El lobo ya está aquí
¡Que viene el lobo! De pequeños nos contaban el cuento del pastorcillo que avisaba a la comunidad, que no lo creía, hasta que venía el lobo, de verdad, y se comía los corderos; con mis respetos para el lobo, un animal denostado. Es una metáfora de lo que desde hace décadas los investigadores, científicos y el movimiento ecologista han avisado sobre el calentamiento global y el cambio climático. Pues bien, el cambio climático está instalado en el continente europeo, en la península y en nuestra región con sus secuelas e impactos negativos cada vez más extremos.
Hace algunos años un alto cargo del gobierno regional se refería en privado al cambio climático como un “cuento chino”; un concejal murciano, hace menos tiempo, minusvaloraba las olas de calor extremo diciendo que “en Murcia siempre ha hecho calor en verano”; por no referirnos al famoso “primo” de Rajoy. Conviene recordarlo y tenerlo en cuenta cuando hoy todavía en nuestra tierra se sigue dando pábulo a discursos y relatos negacionistas sobre el calentamiento global. Hoy no se quiere cuestionar de frente el cambio climático, pero se alude al “extremismo climático”. Cuando no se hace caso a la ciencia, cuando se mira hacia otro lado ante las evidencias, los resultados pueden ser desastrosos.
Los escenarios que se han planteado los investigadores para el Mediterráneo son malos. Esta parte del Mediterráneo occidental tendrá cada vez más lluvias torrenciales, danas, olas de calor más amplias con temperaturas más altas y periodos de sequías más severos y prolongados. Las épocas de sequía se están volviendo crónicas en nuestra región.
Las olas de calor, según la AEMET, presenta temperaturas máximas entre 38 y 44 °C, con noches tropicales (más de 20 °C) o ecuatoriales (más de 25 °C). La Agencia describe que las olas de calor son más frecuentes, más largas y más intensas que hace varias décadas. Nuestra tierra es una de las zonas de la península ibérica más expuesta a las olas de calor por su clima mediterráneo semiárido, la escasez de precipitaciones y la influencia de masas de aire muy cálidas procedentes del norte de África que, además, nos aportan contaminación con las intrusiones de polvo sahariano, cada vez más frecuentes.
Murcia, Lorca y otras ciudades de nuestra región experimentan islas térmicas más intensas y un mayor número de noches tropicales. Esto afecta la calidad de vida de la gente y tiene un impacto muy negativo en la población, en general, y las personas más vulnerables, en particular.
La reducción significativa de los caudales en la cuenca del Segura y la disminución de la recarga de acuíferos, amenaza directamente a los ecosistemas y el regadío. Esta situación provoca un aumento del estrés hídrico en los bosques, aumenta el riesgo de incendios y crean las condiciones para la expansión de plagas y especies invasoras.
El Mar Menor se ha convertido en un ecosistema frágil e inestable con episodios de eutrofización y desequilibrios térmicos. El aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia de temporales aceleran la regresión y desaparición de las playas. La acidificación y el aumento de la temperatura del agua del mar tienen un impacto negativo en la flora y fauna marina, así como en la actividad pesquera.
Hay que decir, en tono autocrítico, que frente a la serie de problemas que se nos viene encima derivados del calentamiento global, la sociedad civil murciana ha sido muy pasiva y está escasamente vertebrada. Nos quejamos poco y reivindicamos aún menos, hay una cierta querencia a quejarnos en los bares, pero poco más. Todo esto dicho con excepciones notables. A este status quo contribuyen, entre otros, la negación del cambio climático en las redes sociales y algunos medios de comunicación donde se prima, entre otras negatividades, el desarrollismo a ultranza y el antiecologismo como norma, También con excepciones singulares.
Tenemos unas instituciones regionales inmersas en el camino a ninguna parte. Frente a los impactos negativos que nos vienen, la administración regional está sentada en el porche, viéndolas venir. Necesitamos un giro hacia una política muy proactiva frente al cambio climático y un Pacto Regional sobre el Cambio Climático con las aportaciones de todos los agentes sociales y la sociedad civil. Una metáfora final: algunos seguirán pensando, a pesar de que les muestres todas las evidencias científicas, que la tierra es plana.