 2026 con compras de grupos de restauración. La capital del antiguo Reino de España se ha convertido así en una de las diez grandes ciudades-empresa del mundo y cotiza con éxito en el Cities Index, la bolsa urbana por excelencia. Por eso de la diferenciación, los directivos del fondo decidieron concentrar la oferta de la ciudad en el ocio. La F1 diaria es parte de un menú que, entre otras cosas, incluye la celebración de la LFCFQSGRM (Liga-Florentino-de-Clubes-de-Fútbol-Que-Siempre-Gana-el-Real-Madrid), las Olimpiadas Ana Bottle de Baristas y Cafés de Especialidad, la residencia permanente de conciertos de los hijos de Shakira, rodajes de películas y series a los que los turistas no sólo asisten sino que por un precio especial pueden dirigir y protagonizar y eventos profesionales como Aticalia, la mayor feria del mercado inmobiliario sospechoso del planeta.

La ciudad más acogedora y vibrante del mundo es ahora un lugar aún más caliente por eso del cambio climático que, aunque no se puede decir que ha sido provocado por la actividad humana, provoca que durante varios meses la temperatura no baje de 50 ºC. Debido a las severas medidas de pavimentación y aceleración tomadas por los distintos administradores de Madrid en tiempos pretéritos que acabaron, entre otras cosas, con todos los árboles, la sensación térmica es mucho mayor. Por eso, el fondo soberano, nada más hacerse con el activo, instaló una cúpula que permite a los habitantes y visitantes de la almendra central estar a gustito. Tanto es así, que la canción de Ketama del mismo nombre se ha convertido en el himno oficioso de Madrid y no es extraño que la canten, al cierre de cada sesión de discoteca, oligarcas chinos, ex presidentes norteamericanos, traficantes de chips y directivos de otras urbes-empresa que vienen aquí a colocarse y dejar de estar al loro de sus tediosas obligaciones.

Todos los madrileños —lo que en los años del desorden se conocía como vecinos o habitantes— son actualmente empleados de la ciudad. Y todos, por ley, están obligados a sonreír para la foto. Es decir, si vas por la calle y un visitante esté tomando una imagen con su teléfono o sus gafas, tienes que posar complacido o te suspenden de empleo —sueldo no cobra nadie, todo es renta muy mínima universal—. Se busca así reforzar la identidad de optimismo y hospitalidad de la que siempre ha presumido esta villa. Lo de perder el empleo no es moco de pavo, porque trabajo hay poco y es necesario para cobrar la renta. Como casi todo lo hace la IA, tener tajo como camarero o limpiador es una oportunidad única para prosperar, perdón, sobrevivir aquí.

Los no productivos, como se conoce a quienes no han entrado en la rueda de la fortuna laboral, viven en campos de refugiados en localidades costeras como Toledo y Albacete —el dichoso cambio climático—. Allí, se extiende el culto a una secta que repite un viejo mantra de su profeta Albert Rivera que loa las ventajas de vivir a una hora y pico de esa gran ciudad que ha sido, es y seguirá siendo Madrid.

*La palabra futuro nunca debería escribirse en singular. Puesto que lo que está por venir, aún influido por el presente y el pasado, pueden ser muchas cosas. Tenemos la libertad de imaginarlas y la posibilidad de perseguirlas. Sí no nos gusta el futuro que nos están diseñando y que se parece mucho a este que yo he escrito, creemos los nuestros.