ENTREVISTA

Vuelve en su tercera edición el festival de literatura feminista Demoleer: “Seguimos siendo una 'rara avis', molestas y precarias”

Que no hay dos sin tres no estaba tan claro si hablamos de un festival de literatura feminista y autofinanciado en el corazón de la Región de Murcia. Pero, a veces, los milagros -o el empeño ciego de un grupo de mujeres por sacarlo adelante- existen. La tercera edición de Demoleer regresa este año con la misma potencia que las anteriores y, ahora sí, con la certeza de haberse consolidado como uno de los eventos más reivindicativos, necesarios y esperados de la Región.

Demoleer se celebrará el próximo sábado 16 de mayo en la Comicteca de la Biblioteca Regional, un espacio que ya el año pasado reunió a unas 400 personas frente a las 300 sillas que las organizadoras estimaron suficientes. Como en las dos ediciones anteriores, será una jornada de puertas abiertas: desde las diez de la mañana hasta las nueve de la noche, la Biblioteca se transformará en el festival de literatura feminista de referencia en la Región.

Lola Tórtola, María Sánchez Saorín e Inma Pelegrín serán las tres autoras murcianas que participarán en la mesa '¡Literatura, murciana!', el espacio destinado a dar voz, visibilidad y reconocimiento a las escritoras de la Región. En palabras de las fundadoras, su “buque insignia”.

A nivel nacional, el festival vuelve a apostar por voces de perfil reivindicativo, como la escritora y activista Brigitte Vasallo o la periodista y también escritora Margaryta Yakovenko. A ellas se suman nombres como Mónica Ojeda, María Sánchez, Sara Barquinero y María Bastarós, que completan el cartel de este año.

Como en ediciones anteriores, el festival contará además con un mercadillo de libros y fanzines en el patio de la Biblioteca, acompañado por la música de las DJs Son Loc e Inma Morgan.

María Martínez y Ana Andújar, dos de sus fundadoras, nos cuentan cómo se enfrentan a esta tercera edición, el peso de las expectativas o sobre cómo el festival ha transformado lo que en origen era un grupo de amigas con un club de lectura que ahora se ha convertido en uno de los eventos culturales referentes de la Región.

Este año os enfrentáis a las expectativas de una segunda edición cuya respuesta os consolidó como el festival de literatura feminista referencia de la Región, ¿cómo las estáis afrontando?

El año pasado, antes de la segunda edición, notábamos más esa presión por cumplir expectativas. Ahora sentimos que estamos creciendo, y la presión tiene más que ver con que todo siga funcionando bien: que el público mantenga el interés, que las autoras estén cuidadas… Hay muchos aspectos que atender para que el festival funcione, pero el objetivo final es que la gente lo disfrute, que vaya de una charla a otra con la sensación de estar descubriendo algo constantemente. Hay quien nos sugiere alargarlo a dos días, pero a nosotras nos gusta que todo ocurra como una bomba concentrada en una sola jornada.

Parece que después del impacto de las dos primeras ediciones estamos ya consolidadas, pero lo cierto es que seguimos siendo un rara avis, seguimos siendo molestas y precarias. Queremos que la gente venga y participe, que sientan que es su festival

Parece que después del impacto de las dos primeras ediciones estamos ya consolidadas, pero lo cierto es que seguimos siendo una rara avis, seguimos siendo molestas y precarias. Queremos que la gente venga y participe, que sientan que es su festival.

Es nuestro pequeño regalo a la sociedad murciana. Hay mucha gente haciendo cosas en Murcia, luchando por una ciudad diferente. Aquí hay cosas que no cambian, o incluso retroceden. Por eso hay que seguir con las uñas fuera.

¿Cómo ha sido la organización de esta tercera edición?

Tras dos ediciones, ya controlamos mejor muchos aspectos, y eso hace que todo parezca más sencillo. La experiencia, sin duda, es un grado, pero organizar un festival de esta envergadura —al que asisten personas a las que admiramos no solo en lo profesional, sino también en lo personal— nos impulsa a querer hacerlo cada vez mejor.

Va a ser esto el puto Coachella de la literatura feminista

Sacamos adelante el festival mientras compaginamos nuestros trabajos y vidas personales, además de enfrentarnos a una falta de recursos que nos obliga a seguir recurriendo al crowdfunding. Aun así, y pese a no ser gestoras culturales, nos sorprende lo que hemos conseguido. Es cierto que en otras ediciones hemos sentido más nervios; ahora siguen ahí, pero son más lógicos, más contenidos. Aunque, eso sí, el día de antes probablemente estemos histéricas.

¿Hay novedades respecto al año anterior?

Este año contamos con tres autoras más que el año anterior, hemos engordado el cartel. Eso es algo que también complica la logística y la financiación, pero se van a quedar unas mesas que va a ser esto el puto Coachella de la literatura feminista.

Además, esto no es una novedad pero es importante decirlo: contamos con una ludoteca para que ninguna madre tenga que quedarse fuera.

¿Cuáles han sido los criterios este año para elegir a las autoras?

Partimos de una especie de 'lista a los Reyes Magos': nombres que nos encantaría tener, sin pensar en si es una locura o no. A veces nos dicen que no, pero al menos responden.

A partir de ahí, buscamos temas que generen debate y conecten con problemáticas actuales. Nos interesan autoras que nos atraigan a nivel artístico, pero también que puedan dialogar entre sí y aportar miradas complementarias.

Para nosotras que Brigitte Vasallo venga a Murcia es una revolución

María Sánchez, por ejemplo, es una autora a la que queríamos traer desde el primer año. Su obra aborda cuestiones como la ruralidad, la ecología o el papel de la mujer, y además mantiene una posición alejada de lo mediático. Que haya aceptado venir desde Galicia, optando por un medio de transporte más sostenible que el avión, con toda la logística y las molestias que eso supone, es un gesto que valoramos muchísimo.

Otro de nuestros criterios ha sido que sean autoras con un valor muy cañero, como Brigitte Vasallo. Para nosotras que Brigitte Vasallo venga a Murcia es una revolución.

Y, por supuesto, mantenemos nuestra mesa de autoras murcianas, nuestro buque insignia, con nombres como Lola Tórtola, para seguir poniendo en valor el talento local.

Sois el mismo grupo de amigas que hace unos años tenía un club de lectura, ¿cómo ha evolucionado o afectado la organización del festival a la relación y las dinámicas entre vosotras?

El festival nos ha dado mucho más de lo que nos ha quitado. Lo que sí nos ha podido quitar es aquel club de lectura, nuestros ratos de ocio, porque literalmente estamos todo el año organizándolo: nos reunimos todos los jueves, menos en agosto, y hay semanas en las que incluso quedamos dos o tres veces. A nivel organizativo estamos muy bien engrasadas, hay mucha sinergia entre nosotras.

Tenemos comisiones y roles muy establecidos; sabemos lo que a cada una se le da mejor y, en función de eso, asignamos tareas. Es algo que hemos aprendido sobre la marcha: a base de ensayo y error hemos ido depurando la técnica, pero la base de todo es que tenemos mucho feeling.

Todas somos amigas y nos admiramos mutuamente; cuando alguna asume una responsabilidad, las demás tenemos fe ciega en ella. Es como una forma de vida dentro de una pequeña familia.

¿Una tercera edición, después de dos años con una respuesta abrumadora por parte del público, sigue siendo insuficiente para recibir subvenciones públicas?

Nuestro principal impulso sigue siendo el crowdfunding y el patrocinio de pequeñas empresas locales. Continuamos sin subvenciones ni grandes patrocinadores. Solicitamos todas las ayudas culturales disponibles, pero nunca logramos superar la última fase. Este año tampoco sabemos qué ocurrirá, ya que la resolución no se publica hasta meses después de que el festival haya tenido lugar.

Nuestro principal impulso sigue siendo el crowdfunding y el patrocinio de pequeñas empresas locales. Continuamos sin subvenciones ni grandes patrocinadores

Todas estamos de acuerdo en que nos gustaría no tener que pedir dinero a la gente, pero también somos conscientes de que muchos festivales se sostienen así año tras año porque no llegan a despertar el interés del consistorio local o regional.

Parte de nuestro compromiso con que salga bien también es ese, nos sentimos en deuda con el apoyo económico del público.

Tras cada edición del festival publicáis la Demoleer Pop, una revista que funciona como crónica del evento, ¿cómo surgió la idea?

La revista nace de la necesidad de dejar un rastro más tangible del festival. Después de todo el esfuerzo que implica organizarlo, las crónicas, las fotografías o el impacto en redes se nos quedaban cortos; sentíamos que faltaba algo más. Entonces pensamos en hacer algo como nuestra propia crónica, un objeto que funcionara como memoria del festival. Compramos una SuperPop en Wallapop para recordar cómo eran y empezar a reproducirla. Demoleer Pop es la SuperPop que nos hubiera gustado leer.

Queremos que, entre los archivos de los Sardineros y los de las corridas de toros, quien busque en la historia de Murcia encuentre también Demoleer

Además la registramos como depósito legal. Todo lo que está en nuestra mano cuenta con depósito legal. Es súper importante que quede en el archivo para que dentro de 50 años, si todavía queda alguien por aquí, pueda ver lo que estábamos haciendo.

Queremos que, entre los archivos de los Sardineros y los de las corridas de toros, quien busque en la historia de Murcia encuentre también Demoleer.

Una de vuestras actividades más interesantes pero menos conocidas es el taller ‘Imaginar para demoleer’. Consiste en acudir cada año a un centro penitenciario, poco antes del festival, para impartir talleres relacionados con la literatura, ¿cómo es esa experiencia?

Este es el tercer año que lo hacemos. Al principio, cuando nos lo propusieron, dudamos un poco, ¿cómo vas a hablar de un festival a gente que está privada de libertad? Pero la experiencia nos desmontó esa idea. Les interesa mucho lo que está pasando fuera, no te puedes imaginar con qué interés y agradecimiento aceptaban todas las propuestas del taller. Son almas libres que están enjauladas.

El primer año hicimos un taller de poesía para convertirlo en fancine y se lanzaron a escribir; el año pasado montamos un podcast y se arrancaron a cantar. Se notó mucho la necesidad que tenían de expresarse. Y este año hemos trabajado en la historia de las Sinsombrero.

Demoleer no se queda solo en el día del festival, también queremos utilizar la literatura para llegar al mayor número de colectivos posibles y dar voz a las personas que más lo necesitan.