Vanesa Freixa, escritora: “Ruralismo o barbarie”, la oportunidad de habitar una vida rural consciente
No se siente muy cómoda con la sesión de fotos previa a la entrevista y afirma que siempre le incomodan en cierta manera las presentaciones. Esto de tener que posar para una cámara a veces parece que invade en lo más íntimo, por más cuidadosa que sea quien dispara el dispositivo. En poco más de una hora Vanesa Freixa Riba presentará en la librería Cambalache de Oviedo la edición en castellano de Ruralismo. La lucha por una vida mejor (Colección Libros salvajes, de Errata Naturae, 2025). Es la primera de esta ronda que la llevó por Asturias por La Llocura (Mieres), La Revoltosa (Gijón) y la Güerta Monga (Nava). La que firma estas líneas ha cometido el sacrilegio de subrayar frases y párrafos completos del libro. Las ideas se agolpan y más que una entrevista al uso, ésta es una conversación entre dos enamoradas del mundo rural.
Vanesa Freixa (Rialp, Lleida, 1977) se define como una persona sensible con voluntad de servir, de cambiar las cosas, algo que nos uniría más entre las personas“. Afirma que definirse por una carrera profesional ”pone distancia entre nosotras, que siempre estamos en construcción“. Hija de la montaña, se marchó de esta comarca que es el Pallars Sobirá con la idea de volver. Y lo hizo con 30 años. Lo señala como ”una virtud y como un defecto. Ya tenía suficiente y quería estar allá“. Cuando habla de allá se refiere a este pedazo de los Pirineos leridanos. Siempre con una perspectiva ”muy propositiva, pero que también se ve a veces como un lastre“.
El pensamiento crítico
Cuenta en esa mochila invisible que portamos con la historia vivida por otras, por las que la antecedieron, por las que sufrieron la Guerra Civil, afirma que está muy presente en su infancia de una manera no consciente (“se asesinó a personas en el lugar”), y afirma que tuvo la suerte de que su padre le transmitió ese relato y que ha podido redimirlo a través de una obra de teatro.
Vanesa tiene la consciencia de resultar incómoda para la gente de allá, “sé que no gusto, aunque lo hago todo desde el respeto”. Se refiere al pensamiento crítico, al cuestionarse lo que ve, lo que vive, a la pérdida de conocimiento, al lugar no necesariamente físico donde se está parada. También es consciente de que nadie es profeta en su tierra y aprecia el hecho de recibir “mucha estima, pero en el lugar (donde vive) es distinto y no hay una mirada objetiva”.
Una mirada de lo rural
Es en 2006 cuando vuelve al Pallars para crear un proyecto “muy inocente pero que quería potenciar la comarca más allá del turismo y la construcción”. Se declara siempre inmersa en debates políticos, en los que trata de mirar el presente, pero también el futuro, con una mirada restaurativa, con amor propio. Todo esto va creando un argumentario que se va ampliando y así se descubre a la vuelta de un viaje a Navarra donde compró sus primeras ovejas hace siete años cuando una idea le hace detener el coche y de ahí sale una grabación de audio con el guion de este libro, que nació en 2019. “Es una mirada de lo rural desde otro lugar porque lo que iba viendo eran como revelaciones” que tiene mucho que ver con la pérdida de los conocimientos tradicionales de una manera de estar en el mundo, la del campesinado.
Se trata de una toma de conciencia de esta situación que la lleva a preguntarse “quién nos había quitado la estima”, de darse cuenta de que la suya también es una cultura marginalizada, como esas otras. “Era importante desvelarlo y tomar una posición y la rienda de lo que tendría que ser estos espacios. Y la realidad con la que nos encontramos es si lo podemos hacer”, se pregunta.
Éste es un tema que la obsesiona e intenta transmitirlo, es la adaptación del campesinado al sistema. Reivindica la necesidad de “revisar nuestra identidad, si lo que hacemos tiene que ver con nosotros y lo que producimos. Invito a revisar y poner patas arriba, hacer morir la identidad. ¿Hasta qué punto la vida que tenemos es una vida elegida? El sistema nos moldea”. Y aquí el mercado pide y ellos se adaptan “y perdemos muchas cosas, pero esto pasa en todos los ámbitos. Coloniza la vida, los lugares donde vivimos, nuestros pensamientos”. Pero reconoce que esta inercia es difícil de modificar “sobre todo cuando tenemos deudas; es difícil parar y elegir desde la libertad”. Reconoce, pues, que poderse replantear todo esto es “un privilegio, y esto nos hace dar cuenta de la posición en la que estamos”.
Utopía
Vanesa Freixa reivindica un estilo de vida pausado, autosuficiente, soberano, sobrio pero feliz. Podría sonar a utopía, pero señala que “no lo era hace 60 años, que es muy poco tiempo, y no desde la autarquía, sobre todo en espacios de montaña, que se abastecían de su territorio y de los territorios colindantes”. Lo que reclama es recuperar ese conocimiento robado, perdido, ocultado, ese amor propio identitario de pertenencia, de sabiduría. Habla de recuperar conocimientos a niveles comunitarios que permitan ser soberanas. Una situación que nos habla de la híper dependencia actual. De la necesidad de reconectarnos.
Desde un punto práctico habla de lo difícil que es encontrar en las zonas rurales personas que desempeñen oficios como la fontanería, palistas o tantos otros servicios necesarios, oficios que se van perdiendo, en los que “las personas jóvenes no se orientan y que acaban siendo desempeñados por personas migrantes muy currantes; si no lo hay aquí, habrá que ir a buscarlo lejos”, señala.
Una trama comunitaria
Sabe de sobra que conseguir una soberanía propia es muy difícil porque supone una dedicación del 100%, y aquí señala la importancia de contar con una trama comunitaria. Y habla de los trueques, y además habla de ellos como “elemento de cohesión social” si alrededor hay gente que puede generarlos y ocurre de una manera natural, creando vínculos “muy bonitos”. Cambiar aceite o miel por corderos le ha procurado una mejor relación con su vecindario. “Es algo anecdótico, pero visibiliza esas otras formas de hacer. Es pensar fuera de la caja”, indica. “Es como el tema del parto, de cómo se instrumentaliza, se medicaliza y cómo perdemos la confianza de ser capaces”.
Reivindica la capacidad de ser creativas en la vida y la necesidad de que se fomente desde la educación formal, pero reconoce que nos sentimos más seguras haciendo lo que todo el mundo hace para no ser la nota discordante o llevar ese sambenito que durante décadas cargaron las personas procedentes de las zonas rurales.
Algo que avergonzaba, que los propios que volvían por vacaciones ponían en evidencia, y al que hoy en día el conocimiento académico vuelve la mirada y pone en valor: “Lo académico se basa en lo local y lo local ve traducido lo que sabe a ese conocimiento”. Lo que son las cosas.
Lo que es casa
Afirma que tiene muy claro lo que es casa. Y no se refiere a la borda en la que vive en la montaña con su familia, no habla solo del edificio, habla de todo el espacio que la rodea. Un espacio que lo marca también la crianza natural de sus ovejas a base de leche materna y hierba. Unas ovejas que pastan libres y que mantiene en la montaña en el invierno, cuando el resto baja. “También lo hago porque puedo, porque tengo un mini rebaño y estoy orgullosa porque les estoy dando una buena vida, como a mis hijos”.
Cuenta que cada verano se va a la montaña con todos los rebaños. Habla de tradiciones comunitarias que antes se compartían pero que los jóvenes ya no dan valor. “Ese conocimiento o se pierde o se modifica. Incluso los hijos de pastores que mamaron estos rituales se apartan y no los cuidan”, lamenta.
La Escuela de Pastoras y Pastores
Quizás esto la lleva a ser una de las personas fundadoras de la Escuela de Pastoras y Pastores que lleva ya un recorrido de vida de 18 años, aunque ella ya no esté tan implicada desde hace ocho, y por la que ya pasaron aproximadamente 300 personas. Una iniciativa que surgió a partir de la recuperación de la oveja xisqueta y de aprovechamiento de la lana en el entorno de Llessui con diferentes proyectos de ámbito estatal y europeo.
Reclama el fomento de una escuela ordinaria relacionada con la agraria, donde haya una base de conocimiento que permita poder desarrollarse en la vida con esos conocimientos que se ocultaron por vergüenza. “No me cabe en la cabeza que sea premeditado, toda esa pérdida, sino que era la necesidad de salir del país de la pobreza y por eso se menospreciaba”. Por eso reivindica esa mirada restaurativa y restauradora y la posibilidad de vivir una vida más sobria pero feliz y no precarizada.
Salvajismo y barbarie
Si con algo me quedo de la lectura de Ruralismo y de la charla con Vanesa Freixa es con su concepto de barbarie, de salvajismo. En realidad habla de aplicar la creatividad a nuestras vidas. Habla de “salir del marco de la domesticación y saber hasta qué punto tenemos la libertad consciente de elegir”.
“A veces las cosas suceden porque la política y la economía lo quieren. Pero tendríamos que recuperar nuestra capacidad de transformar y ¿cómo podemos transformar en lo próximo? Empezando por nosotras mismas. Y con nuestra capacidad de inspirar a otras”.
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