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OPINIÓN | Batet, alto y claro, por Esther Palomera

Liberales o genares

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La gran diferencia entre un liberal alemán, uno francés y un supuesto liberal español estriba en que el primero quiere cuanto más lejos, mejor, a un ultra de la AfD; que el segundo abomina de la señora Le Pen y sus adláteres, mientras que el tercero, el de aquí, suele reirle las gracias, e incluso hacerle carantoñas a uno de Vox. Así, como suena, son estos liberales patrios de nuevo cuño. Y muy en especial, los murcianos.

Hace unos días, se celebró en un restaurante de la huerta de Murcia un denominado Foro Liberal, organizado por los diputados tránsfugas de Ciudadanos que abortaron la moción de censura de marzo pasado. Ellos mismos se han adueñado de esta denominación a la hora de referirse a su grupo parlamentario, que no es otro que el que albergaba a su antiguo partido. Como gran maestro de ceremonias, estos presuntos liberales trajeron a Juan Carlos Girauta, ese prohombre que ha transitado a lo largo de su existir por casi tantos partidos políticos como ese académico de la Lengua que desde hace unos meses algunos han descubierto que es Toni Cantó. Ambos van a acabar en el PP, como es posible que hagan también los tránsfugas antes mencionados, tal y como el propio Girauta, militante popular hasta su desembarco en Ciudadanos, les recomendó vivamente durante su visita.

El maestro de periodistas José García Martínez suele referirse en sus columnas en La Verdad a cierto personaje que pulula desde antaño por nuestra sociedad: se trata del genares. Una vez contó una desternillante anécdota, acaecida en un cine, cuando ante una escena truculenta ocurrida en la película que proyectaban, un espectador se levantó de su butaca y exclamó ante el auditorio: “Ese tío, lo que es, es un genares”. Sostiene el periodista que los hay de varias clases: está el holgazán, el vago, aquel que no colabora pero chupa del bote -este último, referido sobre todo a la política, aclara-, pero también el canalla o el bribón.

El término liberal, tan denostado en los últimos tiempos en nuestro país, se suele utilizar a modo de calzador por según qué personajes. La estratagema en la Asamblea Regional para privar de la portavocía del grupo mixto a los dos diputados que siguen perteneciendo a Ciudadanos sería la guinda del pastel. O del pasteleo, más bien, trucando esta semana el período legislativo por año legislativo para que, alfabéticamente, sean tan solo los dos parlamentarios de Podemos los que ostenten esa representación hasta que acabe la legislatura en 2023. Se trata de sepultar la voz de los dos únicos parlamentarios naranjas que sí estaban por el cambio y que mantuvieron su palabra. Al parecer, la idea partió del popular Miguel Ángel Miralles. En la Mesa, votaron a favor el presidente Castillo (exCs), el propio vicepresidente Miralles (PP) y el secretario Carrera (exVox), mientras los socialistas Alarcón y Espín se abstuvieron.

Uno de los padres del liberalismo, el británico John Locke, sostenía que los pueblos no se sublevan por nimiedades, siendo capaces de tolerar gran número de injusticias. Y que solo cuando las violaciones a la ley o a los fines de la sociedad se perpetúan en el tiempo, es cuando los pueblos se resisten. Se nota que el filósofo inglés no conocía la idiosincrasia de esta tierra nuestra y sus habitantes, donde se da carta de naturaleza a episodios protagonizados por representantes del más vergonzante travestismo político con una normalidad que le asustaría. Son como personajes entresacados de Los otros, aquella película de Alejandro Amenábar en la que sus protagonistas estaban muertos, aunque ellos no lo supieran. Y no, no se trata de liberales, por mucho que ellos se autodenominen como tales. Hablamos, como en la anécdota de aquel cine que recordaba García Martínez, de auténticos y verdaderos genares.

La gran diferencia entre un liberal alemán, uno francés y un supuesto liberal español estriba en que el primero quiere cuanto más lejos, mejor, a un ultra de la AfD; que el segundo abomina de la señora Le Pen y sus adláteres, mientras que el tercero, el de aquí, suele reirle las gracias, e incluso hacerle carantoñas a uno de Vox. Así, como suena, son estos liberales patrios de nuevo cuño. Y muy en especial, los murcianos.

Hace unos días, se celebró en un restaurante de la huerta de Murcia un denominado Foro Liberal, organizado por los diputados tránsfugas de Ciudadanos que abortaron la moción de censura de marzo pasado. Ellos mismos se han adueñado de esta denominación a la hora de referirse a su grupo parlamentario, que no es otro que el que albergaba a su antiguo partido. Como gran maestro de ceremonias, estos presuntos liberales trajeron a Juan Carlos Girauta, ese prohombre que ha transitado a lo largo de su existir por casi tantos partidos políticos como ese académico de la Lengua que desde hace unos meses algunos han descubierto que es Toni Cantó. Ambos van a acabar en el PP, como es posible que hagan también los tránsfugas antes mencionados, tal y como el propio Girauta, militante popular hasta su desembarco en Ciudadanos, les recomendó vivamente durante su visita.

Publicado el
2 de octubre de 2021 - 08:47 h