Michelin se suma a los recortes de empleo de proveedores de automoción
La crisis que atraviesa la industria europea de componentes para automoción suma un nuevo episodio. Michelin ha anunciado un plan de bajas voluntarias que podría afectar a 1.500 trabajadores exclusivamente en Francia durante los próximos tres años, convirtiéndose en una de las últimas compañías del sector en ajustar su estructura ante el aumento de costes y la creciente competencia internacional.
El fabricante francés de neumáticos comunicó a los representantes de los trabajadores un proyecto destinado a reducir cerca del 10% de su plantilla en Francia, donde actualmente emplea a unas 17.000 personas. La medida se ejecutará exclusivamente mediante adhesiones voluntarias y no contempla despidos forzosos, según ha asegurado la empresa.
La compañía justifica el ajuste por la necesidad de adaptar su estructura de costes a un entorno que considera cada vez más complejo. Michelin señala que la actividad industrial en Francia está condicionada por elevados costes laborales y energéticos, además de una presión fiscal superior a la de otros países industrializados. Según la empresa, estos factores dificultan mantener la competitividad en un mercado global marcado por las tensiones geopolíticas, la incertidumbre económica y la creciente competencia de fabricantes internacionales.
Segundo ajuste
Del total de empleos potencialmente afectados, aproximadamente un tercio corresponderá a actividades industriales y los dos tercios restantes a funciones terciarias y administrativas. Para gestionar el proceso, Michelin negociará con los sindicatos un acuerdo de gestión del empleo y de las trayectorias profesionales que incluirá medidas de movilidad interna y externa, programas de reconversión y formación orientada a nuevas actividades con potencial de crecimiento.
El grupo ha querido subrayar que el plan no cuestiona el papel estratégico de Francia dentro de la compañía. Michelin mantiene en el país su sede mundial, su centro global de investigación y desarrollo y 13 centros productivos. Además, destaca que ha invertido cerca de 4.000 millones de euros en Francia durante la última década.
Sin embargo, este nuevo ajuste llega apenas año y medio después de que la multinacional anunciara el cierre de las plantas de Vannes y Cholet, una decisión que supuso la desaparición de 1.250 puestos de trabajo.
Un sector inmerso en un ajuste histórico
El anuncio de Michelin se produce en un momento especialmente delicado para la industria europea de proveedores de automoción. Según datos de la patronal europea CLEPA, el sector ha comunicado 104.000 recortes de empleo entre 2024 y 2025, una cifra que supera incluso los ajustes registrados durante la pandemia y que refleja la magnitud de la transformación que vive la cadena de suministro del automóvil.
Solo en 2025 se anunciaron 50.000 despidos, que se suman a los 54.000 registrados el año anterior. La creación de empleo continúa muy por debajo de esas pérdidas, con apenas 7.000 nuevos puestos comunicados durante el último ejercicio.
Aunque la producción de vehículos electrificados continúa creciendo en Europa, el volumen no está siendo suficiente para compensar la caída del mercado tradicional. La producción total de vehículos en la Unión Europea sigue alrededor de un 20% por debajo de los niveles previos a la pandemia, mientras los proveedores afrontan una presión creciente sobre sus márgenes y la necesidad de realizar fuertes inversiones para adaptarse a la transición tecnológica.
Desde CLEPA alertan de que la industria se encuentra en pleno “reset estructural” y reclaman medidas urgentes para reforzar la competitividad europea. Entre sus demandas figuran una reducción de los costes energéticos, una simplificación regulatoria y políticas industriales que permitan preservar capacidades productivas estratégicas en Europa.
En este contexto, el ajuste anunciado por Michelin evidencia que incluso los grandes grupos industriales con una posición consolidada en el mercado no son ajenos a las dificultades que atraviesa la automoción europea. La combinación de costes elevados, menor volumen de producción y una competencia global cada vez más intensa continúa obligando a los proveedores a revisar sus estructuras para garantizar su viabilidad futura.
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