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Malla España

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A menudo cojo el autobús para ir de Murcia a Granada. No hay tren entre estas dos capitales del interior mediterráneo, que suman más de un millón de habitantes en sus áreas metropolitanas. El vehículo se va llenando de estudiantes que van a la Universidad de Granada al pasar por Alhama de Murcia, Totana, Lorca, Puerto Lumbreras, Vélez Rubio, Baza y Guadix. Unos doscientos mil habitantes más. Tardamos cuatro horas en hacer 270 kilómetros.

En las noticias no se habla de la falta de conexión ferroviaria entre Granada y Murcia. Se habla de lo que pasa en los juzgados de Madrid. No se habla de la falta de plazas en las universidades públicas murcianas y cartageneras. Se habla de cualquier escándalo inventado o exagerado por los altavoces mediáticos de la derecha de Madrid DF. No se habla de la pérdida de tejido industrial en Cartagena o de la falta de empleo cualificado y de calidad en las ciudades medianas donde vive la mayoría de la población española. Solo se habla de la esposa de Sánchez. En el anillo que rodea la M30 a nadie le importan los problemas de la España real.

La España real no vive en el anillo de la M30. La España real vive en Albacete, en León, en Huelva, en Lugo, en Teruel, en Tudela, en Lleida, en Badajoz, en Elche, en Murcia, en Lorca, en Cartagena y en muchas otras ciudades medianas o pequeñas que orgullosamente reúnen a la mayoría de la población de este país. Ciudades antaño pujantes, con comercios e industrias locales fuertes, arraigados en el territorio y que daban empleo de calidad a miles de familias. No estoy hablando solo de la España vaciada: de los 50 millones de habitantes que ya tiene España, apenas 1 millón vive en la almendra central madrileña, donde parece que todo lo importante sucede.

La España real necesita que alguien se acuerde de ella.

En un libro recientemente publicado, Viaje a un nuevo mundo, los periodistas Enric Juliana y Esteban Hernández plantean que hay una demanda social que nadie está atendiendo: la demanda de vertebración económica de la España “periférica”. Se necesita, dicen, un proyecto de articulación política de las ciudades medianas, un proyecto que mire las fortalezas locales y las potencie tejiendo sinergias en red. Un proyecto de impulso de la economía productiva frente a la financiera.

¿Por qué no hay tren entre Murcia, Granada y Almería cuando hace 30 años sí lo había? ¿Por qué las conexiones entre Cartagena, Murcia y Albacete son ahora peores que en los años 80? ¿Por qué no se crean proyectos de excelencia educativa uniendo la potencia de las universidades del arco mediterráneo sur? ¿Por qué no hay proyectos punteros de desarrollo trans-autonómico que permitan a nuestra juventud quedarse a generar riqueza en sus propios territorios? ¿Por qué nadie está hablando de estos problemas reales, que se repiten por todas partes?

La solución a estos problemas tiene un nombre. La solución es la España malla, la España red, la España entretejida, la España equilibrada, la España vertebrada. Una España en la que se fortalezca el conjunto de los territorios mediante un desarrollo común. Para articular esta España hace falta una mirada integradora y generosa, una mirada que no piense solo en captar recursos para su territorio sino que quiera tejer un proyecto común para todas las regiones.

Este no es un proyecto contra las gentes de Madrid, pero hay que tener claro que esa mirada común no va a venir de los despachos que giran, atrapados, en torno a los discursos que han gestado el modelo acaparador actual. Tenemos que construirla desde los territorios olvidados. No se trata de un “sálvese quien pueda” regional, se trata de un “vamos todas en el mismo barco”.

Este es un proyecto a favor de salirnos de la agenda mediática antidemocrática impuesta por los centros del poder. Es un proyecto a favor de resolver los problemas de la gente que vive en la España real. Es un proyecto a favor de crear posibilidades de vivir vidas no fascistas. Es un proyecto de articular el territorio para vivir mejor en el presente y para caminar hacia el futuro ecologista y feminista que anhelamos. Un proyecto en el que las periferias se pongan en el centro. Un proyecto para crear una economía solidaria plenamente consciente de nuestra interdependencia y ecodependencia. Un proyecto en el que la red sea lo importante.

Solo desde la exterioridad, desde las voces olvidadas, puede construirse un futuro transformador. Solo las periferias tienen la imaginación limpia y clara que hace falta para fabricar lo nuevo. Solo desde los márgenes se conoce la potencia que es capaz de crear un futuro ilusionante, diverso, inclusivo y diferente. Radicalmente diferente. Solo en red, contando con las voces de todas, se puede hacer realidad ese futuro cargado de alegría.

Este es un proyecto de democracia radical. Es un proyecto de crear futuro con mirada común. Es un proyecto de tomar la palabra y hablar con nuestras propias voces. Ese es el proyecto de la malla España.

¿Quién se suma?

*Jorge Ollero Perán es miembro de Movimiento Sumar Región de Murcia