Somos Opinión y blogs

Sobre este blog

Los cambios en el proyecto del mal llamado 'Arco de la Victoria' y que lo convirtieron en el Arco de Triunfo de La Moncloa

0

Al término de la Guerra Civil (1936-1939), el Ayuntamiento de Madrid propuso la erección de un monumento al general Franco, «forjador de la victoria», y a la «gloriosa cruzada española». Se decidió construir un Arco de la Victoria en el inicio de la carretera de La Coruña, junto a la Moncloa. Pero la situación económica era angustiosa y existían otras prioridades, como la reconstrucción de la ciudad, severamente dañada por tres años de continuos bombardeos por parte del bando rebelde. Así que, hasta 1950 no comenzaron las obras del arco, que se prolongarían durante seis años. 

La idea inicial era completar el arco de la victoria con una estatua ecuestre de Franco, al modo de los emperadores romanos. Pero en los años cincuenta la situación política mundial había cambiado bastante. Los fascismos habían sido derrotados, y las democracias occidentales miraban con recelo al régimen de Franco. Por otra parte, la autarquía no había funcionado bien y España seguía sumida en la más angustiosa pobreza. Era necesario, por tanto, ganarse la confianza de los líderes del bando occidental, especialmente de los Estados Unidos, y se hacía inevitable la apertura a los mercados internacionales. En este contexto, un arco de triunfo de tipo fascista y militarista podía resultar contraproducente. 

Aquí entran en escena tres intelectuales ligados a la Universidad Complutense, que, providencialmente, reciben el encargo de construir el arco de triunfo: López Otero, Ruiz Giménez y Laín Entralgo. Modesto López Otero era un brillante arquitecto, director del proyecto de construcción de la Ciudad Universitaria y director de la Academia de San Fernando. Como profesor, trató de que sus alumnos supieran conciliar la arquitectura con el humanismo. Joaquín Ruiz Giménez era el Ministro de Educación, un político de convicciones liberales y democráticas que siempre trató que el régimen de Franco evolucionara hacia la restauración de las libertades civiles, y, de hecho, fue uno de los artífices de la Transición española hacia la Democracia. Pedro Laín Entralgo, en aquel tiempo rector de la Universidad, fue catedrático de Medicina, ensayista y filósofo. Estos tres intelectuales aceptaban el statu quo reinante, pero sus convicciones humanistas y sus ideas liberales y modernizadoras fueron decisivas para convencer a Franco de la necesidad de transformar el arco de triunfo.

Ellos fueron quienes persuadieron al dictador de la inconveniencia de colocar su estatua ecuestre en el arco. Dicho y hecho: la estatua fue trasladada a los Nuevos Ministerios, en la plaza de San Juan de la Cruz, donde permaneció hasta fechas recientes. 

La cuádriga que coronaba el monumento cambió de auriga. En vez de Marte, dios de la guerra, se colocó a Atenea, diosa de la inteligencia, de la educación y de la estrategia. Los relieves, por un lado muestran a los sabios de la antigüedad y a las musas, y por el otro a unos militares griegos que parecen estar a las órdenes de Atenea. En cuanto a las inscripciones latinas, se evitaron las referencias a la «cruzada de liberación» y se descafeinaron las referencias a la victoria militar, poniendo el foco en el «templo de la inteligencia» que es la Ciudad Universitaria. 

Así, la inscripción del lado que da a la plaza de Moncloa dice: «Fundado por la generosidad del Rey, restaurado por el Caudillo de los españoles, el templo de los estudios matritenses florece bajo la mirada de Dios»

Y en el lado norte, podemos leer: «A los ejércitos aquí victoriosos, la inteligencia, que siempre es vencedora, dio y dedicó este monumento» Aquí sí se menciona la victoria, pero justo a continuación se especifica que la única que vence siempre es la inteligencia, es decir, el saber que emana de la Universidad. Con este sagaz juego de palabras se minimizaba la victoria militar, calificándola como un hecho puntual (aquí victoriosos).

Ni que decir tiene que el monumento no gustó nada a la cohorte fascista que rodeaba a Franco. Tanto es así que no hubo inauguración de ninguna clase, y a día de hoy sigue sin inaugurarse. Poco después de su terminar el arco, el ministro Ruiz Jiménez y el rector Laín Entralgo eran obligados a dimitir. 

Como ya hemos señalado, el arco de triunfo estuvo a cargo del arquitecto Modesto López Otero. El diseño, sobrio y elegante, combina el granito gris de la sierra con la piedra caliza blanca de Colmenar de Oreja. La cuadriga, fundida en bronce, es obra de Ramón Arregui, y se compone de dos piezas, los cuatro caballos por un lado y el carro con la diosa Atenea (Minerva) por otro. Los relieves escultóricos se deben a Moisés de Huerta. Además, en las claves del arco figuran unas victorias aladas de José Ortells. 

El arco, de medio punto, está decorado con casetones cuadrados en su interior. Arriba, a la altura de los frisos escultóricos, existe una sala de exposiciones, que nunca ha sido utilizada, y hay un ascensor para acceder a ella. 

El hecho de que el arco de triunfo tuviera en su fase de proyecto una vinculación con la victoria franquista, ha motivado que se le denomine Arco de la Victoria, pero no nos parece un nombre correcto, dada la interpretación de su simbología que acabamos de exponer. Su nombre más apropiado es el de Arco de Triunfo de la Moncloa, o Arco de Triunfo de la Complutense. 

El estado de conservación del monumento no es el más indicado. En su base es frecuente encontrar pintadas y restos de botellón. La plaza ajardinada que debería rodearlo carece de jardines y ha sido reducida una y otra vez para ampliar las carreteras colindantes. 

Las obras de arte públicas, independientemente de su significado y de la fecha de su creación, pertenecen al patrimonio histórico artístico de todos los ciudadanos, y merecen una protección y un cuidado por parte de las administraciones públicas.