El Mar Menor pierde el 86% de sus especies de peces en la zona más afectada por la mancha blanca
Un equipo científico del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y de la Universidad de Murcia (UMU) ha aportado la primera evidencia del impacto ecológico real de la llamada mancha blanca del Mar Menor. El trabajo, publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, demuestra que lo que durante años se interpretó como un simple cambio de color del agua o un proceso geoquímico sin mayores consecuencias ha desencadenado en realidad una degradación profunda de las comunidades biológicas del fondo marino, con la desaparición de praderas submarinas y una drástica pérdida de biodiversidad de peces.
La mancha se produce por una subida del pH que provoca la formación continua de microcristales de calcita —un fenómeno conocido como whiting—, que dan al agua su característico tono lechoso. Según los datos por satélite, ya afecta a 12,3 kilómetros cuadrados de la laguna, el 9% de su superficie.
El IEO ya había explicado que la mancha se debe a la entrada de aguas subterráneas cargadas de carbonato cálcico, un compuesto que llega al acuífero tanto por causas geológicas como por el regadío intensivo en la cuenca. El instituto también descartó entonces que los vertidos urbanos tuvieran relación con el fenómeno.
En la zona afectada, el agua está hasta nueve veces más turbia de lo normal, lo que bloquea la luz solar: al fondo solo llega un 3,9% de la luz, frente al 18,3% de las zonas sanas. Esa oscuridad, junto con el enterramiento bajo la calcita, ha acabado con toda la vegetación submarina en un núcleo de 6,7 kilómetros cuadrados.
De 21 especies de peces a solo tres
La pérdida de praderas no es un daño aislado: estos hábitats son claves como refugio y zona de reproducción para numerosas especies marinas. Para medir ese efecto en cadena, investigadores de la UMU analizaron a lo largo de un año más de 4.000 ejemplares de peces repartidos entre zonas sanas y zonas afectadas por la mancha.
Los resultados muestran una caída muy pronunciada de la diversidad: en las zonas de referencia se contabilizaron 21 especies distintas, en el borde de la mancha solo diez, y en el núcleo más afectado apenas sobrevivieron tres. Especies muy ligadas a las praderas marinas, como la aguja de río o el tordo, han desaparecido casi por completo de la zona dañada, mientras que otras más generalistas y tolerantes, como el gobio negro, han ganado terreno.
El estudio subraya que la mancha blanca no actúa sobre un ecosistema intacto, sino que llega después de décadas de cambios y de pérdida de hábitats profundos en el Mar Menor, y que sus efectos están simplificando todavía más unas comunidades biológicas que ya habían sufrido transformaciones importantes.
La preocupación por la evolución del fenómeno no es nueva. Un informe del IEO correspondiente a mayo de este año, avanzado por elDiario.es Región de Murcia, ya alertaba de que la mancha blanca se había expandido tras el paso de la dana Alice, con un episodio de anoxia de hasta siete días en el fondo de la cubeta sur, y advertía de que, si la tendencia de crecimiento se mantenía, podría tener consecuencias graves para el conjunto del ecosistema lagunar.