Entrevista
Marta Hernández Cano, autora de 'Es lo que hay': “Le hablaba a Dios porque no sabía a quién coño dirigirme”
Marta Hernández Cano (Hellín, 1994) confiesa que casi no publica su poemario ‘Es lo que hay’. Al leerlo y ver la honestidad de sus versos, esto no sorprende. En él narra su última década: cómo ha sido el paso de los veinte a los treinta años.
‘Es lo que hay’ es un poemario directo, que interpela al joven, a la mujer y a la clase obrera con una sinceridad desgarradora, con la franqueza y vulnerabilidad de las tripas expuestas a cielo abierto.
Periodista de profesión, Hernández Cano colabora con este medio, El Salto o CTXT. Presenta su poemario este viernes 15 de mayo a las 19â¯h en Libros Traperos (Murcia).
Cuando decimos “es lo que hay”, especialmente los jóvenes, ¿estamos siendo conformistas o simplemente somos conscientes de la situación en la que vivimos?
En mi caso no es resignación. Escribo mucho desde el inconformismo, desde la rabia. Mi escritura es muy visceral. Para mí “es lo que hay” supone pensar: estas son las condiciones que tenemos, estas son nuestras cartas y con esto vamos a hacer lo que podamos.
Tengo unas ambiciones que, por mi clase social, a lo mejor son inalcanzables. Pero no me voy a resignar, voy a tener los pies en la tierra y a ver qué pasa. Es lo que hay.
En uno de tus poemas dices: “Yo no busco el Louis Vuitton, / yo quiero todas las posibilidades que significa / poder tener un Louis Vuitton”, ¿en qué crees que se diferencian los deseos aspiracionales de los 'millenials' frente a las generaciones pasadas?
Por desgracia, en nuestra generación sentimos que cada derecho básico es un privilegio. Da mucha pena pensar que a lo que aspira mi generación y a lo que mi generación está llamando privilegio es a tener una casa y una plaza en el empleo público.
Tampoco quiero entrar en una batalla generacional, diría que cada generación ha tenido lo suyo. Nuestros padres no tenían dificultad para encontrar una casa, pero se han matado a trabajar, tampoco tenían medios para mejorar su salud mental.
Tu poemario tiene una marcada conciencia de clase, interseccional, ¿echas esto en falta en los espacios culturales? ¿Se interpela con sinceridad a la clase trabajadora?
El mundo cultural no puedo vivirlo, ni percibirlo, ni construirlo desde otra perspectiva que no sea la conciencia de clase. Intento hacer literatura y periodismo desde una perspectiva crítica. Como dice el poema de Gloria Fuertes: “Mi sitio es estar en medio del pueblo / y ser un medio del pueblo”.
Yo no podría haber leído a quien he leído y, por tanto, escribir lo que he escrito si no fuera porque mi madre se ha matado a trabajar en la fábrica para que yo tenga las condiciones materiales para poder leer y escribir. Me parece importante dejar testimonio de mi clase, de lo que vive una obrera en la fábrica o un campesino en el campo, como lo fue mi abuelo.
Eres periodista de carrera, ¿qué te hizo animarte a escribir poesía?
La poesía vino mucho antes que el periodismo. Empecé a escuchar y escribir canciones de rap con 11 años. Me llamaba un montón la atención las letras, se salía de lo que yo escuchaba normalmente en la radio o en la tele. Eso derivó en escribir de una forma más poética, por así decirlo.
¿Qué diferencias dirías que hay entre escribir en un medio de comunicación frente a la poesía?
Son dos canales totalmente distintos. Con el periodismo, cuando escribo algún artículo o hago alguna entrevista o reportaje, siento que tengo una responsabilidad muy grande. Una de las cosas que más valoro del periodismo es poder dar voz a quien no la tiene o poner el foco en realidades que normalmente se pasan de largo.
La poesía es algo totalmente distinto. El periodismo es algo muy externo, es una escritura mirando hacia afuera; y la poesía es algo mucho más interno.
Cuando te lanzaste a escribir este poemario, lo hiciste para ti, sin pretensiones de que fuera publicado, ¿cómo ha determinado esto el proceso creativo y el acabado final?
Hay poemas que he escrito a lo largo de más de diez años. El primero lo escribí con 21, el último hace seis meses.
Me da algo de ansiedad ver la exposición de lo que he escrito, de cosas tan íntimas. Creo que en unos años lo voy a leer y me voy a sentir orgullosa. Este poemario no se trata solo de lo que me pasaba a nivel personal en mi década de los 20, también es testimonio de cómo viví el 15M, la llegada de Podemos, la crisis de la vivienda.
En el prólogo, Aldo Conway sostiene que: “No acudimos a la literatura para buscar innovación, acudimos a ella para entendernos”. ¿Qué has aprendido de tí misma escribiendo ‘Es lo que hay’?
Me ha permitido ver a la chica que he sido durante estos años. Escribía mucho desde la rabia, la impotencia, para entender qué me pasaba. Por ejemplo, el capítulo de ‘Los poemas que escribí en una relación de maltrato’ está en orden cronológico. Fue una época en la que escribí mucho.
Yo me veía muy enamorada, a la vez que era una relación con muchas broncas, muchas peleas. Me sentía muy confusa. A veces, no entendía qué estaba haciendo mal. En uno de esos poemas que había empezado a escribir de amor, acabé escribiendo en una frase “tengo miedo”. Me chocó, fue una señal de que algo no iba bien.
¿Te costó volver a leer estos poemas?
Fue un capítulo difícil, dudé si incluirlos o no. Las relaciones de maltrato psicológico son súperconfusas. A mí me costó tanto darme cuenta de lo que me pasaba, teniendo ya 27 años, siendo súperfeminista. Y una vez lo supe, me vi unos meses incapaz de salir.
Decidí incluir este capítulo porque siento un poco de responsabilidad hacia otras chicas o mujeres. A lo mejor, alguien lo puede leer y se puede sentir identificada.
No es habitual leer sobre sexo, feminidad o relaciones afectivas desde la perspectiva de una mujer. ¿Sientes que has crecido con referentes femeninos que han explorado estos temas?
Por suerte, sí. Me he nutrido bastante de autoras. Cuando era adolescente el rap era un mundo profundamente masculino, pero sobresalía Mala Rodríguez, que hablaba de feminidad de sexo, para mí fue un referente de empoderamiento de la mujer. También me gusta Gata Cattana, que suele hablar de su experiencia como mujer frente a la sociedad. En literatura, tengo a Aixa de la Cruz, a Angélica Liddell o a la actriz Ana Rujas.
Vivimos unos tiempos en los que la producción cultural (incluido este poemario) interpela constantemente a Dios. ¿Por qué te has decantado por el imaginero católico en tus poemas?
Le hablaba a Dios porque no sabía a quién coño dirigirme. No me considero una persona creyente, pero en estos años siempre ha habido algún momento en el que he sentido que todo lo que me rodea no es suficiente, que todo es una mierda, pero hay que seguir adelante. Pero, ¿con quién me enfado? No puedo culpar a nadie de problemas que son estructurales, así que dirijo mi rabia a Dios.
¿Qué es la fe para ti?
Es esa cabezonería que me permite creer que algo es posible, aunque lo tenga todo en contra. Los recursos en casa eran limitados, fui la primera de la familia en ir a la universidad, pero tengo esa ambición, una vocación que me sale de dentro, una fe.