Colocada la polémica escultura de un caballo con la que un hotel de lujo ocupa un espacio público junto a Gran Vía
La estatua de un caballo coronaba hace 70 años una de los construcciones con un significado más infame en Madrid: el Arco de Moncloa, que la dictadura franquista bautizó como Arco de la Victoria. Una exposición actualmente visitable en el complejo El Águila recuerda el momento de su colocación, allá por 1956. Este miércoles, una imagen similar se ha repetido en la capital.
Esta vez no hay ningún régimen totalitario de por medio y la instalación no ha sido tan aparatosa, pero la escultura de un caballo vuelve a generar contestación social y habla del sino de los tiempos. Se trata de El rumor de la discordia, obra de seis metros de altura con un llamativo caballo de bronce que parece flotar en el aire. La obra corona ahora la plaza del Carmen, junto a Gran Vía. Es una iniciativa del hotel de lujo Thompson, cuya empresa propietaria diseñó la reforma de la plaza pese al carácter público del entorno.
Obra del mexicano Gonzalo Lebrija, llega como una cesión temporal por un mínimo de 15 años, en un ejemplo de la “apuesta por la colaboración público-privada” que defiende el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida. Así lo describía la concejala delegada de Cultura, Marta Rivera de la Cruz, en un artículo sobre la pieza publicado en El País hace un año. El reportaje adelantaba más datos sobre la figura que ya pueden contemplar los viandantes en el centro de Madrid: el pedestal de hormigón (todavía no instalado) tiene 4,4 metros de alto, mientras que las medidas del caballo son de 1,90 por 2,50 metros.
“Los caballos en el arte siempre han tenido connotaciones políticas y sociales que tienen que ver con triunfos bélicos, pero este no conmemora una victoria. Actualmente, el mundo no está pasando un momento que permita conmemorar, sino que, al revés, entramos en una etapa de reflexión y cuestionamiento”, exponía Lebrija en El País para alejarse edificaciones como la de Moncloa.
La controversia en la plaza del Carmen es anterior a esta animalada artística. Hace cuatro años, el área de Movilidad aceptó como “donación” el proyecto de reforma del aparcamiento de plaza del Carmen que había redactado el propio hotel de lujo que ahora dona la escultura. Lo hizo incluyendo varias ventajas sobre el espacio público para este negocio privado, entre ellas la de incluir un acceso directo desde el parking al propio garaje del hotel Thompson, de cinco estrellas. Además, colocaba la entrada y salida del parking lo más lejos posible de su edificio, al otro extremo.
Desde Cibeles no concretaron el importe de lo que se había ahorrado con la donación del proyecto, pero sí detallaron en los pliegos de la construcción que horadar el túnel adicional (situado en la planta -1 y con cinco metros de anchura) añadiría 136.000 euros al coste final de la obra. Cuando Somos Madrid adelantó esta noticia, en el año 2022, los propietarios del hotel (la familia Díaz Estrada) prefirieron no hacer declaraciones. Tres años después, sin embargo, el CEO de Exacorp One sí que habló para el artículo de El País sobre la polémica en la plaza.
Una reforma rodeada de controversias y maniobras
“Buscábamos que con esto ganáramos todos: el hotel y los turistas, por supuesto, pero también los vecinos. No todo el mundo consiguió todo lo que quería, incluyendo al hotel, que por supuesto no es el dueño de la plaza. Pero creemos que el resultado es bueno para todos”, defendió, después de asegurar que trabajó el proyecto con la Asociación de Amigos de la Plaza del Carmen.
Esta asociación, sin embargo, está formada por miembros de la propia Exarcorp One, como consta en el registro municipal al que accedió este periódico. El propio Alonso Díaz Etienne aparece como vicepresidente de la entidad y se reunió en su nombre con el Ayuntamiento en octubre de 2019, encuentro presidido por el delegado de Movilidad Borja Carabante en el que también estuvo Carlos Llansó y Graciela Roselló, arquitectos ambos empleados por Exarcorp One y que figuran asimismo como miembros de esta “asociación de amigos”.
Respecto a las ventajas privadas que se derivaron de la adjudicación del proyecto sobre el espacio público, el túnel subterráneo citado no es la única para el hotel en el diseño del proyecto: la escultura de Gonzalo Lebrija se colocará sobre una rotonda innecesaria y que se incluyó para asegurar el acceso en coche hasta la puerta del hotel a todos sus clientes. Y también se ha dejado un espacio libre de parterres y árboles junto al alojamiento de cinco estrellas, donde ahora este negocio despliega una gran terraza.
La familia Díaz Estrada construyó el hotel Thompson uniendo varios inmuebles de la calle Montera, entre los que se encontraba el que alojó los cines Acteón, cerrados por sorpresa en el año 2017 para iniciar la operación que levantó finalmente una instalación con 173 habitaciones en pleno centro de Madrid. El proyecto del edificio fue tramitado durante la alcaldía de Manuela Carmena y el de la plaza del Carmen con Almeida ya como regidor.
Además de las talas o la distribución del espacio público, se le unieron las criticas al precio de los abonos para residentes en el aparcamiento. Hacerse con una plaza mensual cuesta como mínimo 160 euros al mes, si se elige la reserva por cinco años, después de que el equipo de Almeida escogiera la oferta más cara para los vecinos de entre todas las presentadas al concurso. Por comparar, el parking municipal de la cercana plaza Luna, cuesta 70 euros al mes para residentes con el mismo régimen de concesión. El de la plaza de las Cortes apenas un euro. En Thompson, por contran, pensarán que si ladran ellos cabalgan.