“Queremos que las vecinas y vecinos de Madrid vengan a Cañada Real, la conozcan, la transiten y ayuden a reclamar que sus habitantes merecen derechos y no miedo”. Esta frase de Houda Akrikez, de la Asociación Tabadol (que agrupa a mujeres de Cañada en defensa de sus derechos), resume el propósito de una nueva marcha por la vivienda en Madrid, prevista para el próximo sábado 31 de enero. Una con un elemento diferenciador, que redefine y expande su potencial. Frente a esos relatos en los que el asentamiento del sur de Madrid aparece como una especie de entorno aislado del resto de la ciudad, sin relación física o social con la urbe, esta manifestación nace con el propósito de escenificar cómo lo que pasa en Cañada es el preludio de lo que puede suceder en otros puntos de la capital y de todo el país. Por tanto, defender a quienes ahí viven es también preservar los derechos de todas las personas.
“¿Por qué las familias que llevan décadas en el territorio no pueden ser dueñas de los propios terrenos y a la vez se ceden terrenos a las promotoras, además gratuitamente, o a algunas entidades con intereses que no están claros? Es un conflicto que pasa en todo Madrid, en toda zona donde el derecho a la vivienda se topa con la posibilidad de negocio, de desarrollo y de especulación”, expone Houda durante la rueda de prensa de convocatoria de la protesta. Le acompaña en el estrado Sonia García, de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca de Vallecas, en una muestra de ese eje transversal de la protesta. El elemento común es la defensa del territorio y de un hogar digno, también para las personas más vulnerables.
El recorrido del día 31 partirá a las 11.00 de la estación de Metro de Valdecarros (línea 1) y concluirá, entre música y un picoteo popular, en la sede de Tabadol (junto al campo de fútbol). Esta se encuentra en el sector 6 de Cañada, uno de los más desatendidos por las autoridades madrileñas. El pasado octubre se cumplieron cinco años de un corte de suministro eléctrico que todavía permanece, con noches y fríos que se soportan a base de generadores. No es casualidad que la presentación de la manifestación se llevara a cabo frente a la sede del Comisionado del Gobierno de la Comunidad de Madrid para la Cañada Real Galiana, situado en el Ensanche de Vallecas.
Houda explica que quieren mover el marco. Que la reivindicación de la luz para Cañada no desaparece, pero lanzan una nueva proclama: “Cañada se queda”. Es el lema de la marcha, el que emparenta su lucha con la del movimiento por la vivienda en plena crisis inmobiliaria y el leitmotiv de las batallas judiciales que están ganando en los tribunales. En julio de 2025, tres años después de autorizar en Cañada un derribo declarado “ilegal” en sentencia provisional, una resolución de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Madrid condenó al jefe de Disciplina Urbanística del Ayuntamiento de Madrid a nueve años sin poder ejercer cargos o empleos públicos vinculados al sector por “prevaricación administrativa”. El alto cargo del Gobierno de José Luis Martínez-Almeida, Julio César Santos, sigue firmando órdenes de demolición seis meses después. El pretexto de Cibeles es que la sentencia no es firme, aunque Sonia y Houda avanzan que han parado cautelarmente la destrucción de más viviendas debido a este y otros motivos.
“Cañada es el mejor ejemplo de acoso inmobiliario, pero no es el único”, dice Houda. Así, comparan el hostigamiento de los Ejecutivos de Almeida o Isabel Díaz Ayuso hacia Cañada con el que sufren vecinos de otros puntos de Madrid por parte de fondos buitre, grandes tenedores, particulares o incluso esas mismas administraciones. De ahí la importancia de estrechar lazos en las luchas, “por mucha que obviamente Cañada tenga unas características concretas”. Si la pelea es compartida, las conquistas también lo serán.
Pero la unión no surge solo de un sufrimiento compartido en el que entran en juego el racismo institucional o el agravio comparativo hacia las personas más pobres. Es también una cuestión de un origen común: “La autoconstrucción está en los genes de los vallecanos”, recuerda Houda en respuesta a las preguntas de Somos Madrid. El fenómeno proliferó durante las primeras décadas del siglo XX, promovido en gran medida por la migración extremeña o andaluza que llegaba a lo que todavía era un municipio independiente. “Reclamamos para Cañada el mismo derecho al territorio, después de décadas de vida en comunidad en ese propio territorio”. Como recuerda, la propia Ley del Suelo de la Comunidad de Madrid ampara la imposibilidad de derruir viviendas construidas hace más de cinco años.
Para Houda, además, este episodio del pasado puede generalizarse de nuevo en la difícil coyuntura de acceso a la vivienda que asola Madrid y todo el país: “Si la gente no puede acceder a la vivienda, la autoconstrucción va a volver”. Pero lo lleva más allá y presenta este modelo como una alternativa al individualismo extremo de los nuevos desarrollos urbanos: “Frente a la vida en urbanizaciones cerradas, donde no hay barrio individual, la gente va a empezar a buscar otro tipo de soluciones. Sobre todo en un contexto de crisis ecosistémica y del capitalismo. En este sentido, Cañada es un ejemplo de resistencia, de colaboración y del poder que tiene levantar las casas ladrillo a ladrillo”. Las palabras de esta vecina coinciden con el análisis de la historiadora Charlotte Vorms, autora de La forja del extrarradio. La construcción del Madrid popular (1860-1936): “Lo normal no es el PAU, es la vivienda autoconstruida”.
Todo un marco alternativo del que no quieren desprenderse, de ahí que muchos de sus habitantes se resisten a la reubicación: “Lo que está ofreciendo el Pacto Regional de la Comunidad de Madrid a la gente de Cañada, y solo a un 20% de las familias, es separarlas para mandarlas a kilómetros y kilómetros. Pero tenemos derecho al terreno, la propia Ley autonómica nos lo dice. ¿Dónde está la ilegalidad? ¿Dónde está? No vamos a permitir que vengan arrasar la historia de miles de familias”, proclama Houda.
En la misma línea apunta Sonia: “En 2017 se firmó el Pacto Regional para la Cañada Real, un pacto que hablaba de soluciones, de diálogo y de derechos. Pero lo que hemos vivido desde entonces y desde mucho antes no ha sido ese cumplimiento, sino derribos, amenazas, abandono y violencia institucional. Queremos decirlo con claridad, los derribos no empezaron ayer, sino en 2007. Desde hace casi 20 años se destruyen viviendas, se rompen vidas y se utiliza el miedo como forma de gestión del territorio. Durante años hemos denunciado derribos ilegales, sin orden judicial, derribos selectivos y a dedo. Las investigaciones y el trabajo de las vecinas hablan de más de 150 viviendas. La condena a Julio César Santos no es fruto de un error puntual, es una práctica sistemática”.
Un hostigamiento generalizado al que confrontan los lazos colectivos, de ahí que la marcha aúne la protesta con ese componente festivo y gastronómico. Para sumar al mayor número posible de gente, comienzan acciones de comunicación y difusión desde este mismo domingo 18 de enero. No solo acudiendo a los medios, sino con una movilización sobre ese mismo terreno que quieren defender como propio y común. Estas intervenciones tomarán la forma de “mítines comunitarios”, con una caravana itinerante que partirá a las 12.30 de Sierra de Guadalupe y recorrerá todos los sectores de Cañada Real con varias paradas en las que diferentes líderes comunitarios y vecinales invitarán a la jornada del día 31. Parroquias, mezquitas o centros sociocomunitarios serán los puntos de información y llamada a la movilización.
Además de Tabadol, la marcha cuenta con el apoyo y organización de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca de Vallekas, el espacio de investigación feminista La Laboratoria, el colectivo Ármate Vallekana o Tienda Gratis - Asamblea Popular 15M Villa de Vallecas. A estas agrupaciones se unirán vecinos y vecinas de Vallecas y del propio asentamiento. “La Cañada se queda, se queda con el apoyo mutuo de los sectores 1 al 6, se queda con el apoyo de la ciudadanía organizada. La Cañada Real es Madrid, la Cañada Real es Vallecas y la Cañada Real se queda”, sentencian.