Región de Murcia Opinión y blogs

Sobre este blog

El enfermero bocazas y los genitales del perro

0

Aunque parezca imposible, los techos de clínicas y hospitales ejercen un extraño poder relajante cuando el paciente está en la camilla, vulnerable, mientras el pensamiento se escapa hacia arriba, se baja la guardia y el cuerpo, que es listo, entiende que conviene estar en paz. Existe toda una corriente arquitectónica alrededor de esto que se llama la quinta pared o superficies pasivas, con soluciones que llevan las palabras clave más urgentes del planeta, humanidad y compasión.

En una sala de radiología del Hospital Universitario Santa Lucía, hace muy poco, una señora en la mediana edad todavía miraba ese techo, el pensamiento entrenado por trances muy crueles que se repiten en el tiempo. Acostumbrada a sortear espacios de dolor y con vacío, esta mujer, también mi amiga, es capaz de habitar ese horizonte aséptico mientras espera al sanitario que le ilumine las venas. Un contraste no es una prueba muy grata. Pero la gente que atiende estos servicios en el hospital público cartagenero es tremendamente profesional.

El enfermero era un chaval joven y simpático que, dice mi amiga, no tendría ni los cuarenta. La conversación transcurrió más o menos de esta manera:

.-¿Va bien así, o pongo el brazo en otra posición?

.- Tranquila, todo está bien, aprieta un poco más (el enfermero), fuerte, no tengas miedo.

.- ¿De esta forma vale?

.-Tú dale, dale con ganas, como si apretaras los huevos de Sánchez.

Boom.

Con el brazo extendido y una aguja dentro, en una postura de tan clara indefensión, no puedes decirle a un bocazas responsable de tu salud todo lo que se te ocurre, porque el cerebro está atento en exclusiva a mantener el tipo mientras te inyectan. No puedes salir corriendo o pedir por favor que te traigan a otro diplomado universitario en enfermería, no un humorista cutre de la caverna digital. No apetece sonreír como si aplaudieras la gracieta, ni preguntar tampoco quién le da permiso para hacer un chiste que francamente (de franquista) es una agresión. Una paciente que seguramente estará asustada hasta que su mapa corporal aparezca nítido en la pantalla no puede explicar si le apetecería hacerle daño, con mucha saña, a los genitales de un presidente, a la misma vez que le están haciendo una prueba de alta precisión.

Cuando un sanitario, el que sea, abandona el lenguaje profesional y empático para entonar propaganda influencer de la taberna digital, rompe el contrato de confianza con el paciente, que necesita un entorno seguro, no un analista político con bata blanca.

El enfermero no es más que un síntoma del discurso que se apoderó hace tiempo de la calle, en cualquier ambiente. Vas al mercado y la señora de al lado dice que las acelgas están más caras por el Falcon. En el gimnasio, cuatro mujeres con labios hinchados, todos iguales, opinan en alto lo mismo que Magda Goebbels antes de lo del cianuro. Vas a una boda y la que está sentada enfrente, en tu mesa, empieza con lo de que vivimos en una dictadura, que no se puede decir nada, mientras no deja hablar a nadie hasta que los novios bailan el vals. Escribidores con menos nivel que un bot de videojuego se forran con ayuditas y ocupan espacios públicos, mientras se quejan, con todo el morro, de la cultura de la cancelación.

Son los mismos que antes hablaban de un tal Coletas, normalizando el insulto en el discurso público. Nunca le olvidaron, solo que ahora están pendientes de otra presa.

Como depredadores de raza (aria) pretenden comerse a la mayoría que sí tiene buena educación. No soy fan de Sánchez, pero oiga, un respeto. Me intriga qué pensarán el enfermero o los de su cofradía sobre los genitales del Perro, ahora que tiene la admiración de todo el mundo mundial.

A mi amiga le afectó más tiempo el abuso verbal que la radiación. No reclamó en el Servicio de Atención al Paciente. Porque cuando pasa tiempo te contesta la gerencia del Servicio Murciano de Salud, con disculpas mecánicas. Lo sentimos. No volverá a pasar. Trabajamos para mejorar, etcétera. Y con todo, defendemos la sanidad pública. Cuánto optimismo y milagros existen en estos raros tiempos.