La Cepeda, el enclave rodeado por Castilla y León y reclamado por Segovia que pertenece a Madrid por una subasta

Ver un enclave en un mapa es encontrar un punto que genera preguntas. La existencia de lugares que emergen en medio de otros que le son administrativamente ajenos produce irremediablemente curiosidad, sugiere un momento en el que la historia se torció hasta romper la lógica del territorio. En España el más conocido es Treviño, que pertenece a la provincia de Burgos pero se encuentra completamente rodeado por Álava. Pero Madrid también tiene el suyo, aunque más modesto y deshabitado.

Los 12 kilómetros cuadrados de la Dehesa de la Cepeda pertenecen al modesto municipio de Santa María de la Alameda, ubicado al oeste de la Comunidad y a 1.440 metros de altura (más que ningún otro en la región), del cual se constituye como pedanía. Les separan 6,2 kilómetros (hay otros 60 hasta Madrid ciudad), pero lo más significativo es que se encuentran en provincias y hasta comunidades autónomas distintas. La Cepeda se ubica al este de Ávila y al sur de Segovia, rodeada por la localidad obulense de Peguerinos y la segoviana El Espinar. Su término nunca confluye con el de la región madrileña a la que pertenece administrativamente.

La llamativa situación no genera demasiados titulares por las circunstancias del terreno en cuestión. Se trata de una zona deshabitada de pastos y rocas graníticas diseminadas. Tradicionalmente se ha destinado a la trashumancia, el pastoreo y la ganadería en general, de ahí ese calificativo de dehesa. Los promotores de esta actividad procedían en su mayor parte de Segovia, en concreto la localidad de El Espinar, que siglos después continúa reclamando la adscripción del territorio a su término municipal.

La anomalía de La Cepeda se remonta al siglo XIX y la famosa desamortización de Mendizabal. La dehesa, por entonces perteneciente al conocido como Sexmo de El Espinar (integreado a su vez en el Concejo de Segovia), fue incluída en las expropiaciones del ministro Pascual Madoz y sacada a subasta. La familia Sainz de Baranda, que no es solo una calle o una estación de Metro, fue la agraciada y se hizo con el extenso páramo. Casualidades de la vida, eran los allegados del por entonces máximo mandatario del Ayuntamiento de Madrid.

Un alcalde histórico en un momento determinante

Pedro Casto Sainz de Baranda y Gorriti no fue además cualquier alcalde de la ciudad: fue el primero. Al menos técnicamente, ya que antes de su llegada el cargo se conocía como corregidor o presidente del cuerpo municipal. Destacada figura del liberalismo decimonónico, su figura fue clave en la reconstrucción de Madrid después de la Guerra de la Independencia. Abrazó con fervor la Constitución de Cádiz de 1812, a raíz de la cual puso en circulación el primer bando en el que se citaba el título de alcalde. Un puesto que sometía a votación cada 1 de enero, hasta que los absolutistas volvieron al poder de la mano de Fernando VII y derogaron La Pepa.

Un legado bien valorado por muchos historiadores que se topa en el caso de La Cepeda con el clientelismo propio de la época. El padre de Sainz de Baranda llegó a ser director del Banco Nacional de San Carlos, precursor del Banco de España. Él mismo alcalnzó ese puesto antes de emprender su carrera en el municipalismo en 1808. La mezcla de poder económico y político resultó en la adquisición familiar del terreno.

Cuando se produjo, Santa María de la Alameda todavía pertenecía a la provincia de Segovia. También Peguerinos, hoy en Ávila, y claro está El Espinar. Pero la ejecución de la división provincial de Javier de Burgos en 1833 dinamitó la organización territorial del entorno y partió en tres provincias los municipios históricamente ligados a La Cepeda.

Desde entonces, ni la cesión de los terrenos por parte de los Saiz de Baranda a otras familias ganaderas ha modificado el encaje administrativo de este punto geográfico. De hecho, el alejamiento administrativo solo ha ido a más. En 1983, con la aprobación del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, la frontera provincial pasó a ser además autonómica.

Litigios y reclamaciones cruzadas en “una pequeña Galicia”

Pero el paso de los siglos no ha terminado de tumbar los recurrentes intentos de recuperar el territorio por parte de la Diputación de Segovia y los consistorios de Peguerinos y El Espinar. La cuestión llegó incluso a los tribunales, cuando el 8 de abril de 1944 el Ayuntamiento de Peguerinos solicitó al Juzgado de Primera Instancia de Cebreros (Ávila) la nulidad de la inscripción ya que no se adecuaba a la realidad. El escrito, según recoge el portal A21, argüía que el ayuntamiento de Santa María de la Alameda era titular únicamente del vuelo o facultad de edificación, pero el suelo era de Pereguinos. Se parapetaban en un acta de deslinde de 1909, en la cual los representantes de Santa María de la Alameda indicaban que el suelo era propiedad del pueblo obulense. El Consistorio de la localidad madrileña se defendió apelando a la inexactitud de algunas refencias históricas de la demanda y acabó conservando la titularidad del territorio.

Medio siglo después, fue El Espinar quien volvió a la carga para recuperar La Cepeda. O al menos, para poner el grito en el cielo. En 1995 su por entonces alcalde, Juan José Sanz Vitorio (Partido Popular), expuso su postura en declaraciones a El País. Elogió el “alto valor ecológico” del entorno y aseguró que su adscripción a la villa segoviana lo guarecería “eficazmente”. Para legitimar tal protección, Sanz recurrió a documentos con rúbrica monárquica que databan del siglo XIV. En ellos se estipula que La Cepeda era de uso comunal para los concejos segovianos, como El Espinar. El reportaje detalla que esta postura era compartida por su antecesor, el socialista Jesús Olmos, que llevó el asunto ante el arbitraje del Senado a través de la Diputación de Segovia, sin que prosperara.

Por aquel entonces acababa de tomar el bastón de mando de Santa María de la Alameda una joven alcaldesa, la popular Begoña García Martín, que respondió con contundencia, pero con cautela: “No tengo intención de renunciar a ningún territorio del municipio. La Cepeda pertenece a la madrileña Santa María de la Alameda al menos desde 1897. Pero aún hay que hablar el asunto. Necesito conocerlo bien. Estoy dispuesta a entrevistarme con el alcalde Vitorio”. 20 años después, la exalcaldesa seguía admitiendo la complejidad del asunto en otra entrevista: “Es bastante confuso. Este municipio está muy diseminado tanto dentro como fuera del término municipal, es como una pequeña Galicia”. Si Santa María es como Galicia, La Cepeda es su Finisterre: el último confín.