Del machismo a las reivindicaciones feministas en el cancionero popular: “el lenguaje musical construye pensamiento”
Las mujeres de 40 para arriba podemos recordar, seguro, una canción que desde los 70 fue interpretada por artistas españoles muy reconocidos. De Cecilia a Manzanita y a Víctor Manuel. Traducida en muchos idiomas, tocada por bandas de muchos países: “Era feliz en su matrimonio / Aunque su marido era el mismo demonio / Tenía el hombre un poco de mal genio / Y ella se quejaba de que nunca fue tierno”
Así empezaba “Un ramito de violetas”. Con un marido que era un demonio y una mujer tremendamente ilusionada por recibir sus flores cada nueve de noviembre y “como siempre sin tarjeta”. Belén Fernández, a sus 40 años, recuerda cómo su madre y otras mujeres con maridos que eran casi siempre demonios y a veces tenían un detallito, veían esta historia como algo tremendamente romántico.
Al final, aunque el hombre mostrase siempre su mal carácter, la hacía feliz con ese gran detalle. Era él quien enviaba aquellas violetas con versos preciosos para hacerla feliz, “porque él es quien la escribe versos. Él, su amante, su amor secreto”, cuenta la melodía. Él que, como marido, la hacía infeliz.
“El lenguaje musical construye pensamiento”
El musicólogo y maestro de educación musical, asturiano, Alejandro Luaces Quesada, acaba de cerrar la gira de su proyecto 'En modo mayor“'en Asturies, concretamente en Bimenes, explica cómo ”el lenguaje musical también construye pensamiento“, además de que es algo que ”el poder lo tuvo y lo tiene siempre claro“.
Y de ahí tantas canciones que hemos escuchado toda la vida donde la mujer tiene un rol muy marcado, donde se romantiza incluso el maltrato.
Como personas, explica Luaces, “integramos el orden social y cultural a través de la música, tanto de la música académica como popular. Debemos ser plenamente conscientes para trabajar desde ahí con consciencia y conciencia como músicos, pero también como oyentes”.
Y, en todo esto, mencionar músicos y no músicas, tiene mucho que ver: no hay que olvidar que la mujer ha sido representada por terceros, por hombres en muchísimas ocasiones y, como explica Luaces, “apenas se ha representado a sí misma en el cancionero popular urbano ni lírico hasta tiempos casi actuales”.
El mio Xuan
El mio Xuan miróme
díxome: galana, ¡qué guapina tas!
Yo dixi-y: Xuanucu
nun tengo contigo ganes de falar
y entós el mio Xuan
comenzóme a afalagar
con una vara d'ablanu
Así comienza una muy reconocida canción tradicional asturiana. Luego esa mujer, tras recibir una paliza de Xuan, fue a hablar con su suegra que acabó defendiendo mucho a su hijo: “Nun hai home en mundu más buenu que Xuan”. María Mastache que durante años fue panderetera y bailadora de música asturiana, recuerda este como uno de los cantares más conocidos y también más machistas.
Añade Alejandro Luaces que esto no es aislado y que “la violencia simbólica de las letras de las canciones asegura -entre otras violencias simbólicas- la dominación, legitima y justifica la violencia estructural y directa”.
La música en manos de las mujeres
Como recuerda el profesor de música, aunque tradicionalmente hay muchas menos canciones populares cantadas por mujeres, sí hay: “con un esfuerzo titánico -silenciado- por parte de mujeres libres. Hay una cultura silenciada y una historia de vida, de género y de clase, que está por proyectar musical y mediáticamente”.
Y ahí María Mastache como panderetera recuerda que hay temas del gremio, hecho por sus predecesoras, que “sí son muy reivindicativas” ya que como ella recuerda: “eran para desahogar, aprovechaban esos momentos musicales juntas para expresar sus frustraciones ante el sistema”. A Mastache le gusta esta especialmente:
El que quier a una muyer y no se lo diz pronto
Merez que se la quiten y luego lu llamen tontu
Pensabas tontu pensabas
que yo por ti me moría,
lo que taba yo pensando
cómo te la jugaría
“Ahora ya no se puede decir nada”
Alejandro Luaces, como experto en música y como hombre, es consciente del rol de otros varones en el sector. “Los hombres siempre han podido reforzar su identidad -un modelo muy concreto de hombre- en el espacio público, desde una audiencia ya tendente a la recepción de su rol y las mujeres libres han tenido que buscar siempre su espacio de respeto a codazos”. De ahí, “que ahora hay algunos músicos populares y líricos que dicen -aludiendo a las críticas feministas a sus letras- que ”ahora no se puede hacer ni decir nada. Habían naturalizado sus actitudes autoritarias y machistas, esperando que la sociedad, al completo, siguiera asumiéndolas“.
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